La (inexistente) defensa de lo público

Hablemos de casos concretos. En Ávila, IU denuncia que en el Ayuntamiento tiene 100 puestos de trabajo sin cubrir y 75 cubiertos con interinos. A esto, que afecta directamente al funcionamiento y la calidad algunos servicios del Ayuntamiento, hay que sumar el hecho de que otros muchos puestos se cubren (o se cubrían antes de la crisis) externalizando los servicios, con lo que ello supone de sobrecoste para las arcas públicas y de campo de cúltivo del amiguismo y el clientelismo político. Si a esto le sumamos la dudosa operación del centro “88Torreones” (nombre que, por otra parte, me parece desafortunadisimo) hipotecado por la empresa adjudicataria antes de la inauguración, nos podemos hacer una idea del concepto de servicio público que se gasta el PP por la ciudad amurrallada: servicios raquíticos, prescindibles, manejables y al servicio, sobre todo, de ellos mismos.

En Badajoz, el Ayuntamiento ha privatizado hace no mucho el servicio de limpieza de la ciudad (privatización no falta de ángulos oscuros). El escaso efecto de ésta sobre la situación de la ciudad, pone de manifiesto que el problema del servicio de limpieza no era su carácter público, si no una deficiente gestión, que sigue arrastrando la concesionaria y el carácter de buena parte de los ciudadanos locales, poco dados a la limpieza de la ciudad, el reciclaje y demás mandangas. Uno de los errores del Servicio de Limpieza cuando éste era público era la rotación continua de trabajadores con contratos temporales. Parte positiva: contar con este puesto permitía a los trabajadores acceder a un salario durante un periodo de tiempo y luego a las diversas prestaciones por desempleo. Parte negativa: los trabajadores contaban con nulos incentivos para desarrollar su trabajo. ¿Para que doblar más la espalda si no existen posibilidades de renovación? ¿Para qué esforzarse si lo hagas bien o lo hagas mal vas a ser despedido cuando se acabe tu contrato? Esto, la rotación en los puestos públicos, es algo, a mi modo de ver, desgraciadamente habitual por estas tierras porque contribuye a la poca implicación de los trabajadores en su servicio y hace que la administración pierda cada poco tiempo los conocimientos, las capacidades y la experiencia adquirida por los trabajadores en sus puestos. En el caso de Badajoz, el funcionamiento de los servicios públicos habla de dejadez, de falta de conciencia de la importancia que estos tienen en el día a día de la ciudad.

El problema, con todo, no es tanto que la Administración X, o el Ayuntamiento Y (pronunciese “ye”) hagan o dejen de hacer. Las administraciones, tarde o temprano, cambian de manos y vendrá otra que hará o deshará como le venga en gana a sus gestores. El problema es que la imagen que se trasmite a los ciudadanos del sector público o de los servicios que prestan las administraciones es penosa. Y esa sensación contribuye al desafecto creciente de los ciudadanos.

Es evidente que a determinados políticos les interesa que la imagen de “lo público” sea mala. El primer paso para la privatización es hacer creer a los ciudadanos que la gestión privada mejorará la calidad del servicio, llamese sanidad, pensiones, educación, infraestructuras o transportes.

En esta orilla del oceáno de las ideológias deberíamos tener claro que la Administración Pública y los Servicios Públicos son imprescindibles, pero este convencimiento no parece tan general como sería deseable. ¿Dónde está el discurso de defensa de “lo público” frente a los ataques de los amigos de la privatización? Frente a las insinuaciones de Rajoy acerca de las “liberalizaciones” y del recorte de las administraciones ¿dónde está la defensa del trabajo realizado día tras día por los servicios públicos? ¿Por qué se permite que los ciudadanos sean bombardeados diariamente con mentiras y medias verdades que buscan allanar el camino de la privatización?

Quizá esté dentro de la nueva Agenda Social del Gobierno, o de la nueva política de comunicación del ejecutivo, pero echo en falta una defensa ferrea y un compromiso claro con lo público: de las Administraciones Públicas, de los Servicios Públicos y del Estado del Bienestar como base del crecimiento de nuestro país. Si no lo hacemos ahora me temo que en un futuro no muy lejano tendremos que manifestarnos en su defensa o llorar su desaparición.

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