Archivo mensual: octubre 2010

El capitalismo de la muerte

Cuando muere un actor, las televisiones corren a rescatar sus películas, cuando muere un escritor, librerias y editoriales rebuscan en sus fondos para recuperar sus clásicos; en ocasiones, cuando muere un político los mercados corren a invertir su dinero en el país del finado.

¿Que sucede cuando muere un pulpo en un acuario de alemania? Los medios de comunicación deciden degradarse aún más y le dedican páginas y telediarios. Por su parte las grandes superficies rebuscan en sus almacenes…

A pulpo muerto, peluche puesto

Peluches del difunto pulpo en una gran superficie ayer mismo

… e intentan vendernos sus peluches.

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Pandemonium cultureta 3: El final de la saga

1ª Parte : Pandemonium cultureta

2ª Parte: Pandemonium cultureta 2: El Parlamento contraataca.

El final de la saga

El crepitar de las llamas iluminaba desde hacía horas los ángulos de la Plaza Mayor. Desde la pira, situada en el centro de la plaza, se elevaba una columna de humo que había sido visible durante el día desde varios kilómetros de distancia. A esas horas, cerca de la media noche, el humo contaminaba toda la ciudad con su olor a carne quemada. En un ángulo de la plaza, el que daba a la Calle Toledo, se amontonaban cuerpos sin vida, desnudos, despojados de cualquier adorno. Hasta allí eran conducidos en camionetas blancas del servicio municipal de limpieza. Este detalle, las camionetas, era el único que permitía diferenciar la escena que se vivía a aquellas horas en el centro de Madrid de un auto de fe medieval. Pecadores ardiendo bajo la atenta mirada de sus verdugos. Quizá si un observador hubiera estado presente en ambos acontecimientos hubiese notado otra sutil diferencia. En esta ocasión, junto al olor a carne quemada se intuía un cierto aroma a ambientador olor pino.

La operación Exterminio comenzó a primera hora de la mañana. Después de algunos debates vacios y de un vino español preparatorio, servido con las reservas para emergencias del Congreso, los Diputados se habían dividido en escuadras de 10 unidades y sobre un mapa de la capital habían trazado 35 zonas de actuación. Cada grupo estaría encargado de la valoración, limpieza y control de una de las zonas del mapa y todos responderían ante la autoridad del grupo encargado del centro de la capital, liderado por Alfa, cerebro de la operación. Todos los diputados iban armados hasta los dientes, protegidos por trajes NBQ blancos y con una orden clara: matar a cualquier engendro que ofreciese resistencia. Los diputados habían pactado ser misericordiosos con aquellos infectados que se rindieran: les perdonarían la vida a cambio de la esclavitud perpetua. También se debatió la posibilidad de obligarles a encontrar una vacuna para su enfermedad, pero esa opción se descartó. Si iba a resultar complicado convencer a los organismos internacionales de la legalidad del genocidio, aún sería más difícil convencerles de la esclavitud de unos ciudadanos sanos. Siempre podrían afirmar que eran inmigrantes, que tenían becas de colaboración o contratos de formación, pero en cualquier caso era una burocracia innecesaria cuando se les podía matar y luego pedir perdón.

Los comandos apenas habían tenido oposición mientras se desplegaban por Madrid. Algunos grupos de infectados les habían reprochado su conducta tras los primeros asesinatos, pero desistieron al sentir el plomo en sus pulmones. En el Barrio de Salamanca, un grupo de genetistas teñidas de rubio intentó frenar a los comandos lanzándoles botes de laca, pero apenas causaron un par de moratones a un diputado de la oposición.  Cerca de la Casa de Campo, un grupo de astrofísicas con poca ropa había intentado frenar el avance de los diputados haciendo una sentada pacífica frente a ellos. Los diputados interpretaron aquello como resistencia y actuaron en consecuencia: ahora eran sus neuronas las que se extendían como la vía láctea por el asfalto. Otros grupos se habían rendido casi de inmediato, como los programadores informáticos que, acostumbrados por su actividad cotidiana a un régimen de semiesclavitud, habían aceptado gustosos servir al nuevo orden. Un grupo de especialistas en química macromolecular que habían ocupado una casa abandonada en San Blas prefirió suicidarse dentro de su laboratorio que esperar la llegada del escuadrón de diputados.

