La realidad

He pasado unos días de merecido asueto en Sevilla. He paseado por la Plaza de España, visitado la Catedral, subido a la Giralda y a la Torre del Oro, deambulado por sus calles y plazas y disfrutado de sus delicias culinarias en formato mini (¡qué invento las tapas, qué gran país!). Entre monumentos, museos y parajes, saqué un rato para visitar la antigua Real Fábrica de Tabacos, impresionante edificio hoy sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla y de algunas facultades. También saque un rato para recordar como es la ambiente universitario y tuve tiempo incluso para tomarme unas cervezas rodeado de los jovenes que llenan a miles los cientos de espacios que el enorme edificio alberga.

Quizá fuese la lluvia (una maravilla el primer día, una putada el tercero), la añoranza, la envidia o la alopecia; pero me dio pena pensar que una gran parte de ellos son ajenos a la realidad que les espera fuera del utero universitario. A la segunda – o tercera – cerveza, ya dibujé en el aire un monumento a la realidad: una gran mano abierta. Un símbolo del mundo que les rodea y contra el que impactarán tarde o temprano y que propuse a mi pareja colocar de forma obligatoria a las puertas de todas las facultades del país. Es verdad que una gran mano abierta, de unos 4 o 5 metros, no es visualmente muy atractiva, pero en determinados sitios ponen cremalleras de ese tamaño y nadie protesta y no me negaran que la mano como metáfora es bastante potente. Una gran mano que espera para abofetear a los ingenuos universitarios.

Cuando disminuyó el efecto de la cerveza, mientras paseaba por las, otra vez, lluviosas calles de Sevilla, me di cuenta de que últimamente la realidad nos había golpeado a todos de una u otra manera. A lo mejor, pensé, el Monumento a la Realidad, la gran mano abofeteadora, debemos colocarla en todas las plazas de ciudades y pueblos. O regalar una reproducción a pequeña escala con el primer DNI.

La crisis y sus derivados (principalmente el paro) nos han abierto los ojos ante la realidad económica que nos rodea. Vivimos en un mundo complejo, completamente interdependiente, frente al que somos, como individuos, extremadamente vulnerables. Además, hemos asistido a la caida de paises enteros devorados por unos entes misteriosos llamados “los mercados”. Entes que parecen haber existido siempre pero que ahora se han tornado malvados dominados por el lado oscuro de la fuerza: “los especuladores”. Un día nos despertamos y nos dimos cuenta de que los gobiernos no se deben tanto a sus ciudadanos como a estos mercados, que deciden con sus ventas y compras quien es de fiar y quien no, quien merece su dinero y cuanto cuesta esa confianza. En la misma vigilia febril hemos visto los pies de barro en los que se sostenia nuestra economía e incluso comprendemos un poco a aquellos que dudan de nosotros. ¿Nos prestariamos dinero si no fuesemos juez y parte de la transacción? De repente, nos hemos dado cuenta de que no somos un país importane y ahora nos consolamos pensando que al menos somos demasiado grandes para caer.

Por si fuera poco saber que nuestros gobiernos tienen las manos atadas, en ocasiones a voluntad propia, frente a los mercados; ahora descubrimos que la diplomacia, las relaciones internacionales y los asuntos de estado son un gran teatro en el que se dice al ciudadano lo que quiere escuchar y luego, fuera de los focos, se hace “lo que tiene que hacerse”. Que Berlusconi tenga vicios caros o que a Gadafi le molen las enfermeras son simpáticas anécdotas que sabíamos o intuíamos. Que Sarkozy sea hiperactivo como respuesta a un complejo por su estatura o que Merkel sea la tradicional matrona alemana era evidente. Que los Gobiernos mientan a sus ciudadanos era esperable, pero su constatación es terrible.

No podemos hacer (casi) nada frente a la crisis, no podemos cambiar los juegos de poder internacionales. La realidad es la que es, la que siempre ha sido, aunque nosotros no lo viesemos o no quisiesemos verlo. Como decía Manel Fontdevila el otro día en Público, por desgracia el mundo es tal como lo habíamos imaginado.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “La realidad

  1. Sólo apunto que el cremallerazo de Ávila es toda una metáfora que va en la misma línea: es un monumento al braguetazo, inspirado en la ciudadana Ortiz. Ella sí supo esquivar la crisis

  2. Pingback: Tweets that mention La realidad | Decapitado por Hereje -- Topsy.com

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