Archivo mensual: junio 2010

Once contra once

Comprendo a aquella gente a la que no le gusta el fútbol y en el fondo les envidio porque me gustaría ser como ellos. Me gustaría no dejarme llevar por las carreras y cabriolas nerviosas de veintidos hombres persiguiendo un esférico de cuero. Me gustaría mirar por encima del hombro a esos que los días de partido, de gran partido, de partido importante, son un manojo de nervios durante horas. Me gustaría decir a aquellos que repasan febriles las alineaciones y estadísticas que están locos, que hay muchas cosas más importantes. Me gustaría, en fin, elevarme sobre las masas alienadas frente a los televisores o en los campos, mirarles a sus rostros teñidos de verde por el reflejo del cesped y decirles que son idiotas, que los poderosos les engañan dandoles circo cuando no tienen pan.

No puedo hacer nada de esto porque adoro el fútbol, porque desde pequeño lo he vivido, porque lloré cuando a los cinco años mi equipo perdió la UEFA,  porque aún hoy lo vivo y me apasiona y porque aquí y ahora declaro mi amor incondicional a este estúpido invento inglés. Cuando antes afirmé que envidiaba a los ateos del futbol mentía. Comprendo que no les guste el fútbol, pero lo siento por ellos. Es lógico que nos miren desde la valla como si fuesemos unos locos, pero no pensarían lo mismo si sintieran lo que nosotros sentimos.

El problema es que es díficil explicar qué tiene el fútbol, por qué engancha ¿Cómo explicar los segundos que tarda tu cerebro en reaccionar ante la falta de oxigeno después de gritar un gol? ¿Como explicar las lagrimas después de una derrota o de una victoria? ¿Cómo explicar la sonrisa complice con el desconocido, el canto asincopado de miles de gargantas? ¿Cómo explicar que la vista se nuble después de la victoria? ¿Cómo explicar que recuerdes miles de nombre, de situaciones, de anecdotas que nos ha vivido en persona? ¿Como explicar el agónico gol de Alfonso, el codazo de Tassotti en tierras yankees, el significado del penalti de Cesc, el trauma de cuartos, la carrera de Torres frente al imperio germano? ¿Cómo contarle a alguien que odias a Gamal Mahmoud Ahmed Al-Ghandour? ¿Cómo explicar que grites cada gol, que empujes cada pase, que vueles con el portero, que te muerdas las uñas en cada corner, que sueñas con lo imposible? ¿Cómo explicar a Zidane? ¿Cómo explicar que los mejores no siempre son los más dotados? ¿Cómo explicar que vives en vilo por la pierna de un tio de Albacete al que hasta hace poco odiabas por marcar en un sitio llamado Stamford Bridge? ¿Cómo explicar la rotación alocada del Jabulani o el grito de las vuvuzelas cuando marcan los bafana bafana?

El secreto del éxito del fútbol reside en lo perdurable e irrepetible de cada una de las emociones que transmite. En lo irrepetible de cada encuentro, de cada gol, de cada asistencia y en lo perdurable de su recuerdo.

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No es un problema nuevo

“La movilidad misma del capital y la globalización de los mercados del capital y de otros bienes y servicios imposibilitan que los países puedan, por ejemplo, decidir su política económica sin considerar antes la respuesta probable de los mercados”

Nelson Mandela, diciembre 1997

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Pieza clave.

Después de marcar la hora, las 5 menos diez, y la fecha, 18 de Junio, el reloj digital ubicado frente a la sede provincial de Correos anunció la temperatura: 35º. No está mal, pensó, para estar a la sombra. Se protegió bajo el enorme pino que cobijaba también al reloj y esperó a que el semaforo estuviese en verde. Cruzó la Avenida con paso nervioso, rodeó el edificio de Correos, y atravesó el parque que se abría detrás de este, intentando entorpecer lo menos posible a los camareros que atendían las numerosas terrazas que se extendían bajo los castaños del parque. La zona comercial de la ciudad estaba todavía desierta, lo que le permitió avanzar rápido y recuperar algo de tiempo. A las cinco en punto, sobre la segunda campanada de la catedral, entró en la oficina.

– Acaba de llegar – le anunció el guarda de seguridad que protegía la entrada principal del Museo.
– ¿Tan pronto? – dijo sorprendida – ¿Dónde está?
– Arriba.

Subió corriendo por las escaleras blancas que ascendían, entre paredes rojas, hasta la tercera planta del edificio. Allí, giró a la derecha, atravesó dos estancias dedicadas a pintura y escultura contemporanea, y alcanzó una sala azul. Siete personas, en el centro de la sala, se quedaron mirándola cuando entró.

– ¿No pensabais esperarme?

Se acercó al grupo y junto a ellos lo contempló. Era pequeña, negra, de formas redondeadas.

– Es justo lo que necesitaba este museo – dijo uno de los auxiliares del Museo.
– Es bonita, si – dijo ella orgullosa.

Habían luchado mucho por conseguirla. Removido cielo y tierra, firmado mil papeles y súplicas, elaborado presupuestos. Habían hablado con el Ayuntamiento, con la Concejalia, con los responsables autonómicos. Ahora, por fin, estaba allí, entre ellos. Negra y brillante. Una pieza clave para el futuro del Museo. Todos lo sabían, por eso estaban tan orgullosos de tenerla.