Frente a la pira, en un improvisado escenario, Alfa contemplaba placidamente las llamas que consumían los cuerpos. El habría preferido dejar los cuerpos pudriéndose por las calles, pero un estomatólogo pumkie que se había rendido a su unidad horas antes le había recomendado tomar medidas higiénicas para asegurarse de que no se propagaban enfermedades entre los esclavos y los diputados. Alfa había aceptado su propuesta. Quería tenerle cerca para una vez concluida la operación de limpieza pedirle consejo para aislar a los infectados. No quería que los esclavos contaminaran a sus dueños. También quería pedirle consejo sobre las medidas a tomar para favorecer la reproducción de los diputados y comenzar la repoblación, pero eso ya lo pensaría más adelante.

Uno de los diputados de su unidad, bajo, gordito y calvo, aunque esto último no se apreciaba dentro del traje NBQ, subió corriendo las escaleras del estrado y se acercó a Alfa casi sin aliento. “Tenemos un problema” le dijo “Un grupo de Historiadores se ha encerrado en la Biblioteca Nacional y se niega a salir. Han herido a una diputada vasca” A Alfa le cambió el rostro. “Esos mierdas improductivos quieran joderme la noche” pensó “Se van a tragar los putos legajos de ese edificio uno a uno antes de ver como les meto por el culo un kilo de plomo” A veces, Alfa se sorprendía de lo soez de su lenguaje, luego se daba cuenta de que se dedicaba a la política, asumía la realidad y volvía a ocuparse de otros asuntos.

Alfa y su escuadrón ocuparon un todoterreno recuperado de un cuartel de la Guardia Civil y se presentaron ante la mole de la Biblioteca Nacional. Dejaron el vehiculo junto a la Estación de Recoletos (Lineas C-2, C-7, C-8 y C-10) y se aproximaron a pie hasta la fachada de la Biblioteca. Allí, el grupo de historiadores subversivos había extendido varios pancartas (“Antes muerto que trabajar esclavo” “No al modo de producción esclavista” “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? Quam diu etiam furor iste tuus nos eludet? Quem ad finem sese effrenata iactabit audacia?” y una última que ponía “Iros todos a tomar por culo”) y diversas banderas, principalmente de la URSS. Los historiadores habían montado una barricada con contenedores, bancos y ruedas a las puertas del edificio. Alfa tenía la orden clara, iban a morir todos, tanto daba que lo hiciesen dentro que fuera. Y tanto daba que sus cuerpos se quemasen antes o después de muertos.

– Quemad el edificio – ordenó Alfa. – La única biblioteca que ilumina es la que arde.

El incendio de la biblioteca duró hasta bien entrada la mañana del día siguiente. Cuando las llamas se sofocaron, la calma reinaba ya en la ciudad. Aún quedaban algunos focos de resistencia, y era posible que algunos infectados estuviesen escondidos o hubiesen huido. Poco importaba, lo encontrarían cuando avanzase la operación por el resto del país. Una parte importante de la población se había rendido cuando comprendió que los diputados no iban a detenerse, aunque los matemáticos no creían que los escuadrones tuviesen balas para matarlos a todos. Los comandos de diputados, finalizada la limpieza de la ciudad y exhaustos por el esfuerzo, para alguno de ellos el primero realmente importante de su vida, se reunieron de nuevo en su refugio bajo el Congreso. Allí se retiraron los trajes de protección y entre gritos de alegría y desenfreno, calmaron su sed con cava catalán saqueado de unos grandes almacenes de la capital. Tras unos minutos de alocada celebración, Alfa les llamó al orden y les pidió que ocuparan sus escaños rosas y amarillos. Él ocupó el urinario que hacia las veces de tribuno y se dispuso a hablar. El silencio se hizo en el auditorio.

– Hermanos, camaradas. Hemos vencido – gritos de ánimo en las gradas – Ahora nos toca enfrentarnos a una dura tarea, aún más dura que la que acabamos de realizar. España, nuestra patria, nuestra patria de patrias, nación de naciones, nación de naciones de naciones, nos necesita. Necesita el fruto de nuestro vientre para que bajo su cielo azul y su sol amarillo vuelva a refulgir el sudor esforzado de sus hijos…

