Rajoy, doble salto mortal en el sofá.

Ya sé que llego tarde, que todo el mundo ha hablado de esto y que a nadie le interesa. Y menos hoy, con los Estados Unidos votando a candidatos de todo pelaje. Pero oye, a pesar del trancazo que transporto, me apetece dedicar unas palabras a este particular. Me van a permitir que me cite a mi mismo. Esta fue mi reacción en Twitter a la entrevista a Mariano Rajoy que publicaba El País el pasado domingo:

“Antes suponíamos que no sabía de lo que hablaba, ahora sabemos que no tiene ni puta idea.”

Días después y leidos sesudos análisis al respecto, sigo pensado lo mismo: Rajoy no tiene ni puta idea. No creo que tenga un plan escondido, no creo que tenga una agenda oculta, simplemente creo que no sabe que va a suceder si su partido gana las elecciones en 2012. Sabemos que le gustan los planes de Cameron, igual que antes le gustaron los de Sarkozy, aunque no tiene muy claro cual es el plan de Cameron. Dice que genera confianza y con eso basta. Somos gente de fiar, gente seria. Un par de sonrisas a los mercados y todos tranquilos, somos el PP, nosotros sabemos cómo funciona el mundo ¿Subir impuestos? Al contrario, rebajarlos. ¿Recortar prestaciones? No, hombre. Tan solo priorizarlas. ¿Y los servicios públicos? Un poco de liberalización, pero no hay nada que temer. ¿El matrimonio homosexual? Mañana veremos. ¿Las pensiones? Ni tocarlas, que los jubilados votan en bloque. ¿La edad de jubilación? Eso al Pacto de Toledo, aunque no nos parece mal que otros hagan el trabajo sucio. ¿Despedir funcionarios? En su momento se verá, pero esto no es el Reino Unido. ¿Y esas medidas no afectaran al crecimiento? Nada de nada. Lo importante es que la gente confie en nosotros. ¿El Tour? Bien, gracias.

Sigo pensando que lo peligroso de Rajoy no son sus planes, es la ausencia de ellos. Tanto en la actualidad, dejandose llevar en los brazos de la crisis hasta la Moncloa, como en el futuro. Acusa a Zapatero de no tener un plan del que él mismo carece y que dudo esté elaborando. En el fondo, Rajoy confía en que la crisis esté dando sus últimos coletazos en 2012. Así podrá ganar las elecciones, nombrar a Montoro ministro de Economía y a Pujalte de Hacienda, impulsar tres o cuatro privatizaciones destinadas a sus amigos, conocidos y compañeros de pupitre, un par de medidas de apoyo a los empresarios, rebajas de las cotizaciones sociales, abaratamiento del despido, legalización de los látigos de siete puntas; y unos meses después colgarse las medallas de la recuperación económica. No sería la primera vez.

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Archivado bajo Actualidad, Economía, Política

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