Asesinato en serie

Allí estaban otra vez, mirándole con aquella suficiencia que tanto odiaba. Pero esta vez estaba preparado, no pensaba dar ni un paso atrás. Había llegado el momento de imponer su autoridad. Llevaba una semana planeandolo todo, analizando al enemigo, conociendole, buscando sus puntos flacos. Conocía también el campo de batalla, las dimensiones exactas, cada sombra, cada rincón donde pudiesen esconderse. Estaba decidido a actuar y creía estar preparado para vencer. Se relamía pensando en la victoria.

Extendió frente a él sus armas y sonrió sabedor de la capacidad de destrucción que atesoraban. Estaba seguro de que sus enemigas sabían que preparaba algo. Le habían visto ir y venir, transportar materiales, observarlas. Pero eran demasiado estúpidas, pensó, como para darse cuenta de lo que tenía preparado. Iba a liquidarlas, a destruirlas para siempre, a aniquilarlas. A ellas y a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. Ni el recuerdo de su nombre pensaba mantener vivo.

Acarició con pasión casi sexual cada una de sus armas. Prodigios del ingenio humano, de la investigación química, de la técnica. Diseñadas para matar. Había invertido un buen dinero, pero merecia la pena con tal de ver morir a cada una de ellas. Realmente, se dijo a si mismo, lo que le alegraría el día sería verlas agonizar una a una. Verlas revolcandose de dolor hasta que dejasen de moverse mientras él las miraba a los ojos disfrutando de sus últimos estertores. ¿Sería un sádico? En absoluto, pensó. Se lo merecen.

Vio a una de ellas a unos metros, detrás de una cortina. Se levantó de la mesa y de entre todo su arsenal seleccionó un bote anaranjado. Se movió con sigilo primero, acercándose a su primera victima. Cuando la tuvo a tiro, descorchó el spray y sin darle tiempo a levantar el vuelo la roció con contundencia. Ella no pudo reaccionar, y aunque intentó agitar las alas, aturdida terminó golpeandose contra la puerta de la terraza, quedando boca arriba sobre la tarima.

Él saltó y dio un gritó de alegría cuando vio que no se movía.

– Puta polilla – dijo para que le oyesen sus enemigos – Os mataré una a una. Os odio, sucios insectos. ¡Putas polillas!

Feliz, decidió intentar cazar a la siguiente con un matamoscas azul recien adquirido.

– Putas polillas – repitió – Os mataré a todas.

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1 comentario

Archivado bajo Escenas y Paranoias

Una respuesta a “Asesinato en serie

  1. Te twitteo. …

    .. ¿el humo del spray era negro?

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