Una sonora ventosidad interrumpió su discurso. Las risas de sus señorías pronto llenaron el bunker, hasta que una segunda flatulencia, más potente y más larga que la primera, volvió a reverberar en las paredes de la sala. De nuevo más risas, hasta que las pituitarias de los diputados empezaron a reaccionar. Olía a pino, a limpiador de pino. Exactamente el mismo olor a pino de las ventosidades de los infectados, el mismo olor a pino que llenaba laboratorios, bibliotecas y museos. El mismo olor a pino que había sido el primer síntoma de la enfermedad. Todos se miraron asustados, intentando encontrar al culpable, hasta que una nueva ventosidad atrajo todas las miradas hacia la sexta fila a mano izquierda. Allí, uno de los diputados se debatía entre la consciencia y el coma. Una nueva flatulencia, la cuarta consecutiva, terminó por tumbarle e, inconsciente, se precipitó sobre su escaño. El olor a pino inundaba ya todo el bunker, cada esquina, cada rincón. Alfa se había sentando en el urinario y comprobaba como los diputados y diputadas corrían de un lado a otro llevados por el pánico al contagio.

Él no corría porque sabía que no había solución. Se preguntaba cómo había podido pasar, qué había fallado. Si ahora mismo se levantase y fuese hasta la sala donde se guardaban los trajes NBQ vería como uno de ellos tenía una pequeña rotura entre los omoplatos, justo en el lugar donde una astilla había impactado días atrás en la primera salida de un comando de diputados al exterior.

El no corría porque sabía que todo estaba perdido. Sabía que tarde o temprano todos se sentirían indispuestos, empezarían a evacuar gases con olor a pino y finalmente caerían inconscientes para despertar, al cabo de una semana, convertidos en intelectuales de pacotilla. Su plan había fracasado.

 

– Jodidos culturetas – masculló antes de echarse a llorar.

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Predicando en el desierto

“Apoyar la ley Sinde aprobada por el Gobierno contra la piratería favorece a las grandes discográficas y perjudica a la ciudadanía, mientras que apoyar la libertad y la neutralidad en la red es apostar por la generación de creaciones artísticas que pueden ser disfrutadas por gran cantidad de personas”

Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex-presidente de la Junta de Extremadura (y profeta en el desierto), la pasada semana en AGORA, el debate peninsular.

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Siempre nos quedará París…

Las comparaciones son odiosas, pero es difícil resistirse viendo en los medios la movilización de los ciudadanos franceses frente al gobierno de Sarkozy. En Francia, las convocatorias de los sindicatos se suceden – la actual es la novena convocatoria de Huelga – y la participación de los ciudadanos no decrece. Puertos, refinerías, transportes e institutos están paralizados o cerca de estarlo. Solo hoy hay convocadas cerca de 300 manifestaciones contra los planes de reforma de las pensiones planteados por Sarkozy. Reforma similar a la que tarde o temprano pondrá sobre la mesa el Gobierno de Zapatero y que pretenden, en teoría, asegurar la sostenibilidad del sistema público de pensiones a largo plazo. Aquí, retrasando la edad de jubilación de 65 a 67 años y ampliando el número de años que se tienen en cuenta a la hora de calcular la pensión. Allí, retrasando la edad voluntaria de jubilación de 60 a 62 años y la edad de jubilación que da acceso al 100% de la pensión de 65 a 67 años. Allí y aquí, el objetivo de las medidas es pagar menos pensiones.

Allí, en la patria de la guillotina (y de otras cosas también útiles) la sociedad sale a la calle en cada convocatoria. Aquí, la gente acude al trabajo y critica  (con la ayuda de los medios) a los sindicalistas por violentos y vendidos. Allí, los jóvenes son conscientes de que estas reformas les tocan directamente. Aquí, los jóvenes, con una tasa de paro tercer mundista, son incapaces siquiera de acudir a las movilizaciones o de opinar al respecto. ¿Por qué estas diferencias? ¿Por qué allí sí y aquí ni a tiros?

Muchos dicen que buena parte de la diferencia se debe a la oportunidad de las convocatorias: allí antes de la aprobación de las medidas, aquí después de su aprobación. Eso, un debe en la cuenta de los sindicatos patrios, es también fruto de la estrategia del Gobierno, la aprobación de la Reforma a las puertas del verano dejó a unos sindicatos timoratos casi sin opciones: en su opinión, una convocatoria en junio, julio o agosto era un suicidio.

Quizá también tenga que ver la naturaleza del enemigo: allí Sarkozy, otro de esos políticos de extremo centro, aquí Zapatero, en teoría un amigo, en el peor de los casos un mal menor. Muchos de los cargos sindicales son también afiliados al Partido de Zapatero y todos en las filas de los sindicatos saben que favorecer la caída del Presidente es más peligroso para sus intereses que su permanencia. Por mucho que no les gusten las medidas de Zapatero, siempre serían más generosas que las de un posible gobierno de Rajoy. A Montoro y compañía no les temblaría el pulso a la hora de recortar derechos de los trabajadores. Era una Huelga obligatoriamente no destructiva.

