Corría la segunda mitad del siglo IV de nuestra Era cuando, en algún indeterminando del noroeste de la Península Histérica, nacía, en el seno de una familia acomodada, Prisciliano. Esto tampoco pretende ser la Wikipedia, asi que me centraré en los hechos. A finales de siglo, nuestro amigo decide que la Iglesia de su época no mola y decide ponerse manos a la obra para cambiar el lupanal cristiano. Original el tio era, además de las típicas llamadas al rigor, a la pureza de la Iglesia, a su separación del poder Imperial, todavía hoy comunes y acalladas frecuentemente; el amigo barniza todo con una capa de astrologia, signos del zodiaco, ritos mistéricos y magia de diferentes colores.
El chaval llega lejos y se hace un grupito de acólitos y seguidores, se rumorea que principalmente pobres de solemnidad y mujeres, que comienzan a inquietar a las jerarquías bienpensantes de la Iglesia católica y apóstolica. Las envidias son malas, y en el año 380 se convoca un Concilio en Zaragoza (Caesaraugusta en aquella época) para condenar el trasvase del Ebro y las ideas de Prisciliano, o lo que es lo mismo, condenarle a él. Prisci no aparece, al igual que algunos de sus apoyos en la jerarquía, lo que hace que todo quede en agua de borrajas. Tanto es así, que sus valedores le consiguen un puestecito en una pequeña ciudad del interior. Exacto niños y niñas, le nombran obispo de Ávila. Pero este ascenso no le calma, ni a él ni a sus detractores, que continúan condenando sus ideas hasta conseguir que el Emperador Graciano le excomulgue.
Prisciliano, echandole dos huevos, decide irse a Roma a hablar con el obispo de la Urbe Eterna, ya que hasta el momento no se ha instaurado la primacia del obispo romano sobre la Iglesia. Las cosas no le van bien, asi que coge su mula y se vuelve a Hispania. Las cosas en el Imperio de Occidente no eran como para echar flores, hoy eres tu el Imperator y mañana, cuando te corte la cabeza, lo seré yo. El nuevo Emperados, “cesado” el anterior necesita tanto el apoyo de la Iglesia para asentarse en el puesto como dinero para las maltrechas arcas imperiales, y que mejor forma de aunar intereses que acabando con cierto hereje y quedarnos con sus dineros y el de sus amiguitos. El Emperador convoca un nuevo Concilio en Burdeos, donde acude Prisciliano, pero el cual abandona tras se lapidada una “discípula” suya. Prisci decide entrevistarse con el Emperador, pero allí le esperan sus enemigos, que consiguen una condena por brujería y rituales cabalísticos.
De esta forma, el Obispo de Ávila, Prisciliano, es decapitado por hereje.
El movimiento continua durante mas de doscientos años hasta que las invasiones barbaras lo arrinconan y termina por desaparecer. A día de hoy, Prisciliano tiene un jardín dedicado a su memoria y el orgullo y honor de servirme de seudónimo para redactar este blog con total libertad e independencia.
Seguro que está muy orgulloso de lo segundo.
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