Fukuyama, el fin de la Historia y otras tonterias.

Quizá usted no se haya dado cuenta pero vivimos un momento histórico. Y no, no hablo de futbol, que también. Hablo del mundo real, de la política, de la economía. Vivimos momentos claves que definirán en buena medida las próximas décadas a casi todos los niveles: economía, política nacional e internacional. Tampoco me refiero con esto a la conjunción cósmica que predijo la astrónoma de guardia Leire Pajín, dejémoslo claro aquí.

Aunque en el fondo muchos de los frentes se entrelazan, voy a procurar ir punto por punto, de lo más cercano a lo más lejano. Aquí mismo, al estadospañol le saltan las costuras. La sentencia del Constitucional sobre el Estatut deja claro que tenemos un problema de articulación territorial difícilmente solucionable si no damos pasos firmes hacia una solución viable que contente a la mayoría. Sinceramente, sólo veo un camino: avanzar hacia un Estado Federal que reconfigure el mapa de competencias partiendo de cero. ¿Simétrico o asimétrico? Difícil pregunta que tiene difícil respuesta. Si cada Comunidad Autónoma pudiera elegir, creo que habría algunas que optarían por una forma asimétrica renunciando a algunas competencias. ¿Mejor o peor? No lo sé, creo que peor, pero podría resultar. De la solución de este problema depende en buena medida la supervivencia de la integridad del Estado. En esto, como en otras tantas cosas, sería necesario bajar a una buena parte de España del monte, Partido Popular incluido, y esto si que es un escollo importante.

En Europa, finalizada por fortuna la gris presidencia española, las dudas son parecidas. Una Unión acomplejada y desunida ya no se pregunta si ampliar o no ampliar, si aceptar la candidatura turca o no. La duda está entre ser o no ser. La UE se está jugando su futuro en cada paso dubitativo. Después del ridículo de la ayuda a Grecia y de la creación del Fondo de Rescate, Europa tiene que decidir si quiere tener futuro. Si la respuesta es afirmativa, el compromiso político de todos tiene que ser claro: más Europa. Un buen comienzo sería una política fiscal común y una democratización de la toma de decisiones, además de una defensa férrea de la moneda. Y por poner un ejemplo de mal comienzo, que Alemania y Francia quieran imponer penalizaciones a los países incumplidores es de chiste. La Unión puede romperse, tenemos que tenerlo presente, y eso serían varios pasos atrás para todos, también para la Alemania de Angela Merkel. La canciller alemana parece empeñada en poner la zancadilla a todo aquel que se cruce en su camino, sea cual sea su camino y la lleve a donde la lleve. Sus últimas decisiones están haciendo un flaco favor a la Unión.

Casi al otro lado del mundo, China se mueve. Por un lado, la conflictividad social parece ir en aumento debido a las pésimas condiciones en las que vive buena parte de la población, tanto los peones de las fábricas como los habitantes de las zonas rurales. Por otro lado, el gobierno chino parece haber abierto la mano en lo que a su moneda se refiere. La situación económica china es vital para el comercio mundial. Un encarecimiento de sus costes de producción, ya sea por las exigencias de los trabajadores como por el aumento del valor de su moneda, abre interesantes posibilidades. Mientras que su industria sería menos competitiva, lo que beneficiaria en teoría a las industrias del viejo mundo, el encarecimiento de sus productos afectaría indudablemente a nuestro nivel de vida. Aquí también hay mucho en juego.

Y sobre todo ello, la economía. Cuando Fukuyama afirmó que la historia había acabado se refería a una supuesta victoria final de la dupla democracia-economía de mercado como punto final del proceso “evolutivo” de las sociedades. Evidentemente, se refería a lo que él y sus oyentes entendían por democracia y por economía de mercado: una democracia sostenida por un estado terminal que apenas incordiara a una economía de mercado completamente libre, mecida por esa mano invisible que lo llevaría a la perfección. Aunque en un primer momento parecia que salia rana, sobre todo después de las “magnificas” actuaciones del FMI por medio mundo, la crisis actual ha dado nuevos brios a los fundamentalistas de mercado que han visto en ella una oportunidad para destruir los últimos reductos del Estado del Bienestar europeo. La victoria para ellos parece cercana, sobre todo teniendo en cuenta la incomparecencia de la izquierda europea, superada por los acontecimientos. La izquierda – política y económica – tiene que frenar el avance del neoliberalismo si quiere sobrevivir, aferrándose al Estado del Bienestar y a la versión intervencionista del Estado. Cualquier paso atrás en el Estado del Bienestar es un paso hacia el abismo para la izquierda. Esa defensa, en el mundo globalizado actual, sólo es posible a gran escala por lo que para la izquierda europea la única posibilidad de supervivencia pasa por la supervivencia de la Unión.

Y dejo en el tintero todo lo referente a la izquierda latinoamericana, el terrorismo internacional, el cambio climático, el papel de África en el mundo, etc.

Entre usted y yo, Fukuyama no tiene ni puta idea.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Economía, Historia, Política

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s