Que no se olvide – Anorexia y bulimia

Este post es una colaboración de Su_yeltes.

La anorexia y la bulimia nerviosa saltaron hace unos días a los medios de comunicación a causa del fallecimiento de Isabelle Caro, imagen de la polémica campaña No-l-ita, del fotógrafo Oliviero Toscani. La exposición de su cuerpo, fuertemente afectado por la enfermedad, dio origen a numerosas críticas y ante eso yo me pregunto ¿es mejor tapar las verdaderas consecuencias? Difiero del comentario realizado por Juana Martín, directora de ADANER (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia): “Es posible que esto sirva para asustar a la sociedad y a las familias, pero el enfermo no se asusta absolutamente con nada. Le da pena cuando lo ve, pero no se conciencia” Con esta frase parece olvidarse de aquellas personas que buscan la salida, a las cuales esta simple imagen pudo darles un impulso más para luchar contra la enfermedad.

En la actualidad, la lucha contra Ana y Mia (anorexia y bulimia) se enfrenta a dos problemas: el primero, que han dejado de estar entre los temas de mayor interés y cobertura mediática. En segundo lugar, estas enfermedades no son tratadas, en muchas ocasiones, con el “debido respeto”. Recuerdo en estos momentos canciones como Anorexia de Los Porretas – superficial y burlesca- , comentarios como “no pasa nada porque la niña quiera estar delgadita” – siendo ya un esqueleto – o “son enfermedades de ricos”. Ante este último sí puedo decir que efectivamente están en lo cierto, no porque lo sufran solo personas adineradas, a las que les sobra de todo y por eso desechan la comida, sino porque los tratamientos y la atención psicológica son muy caros, por no hablar de las dificultades a las que se enfrentan los familiares para lograr el ingreso en clínicas especializadas de los enfermos – plazas públicas muy restringidas, escasos centros de día para hacer frente a los enfermos y carísimos centros privadas.

Quizás sea más fácil detectar la Anorexia que la Bulimia, las consecuencias se reflejan de forma más patente en el exterior, sin embargo ambas pueden llegar a dañar nuestro organismo, lo que se denomina “daños colaterales”. Como todos sabemos, no es adelgazar y ya está, es dañar tu cuerpo por dentro, bien con purgas o con carencia de alimento. No hay un patrón, sin embargo hay rasgos de la enfermedad que se combinan. La mayoría tienen distorsionada la imagen de si mismas: aumentan un pequeño defecto corporal y polarizan el pensamiento- no hay nada entre” la bella y la bestia”. Es verdad que el canon de belleza que marca la sociedad afecta pero no más que la influencia de las amistades: las comparaciones son odiosas. Todo esto sin olvidar los trastornos de la alimentación son una enfermedad mental, fundamentada en creencias erróneas. Muchas personas consideran que su físico es la causa de todos los males y/o creen leer en el pensamiento de los demás consideraciones tan negativas como las suyas. Quizás esto último, lo que se llamaría “El espejo del estado del ánimo” – razonar según el estado de ánimo – pudiera ser el comienzo en muchas ocasiones.

Estas distorsiones son creencias que llevan a hábitos insanos durante años; hábitos que a veces pueden llegar a matar. Si la enfermedad aun no ha provocado “daños colaterales” podría tratarse mediante un buen psicólogo pero no siempre es así y muchas personas acaban ingresadas. ¿Y qué pasa con la familia? La familia en estos casos es un factor esencial en la recuperación, a la par que la más directamente afectada anímicamente. Es, en su mayoría, una enfermedad incomprensible, nadie entiende que alguien coma tan poco que esté todo el día mareada, que conviva con algo tan desagradable como los vómitos, que se tenga “mono” por no poder realizar purgas, que se llore durante horas por no entrar en un pantalón, que se cambie tanto de humor e incluso que tu hija se autolesione. Es difícil empatizar, pero sobre todo ayudar. Un padre tiene que ir al servicio SIEMPRE con el chico, quitar la báscula y espejos de la casa, vigilar el ejercicio físico que realiza, hacer que coma lo estipulado, que lleve el control diario de alimentos y sentimientos y, lo más difícil ,que deje de hacerse daño a si mismo. Y todo esto, la mayoría de las veces sintiéndose culpable: culpable de no haber educado, de haber favorecido tal comportamiento o de no haber podido pararlo antes. Asociaciones como ADANER o en Badajoz ADETAEX, guían y ayudan a esos progenitores, pero la mejor ayuda es ver que sus hijos están luchando.

Por último, solo expresar un deseo: que se les de a estas enfermedades una mayor importancia y se faciliten medios a familias y enfermos.  Esto se consigue de una forma, concienciando a la sociedad: estas enfermedades dejan en el camino numerosas víctimas, algunas mortales, otras muchas esclavas de sus conductas obsesivas-compulsivas.

Pd.- No importa cuantas batallas pierdas, si al final ganas la guerra.

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2 Respuestas a “Que no se olvide – Anorexia y bulimia

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