– ¿La estrenamos? – pregunto un miembro del personal de seguridad.
– Por supuesto – contestó sonriendo mientras sacaba del bolso una taza blanca – Me muero por tomar un buen cafe.

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Google se Bingniza…

Acabo de descubrir con sorpresa que Google ha decidido imitar a Bing y colocar una imagen en el fondo de su buscador, siempre que estés registrado.

Yo, que soy un aburrido, he decidido seguir en blanco. Por si no lo has encontrado y quieres quitar la imagen y volver al fondo blanco, haz click en cambiar imagen, vete a “Destacados” y allí, al fondo, está el blanco (aunque, eso sí, no es exactamente igual que el otro ya que elimina el color de las letras de Google). También lo hay en rojo, verde y amarillo mostaza…

Actualización: Por fortuna, y ante el pánico general, Google ha confirmado que mañana todo volverá a la normalidad.

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¿Por qué lo llaman cultura cuando quieren decir turismo?

Aunque usted crea que cultura y patrimonio son sinónimos de turismo, en realidad eso no es así. O no debería ser así.

Imagen del techo de la Sala de los Polícromos

El Patronato de Altamira ha decidido reabrir las Cuevas de Altamira al turismo. ¿Usted cree que es una buena noticia? Pues debería replanteárselo. ¿Por qué? Porque la reapertura de las Cuevas no se hace porque hayan mejorado sus condiciones de conservación, ni porque no corran ya peligro. El único motivo para la reapertura es el dinero, el sucio y vil metal. De nuevo, la subordinación del Patrimonio a la industria.

Cuando en septiembre de 2002 se decidió cerrar las cuevas al turismo no fue un capricho. La conservación de las pinturas estaba en peligro porque la presencia humana alteraba el delicado microclima que había permitido a las pinturas sobrevivir facilitando la aparición de microorganismos. Esa situación no ha cambiado, como aseguraba hace poco el informe científico encargado al CSIC que aconsejaba que las cuevas permanecieran cerradas: “la entrada continuada de visitantes provocaría un nuevo cambio microambiental y nuevos aportes de nutrientes que podrían conducir a una fase de proliferación” de los microorganismos.

La decisión de hoy, la vergonzosa decisión de hoy, tomada por un patronato formado mayoritariamente por políticos, no solo supone desoír el consejo científico; supone, en realidad, poner en riesgo uno de los bienes más importantes de nuestro patrimonio por uno míseros euros. Ya lo dijo el Consejero de Cultura de Cantabria hace poco: “¿Para qué queremos las cuevas cerradas? Mejor abiertas y controladas” Priorizar la conservación es de carcas.


La reapertura de las cuevas solo tiene un calificativo: vergonzosa. Al Ministerio de Industrias Culturales y a su ministra le importan una mierda la cultura o el Patrimonio. Al Consejero de Industrias Culturales de Cantabría le dan igual la cultura o el Patrimonio. A ambos solo les importa el dinero que puedan hacer a su costa. Total, si en 20 años los polícromos se caen a pedazos ya no será cosa suya, porque ninguno de los dos permanecerá en el cargo por entonces. Por fortuna.

Actualización 9/06.- El director del equipo que ha estudiado la Cueva en Público: “Lo que puede pasar es incalculable” Y en ElPaís.com: Riesgo mortal para bisontes y faraones

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Crónica de unas sensaciones. Los Madison – Badajoz 4/06/2010.

Me gustaría escribir una buena crónica del concierto, pero carezco de los conocimientos necesarios. No puedo decir si la música de Los Madison hunde sus raíces en el costa este o en la oeste de los Estados Unidos; si bebe de Springsteen o de Cocker, si están influenciados por Antonio Vega, Miguel Ríos, Van Morrison, The Eagles o los Rolling. Carezco de los conocimientos musicales imprescindibles para escribir unas líneas al respecto, y tampoco creo que sea necesario que les cuente cuantos tarareamos sus canciones, cuantas fueron y en qué orden.

Pero la música, por fortuna, es mucho más que letras y ritmos. La música engancha porque transmite sensaciones y sentimientos, porque las vibraciones que notas en el estómago y en la piel cuando escuchas y sientes una canción tienen mucho más que ver con lo divino que con lo humano. No puedo hablarles de música, pero si puedo hablarles de sensaciones.

Sinceramente, creo que lo mejor que se puede decir de un concierto es que crea adicción. Adicción al sonido, al ritmo, a las melodías. Si sales de un concierto sintiendo que ha sido demasiado breve, ha sido un buen concierto. Si sales sintiendo que en el silencio de la noche falta algo, si te ves con la necesidad de llegar a casa y escuchar de nuevo las canciones que acabas de oir, si no paras de tararear una estrofa; es que el concierto ha sido bueno.

Si un concierto es bueno, es capaz de convertir la música en una droga que causa adicción, en un electroshock que recorre una a una tus neuronas, en una vibración que reverbera una y otra vez en tus pulmones. Si un concierto es bueno, es imposible olvidarlo.

Les puedo asegurar que el concierto de anoche reunió todo esto y mucho más. Fue un concierto brillante, un directo brutal. Me gustaría poder escribir más, desgranar sus notas, convertir en palabra todas estas sensaciones, pero ya les dije al principio de estas líneas que carezco de los conocimientos musicales necesarios.

Tan solo un consejo: si pueden, escúchenlos en directo. Son Los Madison, son imprescindibles.

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