Pero si hay una diferencia apreciable entre Francia y España es la conciencia ciudadana, la responsabilidad individual. La implicación del individuo en la vida diaria de la República, en la defensa en primera línea, en la calle y sin intermediarios de sus intereses. Aquí, convencidos de que la democracia se limita a votar cada cuatro años, seguros de que todos los políticos son iguales y de que no hay futuro, acostumbrados a vivir en las cloacas de la corrupción y el amiguismo; preferimos mirar por encima del hombro a los sindicatos y a los activistas, seguros de que su batalla no va con nosotros. El conjunto de los medios de comunicación nos han convencido de que los sindicatos son perversas estructuras decimonónicas, anquilosadas y serviles, que viven de las subvenciones del Gobierno y que su muerte solo traería beneficios a la sociedad. Es cierto que los sindicatos son sensiblemente mejorables, pero aquellos que les señalan son iguales o peores. ¿Cómo se puede atrever Esperanza Aguirre a criticar a los liberados que ella misma firmó? ¿Y la CEOE, con 35.000 representantes empresariales? ¿Y los Partidos? ¿Y nosotros? ¿De dónde nace nuestra autoridad para criticar a los sindicatos por incapaces? ¿Qué hemos hecho nosotros por los derechos de los trabajadores, por las condiciones laborales de los demás, por nosotros mismos?

Lo más triste de las movilizaciones francesas es que no son Mayo del 68. En aquel momento se peleaba por un mundo distinto, por un mundo mejor. Ahora nos conformamos con no ir a peor, con no vivir peor que nuestros padres, con que no nos quiten lo último que nos queda del estado del bienestar.

He dicho “nos conformamos”; lo siento, es evidentemente una errata. Ellos son los que luchan, nosotros lo hemos dado por perdido. O lo que es aún peor, no nos importa perderlo.

Total, las huelgas, las movilizaciones, la reforma laboral, la negociación colectiva, son cosas de los sindicatos, esos vendidos al poder. Ya les echaremos la culpa de nuestros males en otro momento.

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Tricolor sí, pero… ¿cómo?

Crónica aparecida en un diario de tirada nacional el 14 de abril de 2017:

“Más de doscientas periodistas llegados de medio mundo se amontonaban frente a los representantes de los siete partidos sobre el Puente de María Cristina. Estos sonreían satisfechos mientras se estrechaban las manos y posaban para los medios. Todos los objetivos se esforzaban por registrar cada segundo, cada movimiento y cada gesto de ese momento histórico.

En los últimos cuatro días, la ciudad vasca se ha convertido en el centro de todas las miradas. Televisiones y radios de medio mundo iniciaban sus informativos desde las calles de la ciudad. Los medios digitales actualizaban cada segundo sus portadas con las noticias y rumores que salían del Teatro Victoria Eugenia y del Hotel María Cristina, puntos claves donde se celebraban desde hacía días las reuniones de los distintos comités.

A los políticos y medios de comunicación se sumaron en las últimas horas miles de personas llegadas desde todos los puntos del país. Las calles de la ciudad se llenaron de banderas que ondeaban celebrando el histórico momento y que se fueron congregando a las puertas del hotel cuando las noticias del cercano acuerdo corrieron entre la muchedumbre. Todas esas banderas se confundían con el infinito tras los firmantes y servían de fondo tricolor para las miles de fotografías que en esos momentos inmortalizaban a los sonrientes políticos y a la expectante muchedumbre.

Entre aplausos y gritos, los 7 representantes políticos anunciaron a las miles de personas congregadas que se habían comprometido por escrito a proclamar, en el plazo de tres meses, la III República Española.”

Imaginemos por un momento que esta crónica se hace realidad, que los representantes de los siete partidos políticos más importantes (PSOE, PP, IU, CiU, PNV, ERC y BNG), superan sus diferencias, llegan a un díficil acuerdo y firman un segundo Pacto de San Sebastian para la proclamación de la III República Española.  Me surge una duda, sin ponernos a debatir sobre como tendría o podría ser esa teórica república ¿qué pasos habría que dar para la proclamación de esa república?

