Archivo mensual: agosto 2010

Arqueología, ciencia y política. Lancia de los astures.

Quizá usted piense lo contrario, pero le aseguro que está en un error: España es un país politizado al extremo. Solo tiene que ver cualquier informativo, comprarse un periódico o leer los comentarios a cualquier noticia de los medios digitales. ¿Que hay mucha gente que pasa de política? En absoluto. Todos los que se definen como apolíticos son de derechas, votantes o no. Y toda esa gente que vive de continuo cabreada con el gobierno, sea del color que sea, es de izquierdas. Todo, absolutamente todo, está impregnado de política. ¿Los toros? Política ¿El fútbol? Política ¿Una inundación? Política ¿Un asesinato? Política. ¿La ciencia? Política. ¿También la ciencia? Pues sí ¿o tengo que recordarle todo aquello de las celulas madres, mentarle a Darwin o a la Santa Madre Iglesia? Si a esta politización del medio sumamos la querencia natural del hispano hacia las trincheras obtendremos como resultado un estado de eterna confrontación de extremos; en una palabra: España.

No descubro la dinamita ni aspiro a un premio Nobel cuando afirmo que la Historia y la Arqueología son las ramas de la ciencia más fácilmente intoxicables por la política. Todos los procesos de nacionalización, de conformación del sentimiento nacional de un pueblo, han ido de la mano del estudio (o la invención) de la historia propia y de la confrontación de esta con la historia de los más cercanos. Todos los pueblos tienen sus orígenes, sus héroes, sus victorias y sus derrotas, sus enemigos naturales y sus fobias. La Historia ha servido desde sus orígenes para el modelado de la conciencia nacional, para el despertar del sentimiento patriótico o para la justificación de hechos y personas. La Historia es política porque la ideología deforma nuestros puntos de vista y nos impide ser objetivos sobre los hechos. La Historia no puede ser objetiva porque aquellos que la construyen no son/somos objetivos.

La arqueología cuenta con una gran ventaja sobre la Historia, algo que debería ser una ventaja y no lo es y con una gran desventaja. Ventaja: las fuentes son objetivas. Una Dragendorff 32, es una Dragendorff 32 aquí y en la China Popular. El registro es el registro aunque sea parcial (otra cosa son las interpretaciones, pero de eso hablo después) Algo que debería ser una ventaja pero no lo es: los cadaveres están frios. La lejanía temporal entre lo estudiado y la actualidad debería alejar a las visceras de estos asuntos. La realidad es que esto no es así. Una gran desventaja: el dinero. La arqueología es cara y solo es economicamenteproductiva en la medida que es explotable turística y publicitariamente. Esto es un riesgo pues pone a muchos arqueologos a los pies de los caballos políticos y los medios de comunicación. Una cita al respecto, de Jose María Bello Dieguez, Director del Museo Arqueológico e Histórico de La Coruña:

“Sin embargo, la deriva de la situación actual, en la que la creciente presencia social de la arqueología no es independiente del incremento de su interés económico como fuente generadora de ingresos de tipo turístico y cultural, lleva a una mayor dependencia del poder político y, en consecuencia, de la popularidad y la presencia en los medios capaz de influir sobre él. Cada vez más, el éxito de un proyecto arqueológico a la hora de conseguir los medios necesarios para su financiación depende no de la calidad del proyecto en sí, sino del apoyo de los poderes locales, de la presencia mediática y del impacto popular que sean capaces de generar los promotores del proyecto.”

Esta situación está provocando en la actualidad dos fenómenos preocupantes: una arqueología patológica y una utilización patológica de la arqueología.

