Me parecio ver una moneda brillando junto a mi zapatilla, pero lo que descubrí era que tenía la susodicha desatada. Observé a mi alrededor y vi un banco negro, pegado a la pared. Una chica rubía, de intensos ojos azules y piel blanquecina estaba sentada en el extremo derecho del banco, con las manos cruzadas timidamente sobre las piernas y la mirada perdida en el horizonte. Camiseta blanca, ancha, ligeramente caida de un hombro, pantalones vaqueros, desgastados, zapatillas de deporte blancas.
- Hola
Giró la cabeza lentamente y sonrió.
-
Hola
-
¿Te importa que me siente un minuto? Se me ha desatado la zapatilla – sonreí tontamente mientras señala con mi dedo índice los cordones blancos serpenteando sobre el asfalto.
-
No, claro, sientate.
-
Gracias
Me senté, a su lado, sin dejar de admirar el profundo azul de sus ojos, mezclado con el rubio de los mechones de su flequillo. Aún no había empezado a atarme los cordones, cuando el banco empezó a vibrar y poco a poco, ante mi asombro, se despegó del suelo y se elevó.
-
Coño, ¿pero que cojones…?
-
¿Que sucede? - ella no se había movido. Mantenía la mirada perdida, como si nada de aquello fuese con ella.
-
¿Como que qué sucede? ¡Volamos! Estamos volando en este puto banco.
-
Ah, bueno.
-
¿Cómo puedes estar tan tranquila? - me había recogido sobre mi mismo y me abraza con furor al respaldo metálico del banco – Estamos volando en un puto banco de parque.
-
No se, la gente no suele morir en los sueños.
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¿Sueños?
-
Si, Prisciliano, estás soñando.
-
¿Yo, soñando?
-
Si.
-
¿Soñando?
-
Si, ¿has visto alguna vez volar un banco?
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No, creo que no.
-
Pues entonces tendrá que ser un sueño
-
¿Y tú quien eres?
-
Tú sabrás, es tu sueño.
-
Yo tan solo queria atarme la zapatilla.
-
A veces las cosas son asi, te sientas al lado de una desconocida para atarte una zapatilla, y terminas sobrevolando la ciudad en un banco de parque.
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¿Estas locas?
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Es tu sueño, ¿lo estás tú?
-
Empiezo a dudarlo.
-
Dudas demasiado
-
Quizá sí. ¿A dónde vamos?
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No lo se, es….
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Si, si, si, ya lo he pillado, es mi sueño.
-
Exacto. ¿Es la primera vez que sueñas con volar?
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No lo recuerdo, pero espero que sea la última.
-
Tienes miedo
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No.
-
¿Entonces?
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No me gusta no controlar ni mis sueños
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A veces las cosas son así, te sientas, el banco sale disparado y pierdes el control.
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Prefiero otra clase de sueños… tu me entiendes.
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Bueno, puedo desnudarme, solo soy parte de tu sueño.
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No, tranquila, no es necesario. Creo que tengo ya bastante emociones en este sueño.
-
¿Puedo preguntarte una cosa?
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Si, claro, faltaba más.
-
¿Quién soy?
-
¿Perdona?
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¿Por qué sueñas conmigo?
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Y yo que sé.
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Pues deberias averiguarlo antes de aquel control.
-
¿Qué control?
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Aquel, no todo está permitido en el mundo de los sueños. Hay reglas, y no se pueden saltar.
-
¿Qué reglas?
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Por ejemplo, no puedes capturar musas que no te corresponden. ¿Qué sucede si yo soy la musa de otra persona? ¿Si le estas provocando una pesadilla a alguien al robarme? Dime, ¿por qué sueñas conmigo? Piensalo, cuando aquel hombre te pregunte, tendrás que darle una respuesta o me perderás. No podrás volver a soñar conmigo aunque quieras.
-
¿Y por qué iba a querer volver a soñar contigo?
-
No lo se, tan solo soy parte de tu sueño.