Lo primero que se me ha ocurrido, por supuesto, es una proclamación “por las bravas”, en plan revolución, contenedores quemados y esas cosas, pero como soy un tipo tranquilo he pensado que quizá fuese mejor hacerlo de una forma más civilizada. Déspues de un rato, no encontré otra respuesta que la Constitucional. Puede ser que sea corto de mente, pero sin guerras, revoluciones o estados de excepción, veo complicado que pueda hacerse de otra manera. 

La Constitución de 1978 establece un proceso de reforma complejo, pero que podría sacarse adelante con el acuerdo de todos los partidos. En concreto, para lo  referido a la forma del Estado (Título II: De la Corona) la reforma tendría que ser aprobada por 2/3 de las Cámaras (Congreso y Senado). Tras ello se disolverían, se convocarían elecciones y las nuevas cámaras deberían dar de nuevo su aprobación por 2/3. Por último, la reforma debería ser sometida a referendum. Con estas mayorías es evidente que sin el acuerdo de los principales partidos, el proceso es prácticamente imposible.

Otra cosa sería el proceso post-referenfum. Si el acuerdo entre los partidos definiese a España como una “República Federal” ¿sería necesario que todas las regiones-nacionalidades aceptasen vía referendum su inclusión en el Estado? Es decir ¿podría algunas de las regiones negarse a formar parte de la república? Y no pienso solo en las regiones con movimientos nacionalistas. ¿Y si los castellano y leones o los murcianos deciden en ese referendum que lo de la república no va con ellos? De ser así ¿esas regiones se independizarían o permanecerían en un limbo jurídico? ¿Se pararía el proceso si no fuese aprobado en todas las regiones-CCAA? A este respecto, una somera busqueda en nuestro amigo Google me ha llevado hasta un artículo de Carlos Taibo en Dominio Público (también accesible en su web) que dice lo siguiente “(…)las de una propuesta de república federal que parece esquivar que antes hay que garantizar, por lógica, la plena voluntariedad de las adhesiones, y que para eso hace falta un reconocimiento expreso, y previo, del derecho de autodeterminación.” Y si aceptamos el derecho de autodeterminación ¿a qué nivel? ¿Al de las CCAA actuales? ¿Y León, La Mancha o el Vall d’Aran? ¿Por provincias? ¿Y El Bierzo?

Cuanto más lo pienso, más difícil me parece el cambio. Evidentemente, acepto ideas, sugerencias y en especial enlaces a sesudos análisis del tema.

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¿Need success?

Nueva campaña del ICEX (Instituto Español de Comercio Exterior) para la promoción de nuestro país (España) en el exterior.

 

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¿JB2012?

O mucho cambian las cosas o Zapatero no será el candidato del PSOE a las próximas elecciones generales. No creo que él quiera, pero si estuviese dispuesto a enfrentarse a las urnas, alguien debería agradecer el ofrecimiento pero rechazarlo con amabilidad.

En los últimos días se han publicado varias encuestas que pronostican el hundimiento del PSOE en las próximas elecciones (aunque hay que tener cuidado con las encuestas). Eliminando el factor tiempo, la coincidencia de los estudios con la Huelga General, el mayor problema para el PSOE es el abandono de sus propios votantes frente a la fidelidad de los votantes populares. En la encuesta hecha pública hoy por la Cadena Ser, el 48,4% de los que afirman haber votado al PSOE rechaza la gestión del actual Presidente del Gobierno. Entre esos mismos votantes, la gestión del gobierno de la actual crisis obtiene una valoración 4,53 sobre 10. La encuesta publicada el domingo por Público ofrece otro dato interesante: solo el 40% (y hacia abajo) de los votantes socialistas se plantea repetir su voto en 2012. Al otro lado de la trinchera, el 80% (y aumentando) de los votantes populares volverán a votar al partido de Rajoy.

Primera conclusión: como era de suponer, la crisis la paga el Gobierno, en este caso el PSOE. La diferencia entre PSOE y PP supera los 12 puntos y se abre mes a mes desde enero dejando a Rajoy (o al PP) al borde de la mayoría absoluta. Segunda conclusión: la imagen de Zapatero ha perdido su atractivo entre el electorado. Ahora mismo, Zapatero ya no es un activo para el PSOE, es un lastre. Muchos votantes, incluso dentro del partido, consideran a Zapatero (injustamente) responsable de la crisis o un traidor que ha defraudado a sus votantes. La mayor parte de los votantes socialistas (el 54,3% según la Cadena Ser) piensa que Zapatero no debe presentarse a las próximas elecciones.