Los arqueólogos se ven forzados a buscar titulares de impacto para atraer la atención del público y de los políticos, y por ende las subvenciones de unas instituciones mayoritariamente acientíficas. Esta necesidad obliga, en el mejor de los casos, a forzar las interpretaciones o a exagerar la realidad. Son muchas las noticias arqueológicas que aparecen en los medios en las que la busqueda de ese titular lleva a frases rocambolescas, afirmaciones insostenibles o comparaciones injustificadas. Cualquier cosa es como Roma, como Pompeya, como Atapuerca, como Numancia. Da igual que no tengamos nada, cuando lo tengamos será extraordinariamente importante y cambiará todos los paradigmas. Incluso en algunos casos, pocos por fortuna, se llega a falsear la realidad. Esta arqueología patológica está directamente relacionada con la política, esa marea que lo inunda y contamina todo, pues la busqueda del redito político inmediato favorece a aquellos que menos escrúpulos tienen como cientificos y provoca, además, un uso patológico de la ciencia arqueológica, incluso cuando esta no está contaminada por el fenómeno.

Estoy pensando en concreto en dos ejemplos: Iruña-Veleia y Lancia. Les resumo, por si no están al tanto. Iruña-Veleia, en la localidad alavesa de Iruña de Oca, antiguo oppidum caristio, es el yacimiento arqueológico romano más importante del Pais Vasco pero, si les suena el nombre, posiblemente no tenga que ver con su significado histórico. La aparición en las campañas de excavacion de 2005 y 2006 de lo que se denominó en su momento “grafitos excepcionales” abrió una triste polémica que acabó con la demostración de su falsedad y el paso por los tribunales de los responsables de la excavación. Es imposible resumir en unas lineas todo lo escrito al respecto, la emoción inicial de los expertos cercanos al equipo por lo revolucionario de los hallazgos, el escepticismo que encontró cobijo en los foros de internet, las sospechas de fraude, la investigación, etc… Aunque hay opiniones para todos los gustos y no todo el mundo está satisfecho con las conclusiones de la comunidad científica, el fraude es evidente. Ya sean o no los directores de la excavación los responsables directos del fraude, la exposición pública de los hallazgos, la busqueda de impacto mediático y la politización del asunto; convierten a Iruña-Veleia en un caso palmario de ciencia patológica.

Lancia, por su parte, comparte origenes con Veleia. En la provincia de León, fue el ultimo bastión de los astures antes de la conquista romana y una importante nucleo de población después de esta. A los pies del cerro, en una zona que se pensaba podía albergar un basurero, ha parecido toda una ciudad. El problema es que esta ciudad está en medio del trazado de la autovía Valladolid-León y su conservación está, digamoslo así, comprometida. Hasta aquí nada patológico.

Lo patológico llega cuando la defensa del yacimiento se politiza y se interpreta como la defensa de la identidad leonesa frente al opresor castellano. También sucede cuando un político habla del Homo Antecessor como del primer castellanoleonés, o de un primate hominoideo encontrado en un pueblo de Barcelona como el primer catalán, sin haberle encontrado, que se sepa, barretina asociada.

Por si fuera poco peligro para la arqueología la busqueda del titular, su politización, en muchos casos su “nacionalización”, la ponen al servicio de intereses espurios que para nada la beneficían. Es innecesario revestir a Lancia de valores identitarios para lograr su conservación pues su valor patrimonial e histórico es manifiesto. ¿Por qué involucrar a la arqueología en insulsas batallitas personales? ¿No tienen acaso suficiente con su munición habitual para lanzarse a la cabeza?

La ciencia, por favor, alejada de la política y de los políticos. Gracias.

Extra:  Arqueología, pseudociencia y ciencia patológica. Jose María Bello.

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Pandemonium cultureta

Sucedió como los best-sellers y las películas de serie B anticipaban. Un laboratorio militar en la Sierra de Madrid, un experimento con un virus extremadamente peligroso, una resaca mal llevada, un resbalón inoportuno, una probeta que cae y una reacción inesperada con el limpiasuelos olor pino de marca blanca. El ayudante de laboratorio, dentro de su traje aislante, maldijo entre dientes el último chupito de téquila pero no se preocupó en exceso. Recogería los restos de la probeta y descontaminaría el laboratorio sin problemas. Lo que no sabía, entre otras muchas cosas, era la reacción que se estaba produciendo en las juntas ennegrecidas de los baldosines. Una reacción que permitió al nuevo virus sobrevivir al proceso de descontaminación y esperar agazapado durante horas la oportunidad propicia para encontrar un huesped donde reproducirse.