Hasta aquí los datos, ahora la opinión. Las opciones para el PSOE en las próximas elecciones son escasas. Si nada cambia, y luego doy mi opinión al respecto, estas opciones se reducen a dos: perder con dignidad o perder a lo grande. El rechazo al actual presidente del Gobierno es tan elevado que su presencia en los carteles electorales restará votos al PSOE en su electorado tradicional. Si el PSOE no quiere perder a gran escala – romper el suelo electoral donde clavó los dientes Almunia – tiene que recuperar a parte de su electorado y eso pasa por presentar a un nuevo candidato.

Es posible que dentro del PSOE haya dirigentes que piensen que lo mejor es que Zapatero se presente y pierda, inmolándose ante los electores como “responsable” de la crisis y poniendo punto y final a su etapa de manera rotunda. Esta idea es peligrosa pues de prologarse la actual crisis económica hasta las elecciones de 2012, la candidatura de Zapatero, por el rechazo que produce, abriría las puertas a una mayoría amplia, incluso absoluta, del PP.

La encuesta de la Cadena Ser abre también un apartado dedicado a la sucesión e incluso plantea a los encuestados cuatro posibles candidatos: Rubalcaba, Blanco, Chacón y José Bono. Rubalcaba es, de los cuatro, el mejor valorado dentro del PSOE, pero para mi no es un posible candidato. Su valoración se debe en gran medida a su actual responsabilidad al frente del Ministerio de Interior, un cargo especialmente bien considerado en todas las encuestas. Él mismo ha rechazado su posible candidatura y aunque es un auténtico animal político, es posible que acabada la presente legislatura decida pasar a la segunda fila. Blanco es el que menos apoyo recibe en la encuesta y además su imagen está muy unida a la de Zapatero. Su candidatura sería desde el principio continuista lo que seguramente mermaría el apoyo al PSOE en las urnas. Carmen Chacón es, para mi, el mejor de los cuatro candidatos. Una política joven, con futuro, que podía aportar una nueva visión a los problemas de España, especialmente a los territoriales, y que posiblemente sumaría en las urnas, pero ¿le conviene a ella? Evidentemente no. Quemarse en la pira dedicada a Zapatero no es el mejor inicio para una carrera política. Chacón es una política de largo recorrido y su objetivo tendría que ser las posibles elecciones de 2016.

Y por último está José Bono. El mejor valorado de los cuatro entre todos los “candidatables” gracias a la buena imagen que tienen de él entre los votantes del PP. Es un político veterano, fajado en mil batallas, y amortizado de sobra dentro del PSOE. Tiene un cargo que le facilita aparecer ante los electores como conciliador y dialogante y, como él mismo dice, a nadie le amarga un dulce. No creo que el rechazase la opción si se le presenta seriamente, aunque sepa que tiene escasas opciones de ganar. Al PSOE le beneficia aportando votos en el sector más centrista de la ciudadanía, aunque es posible que le aleje más de la izquierda (si es que esto es posible).

Si tuviese que apostar, me jugaba unos duros a que José Bono será el próximo cartel electoral del PSOE. Me recuerda a los razonamientos que se daban en el último conclave papal: un candidato maduro, de corto recorrido, para reemprender la pelea dentro de unos años. Bono sería un candidato maduro y presumiblemente de corto recorrido, aunque con Bono nunca se sabe.

Todo esto vale si la situación económica sigue como en la actualidad, cosa que dudo. Aquí me la vuelvo a jugar avisando que de economía llevo pocas lecturas en la mochila: la situación económica en 2012 será bastante más positiva que en la actualidad. Por ser más concreto: este trimestre volverá a crecer el PIB (+0,1-0,2%) y lo volverá a hacer en el cuarto (+0,3-0,4%). Poco pero suficiente como para despejar algunos miedos. El año que viene, si no hay ninguna crisis griega o irlandesa de por medio, el PIB volverá a crecer, por encima del 1,5% y empezará a bajar el paro, alejándose de los 4 millones de desempleados. Cuando lleguen las elecciones el país avanzará hacia la recuperación de manera decidida, lo que no será suficiente para que el PSOE gane las elecciones pero sí para que las opciones de Zapatero como candidato aumenten.

 

¿ZP2012? ¿Solana2012? ¿Bono2012? ¿Prisciliano2012? Veremos.

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