La oportunidad se presentó cuando a la mañana siguiente, Dolores, una de las mujeres de la limpieza, entró en el laboratorio con sus guantes de latex y su estropajo a quitar la suciedad incrustada en el suelo amarillento. El virus, una variante del de la gripe, con un ligero y fresco olor a bosque, penetró por sus fosas nasales y tras una breve estancia en sus pulmones inundó el flujo sanguineo. Esa misma tarde se sintió indispuesta y al despertar de la siesta acudió a un centro médico entre escalofrios. Tenía fiebre, mucha fiebre, debilidad extrema, mareos, dolor en las articulaciones y sonoras flatulencias, que incomodaban a médicos y enfermeras pero dejaban un olor fresco y duradero en urgencias.

La enfermedad no parecía responder a los tratamientos habituales, la fiebre no remitía y Dolores deliraba bañada en sudor. A los dos días de estar ingresada, perdió el conocimiento. Los médicos, desconcertados por la enfermedad y un poco hartos del olor a pino, la daban por perdida. Pronto comprendieron que no se trataba de un caso único, si no que se enfrentaban a algo peor, una auténtica epidemia de un virus desconocido y resistente a los tratamientos que podía ser letal. Mientras Dolores se debatía entre la vida y la muerte, dos compañeras de trabajo, la cajera del supermercado de su barrio, un policia, su marido y sus dos hijas, empezaron a sufrir los mismos síntomas y tuvieron que ingresar en el Hospital. Conscientes del peligro que suponía la extensión del virus, la dirección del Hospital decidió aislar una planta del complejo y recluir allí a los afectados y al equipo médico que había estado en contacto con ellos. Pronto, la Planta del Pino, como se la conocía por su característico olor, se convirtió en el foco de atención de la comunidad científica y de los medios de comunicación atraidos por los últimos estertores de Dolores y por el rápido contagio de la nueva enfermedad. Al sexto día del ingreso de Dolores, con casi dos centenares de personas contagiadas y la mitad de ellas inconscientes; a Dolores se le paró el corazón.

Pero, para sorpresa de todos, su corazón apenas estuvo sin vida unos segundos. Antes de que los médicos pudiesen anotar su defunción, Dolores volvió a respirar, abrió los ojos, se incorporó, se sentó en el borde de la cama y para sorpresa de todos preguntó donde estaba la biblioteca más cercana.

Los médicos estaban anonadados. La habían dado por muerta y ahora estaba allí, como si la última semana de su vida no hubiese existido, como si nunca hubiese estado enferma. Un médico, un experto en enfermedades infecciosas que había llegado desde Atlanta la mañana anterior, se acercó a Dolores y le tomó el pulso y la tensión. Todo era normal.

– ¿Se encuentra usted bien? – le preguntó el médico.

– En absoluto, Doctor. Noto cierta desazón. ¿Cómo puedo haber ignorado estos últimos cuarenta años En busca del tiempo perdido? ¿Acaso merezco vivir?

– ¿Perdone? – dijo el médico sorprendido.

– ¿Usted tampoco la ha leido? Me reconforta sobremanera que usted tampoco conozca a Proust, me noto menos sola en este vacuo universo.

Dolores accedió a que los médicos le sometieran a distintas pruebas a cambio de que una enfermera se acercara a una biblioteca y le consiguiera “En Busca del Tiempo Perdido” y un par de volumenes de los “Episodios Nacionales”. Los médicos comprobaron que Dolores estaba completamente recuperada: los analisis, radiografias, resonancias magnéticas, absolutamente todas las pruebas se movían dentro de los parametros considerados normales. Lo único que extrañaba a los médicos era su desaforada pasión por la lectura, desconocida incluso para sus más allegados.

Dolores salió del Hospital al octavo día de su ingreso, después de regalar a los médicos una colección completa de las obras de Marcel Proust y un soneto compuesto por ella misma en una servilleta. Cuando Dolores abandonó el Hospital, la enfermedad había contagiado ya a tres mil personas y había rebasado las fronteras de la ciudad. Por fortuna, los primeros afectados fueron evolucionado igual que Dolores. La fiebre y las flatulencias con olor a pino daban paso a un estado de inconsciencia que se prolongaba durante 4 días. Después, como si nada hubiese pasado, el sexto día se despertaban. Los médicos tan solo apreciaron una diferencia entre Dolores y el resto de los afectados: Marcel Proust no gustaba a todo el mundo. Algunos pacientes se despertaron preguntando por el horario de los museos, otros por el último número de Nature, otros por los avances del LHC. Incluso hubo un par de pacientes, un joven de 25 años sin oficio conocido y una nonagenaria, que al despertar solicitaron papel y bolígrafo para resolver unas ecuaciones que dijeron tener pendientes.

Para los médicos se hizo evidente que aunque no fuese letal, el virus provocaba algunos cambios en los pacientes. Todos sin excepción parecían volverse, de la noche a la mañana, expertos de las distintas ramas del saber: Literatura, matematicas, filologia, historia, biología, fisica, aeronautica… De alguna manera desconocida, el virus con olor a pino alteraba las capacidades intelectuales de los sujetos que lo padecían.

La Gripe Mensa, como se bautizó en la prensa anglosajona una vez conocidos sus efectos sobre las capacidades intelectuales de los infectados, se extendió rapidamente y empezó a afectar a la vida diaria del país a medida que los infectados despertaban y volvián a sus vidas. Las bibliotecas se colapsaron incapaces de hacer frente a las peticiones de las ordas de neo-intelectuales que recorrían sus estantes buscando saber. El jazzfusión y las reediciones de Von Karajan coparon rapidamente las radioformulas. Los restaurantes y bazares chinos fueron sustituidos por café–teatros donde se improvisaban con gran éxito tragedías de inspiración clásica. En los parques, mientras alimentaban a las palomas, los jubilados debatían animadamente sobre la volatilidad del indice Nikkei y la conveniencia de retornar al patrón oro. Gran Hermano, programa referente de la telebasura, vió como su audiencia caía en picado en un primer momento para volver a máximos históricos cuando sustituyeron a sus antiguos concursantes por los últimos Premios Nobel. Los promotores inmobiliarios reformaron los millones de pisos vacios del país y los convirtieron en pequeños laboratorios y viveros de empresas de biotecnología. Los ordenadores de todos los españoles pronto funcionaron con un sistema operativo de codigo abierto diseñado por un cabrero salmantino. El país entero bullía de creatividad cuando la enfermedad alcanzó hasta la última aldea y convirtió sus calles en mares de anarquica inteligencia. Dos meses después del primer estallido, todo el país había sido infectado y había multiplicado exponencialmente su inteligencia al despertar del coma.

¿Todos? No, no todos habían estado expuestos a la enfermedad. Un grupo de altos cargos, diputados, ministros y secretarios de estado, acompañados de sus secretarias, se habían refugiado en un bunker bajo el Congreso de los Diputados y seguían sanos y salvos. Por fortuna, tras largos e infructuosos debates, habían confeccionado un plan que les permitiría rescatar al país y devolverle a su estado orginal. Tenían recursos, tenían armas, sabían rezar y tenían ganas. No iban a permitir que el país sucumbiera a esos zombies neo-intelectuales y no iban a permitir que todo el presupuesto se gastase en bibliotecas y centros de investigación. ¿Acaso no era necesario arreglar las aceras de vez en cuando? ¿No era imprescindible replantar las macetas que se habían dejado secar? ¿No erán útiles y sabrosos los canapés? Y sus sueldos ¿qué sería de sus sueldos si las calles se llenaban de intelectuales?

El futuro del país estaba, más que nunca, en sus manos.

La saga continua en: Pandemonium cultureta 2 —- Pandemonium cultureta 3

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La importancia de una “a”

Hoy, el Diario de Ávila dedica un pequeño reportaje a la publicación de una novela centrada en el Camino de Santiago y en las dudas sobre la identidad de los restos conservados en Compostela. Sobre esto no voy a comentar nada. Creo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que las posibilidades de que el cadaver de un hombre muerto en Jerusalén en el año 44 aparezca en el S. IX en mitad de un monte gallego son bastante bajas. Que sea Prisciliano es otro cantar, aunque sabemos que sus seguidores recuperaron el cadaver en Treveris y se lo trajeron a la península.

Solo voy a comentar dos cosas. En primer lugar una tontería. El libro fue publicado en 2008. Que sea noticia ahora demuestra que Ávila en Agosto es una ciudad muy aburrida tranquila.

En segundo lugar, quiero llamar la atención sobre este parrafito:

Afirma Tracy Saunders que Prisciliano fue declarado hereje después de ser nombrado obispo porque el suyo «era un mensaje notablemente agnóstico, un remanente de la iglesia temprana en tiempos en que no había necesidad de sacerdotes y de obispos»

Según el DRAE:

Agnosticismo : Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

Vaya con Prisciliano, como para no cortarle la cabeza.

¿No será más bien que el mensaje de Prisciliano era “notablemente gnóstico”? Así, sin la “a”. Volvamos al DRAE:

– Gnosticismo – Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas.

Esto me parece que encaja mejor. Por cierto, si buscan en Wikipedia agnosticismo verán el siguiente mensaje de advertencia: No confundir con gnosticismo

PS.- Sí, ya se que es una tontería, que a mi también me puede pasar y que a nadie le importa, pero tenía que decirlo.

PS2.- A lo mejor era buena idea empezar a pensar en una amplicación del Museo Provincial o en la construcción de un nuevo Museo de la Ciudad. En el centro hay un par de solares estupendos (y en las afueras a patadas)

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De Madrid al purgatorio

Por una vez en la vida, pensemos bien de nuestros políticos. Jose Blanco y sus acólitos, un reputado grupo de estrategas políticos, versados en mil contiendas, saben que a Tomás Gómez sólo le conoce en Madrid su familia y amigos. Sí, fue el alcalde más votado de España, pero ahora le han salido canas y la gente no le asocía con aquel mirlo blanco que iba a revolucionar el PSM. Solución: que salga en todos los telediarios.

Opción 1: Que se bañe con la Señora de Obama y su hija. En el peor de los casos, que se tome un helado con ellas.

Opción 2: Una disputa interna absurda de esas que tanto fortalecen al Partido.

La opción 1 fue desechada en cuanto vieron todo el paripé de seguridad que acompañaba a la Primera Dama y se decantaron por la belicosa opción dos.

Y ahora, pensemos mal. El PSOE en Madrid lleva años a verlas venir, con candidatos de medio pelo y sin un programa de oposición que vaya más allá de la rabieta y del pacto con el enemigo (Canal de Isabel II, Caja Madrid). En esta situación, tanto da sota que caballo y periodo electoral tras periodo electoral desde Ferraz echan las cartas – o las encuestas – y colocan allí a quien caiga a la espera de un milagro. En la antítesis de la Teoría de la Cabra, al PSOE, convencido de la derrota, le importa una chufa quien sea el derrotado. Candidato de medio pelo en paracaídas, derrota, intento reconstrucción, candidato de medio pelo en paracaídas, derrota, intento de reconstrucción… y así hasta el fin de los días o hasta que se demuestre que Aguirre y Gallardón son el Anticristo y Lucifer en versión cañí.

¿A qué espera Ferraz para tomarse en serio Madrid? ¿Para cuándo el respeto a las decisiones de las Agrupaciones locales? ¿Para cuando un trabajo pausado, serio y con visión de futuro?

2 comentarios

Archivado bajo Política

Mucha policía…

Para María Dolores with love…

…poca diversión.

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