Archivo mensual: febrero 2011

Por el Imperio hacia Dios. Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956) C. Sánchez-Reyes de Palacio

La memoria histórica es un concepto peculiar y posiblemente mal definido, una perífrasis, un eufemismo políticamente correcto. Cuando hablamos de memoria histórica estamos hablando de algo tan peliagudo como mirarnos los restos de sangre que manchan el bajo de nuestros pantalones. Mirarlas, tocarlas, sentirlas aún calientes y asumir que esa sangre, siendo nuestra, es de nuestro hermano. Lo que convierte a la memoria histórica, al recuerdo y reconocimiento de los tristes acontecimientos que vivió este país durante medio siglo, en algo doloroso es que nosotros, como españoles, somos a la vez victimas y verdugos de la Guerra Civil y la Dictadura, aunque no todos seamos, como individuos, victimas y verdugos en la misma proporción.

Además de dolorosa, la memoria histórica es un arma política, un recurso más en la incesante confrontación de argumentos vacíos. En esta metamorfosis tiene un papel fundamental las ideologías de cada uno y su derivada: la negación de la realidad cegados por la ideología. Las cunetas siguen llenas, para vergüenza de todos, de cientos de fosas, de miles de pruebas. Los restos de padres, hijos, hermanos, abuelos, amigos, siguen enterrados, esperando, esperándonos.

Yo no creo que hayamos perdido la memoria de este pasado reciente. Como dice Santos Juliá, un olvido voluntario como el que supuso la transición y la democracia exige tener muy claro, recordar, conocer, aquello que queremos olvidar. Solo podemos intentar olvidar aquello que recordamos perfectamente. La democracia no ha supuesto el vaciado de nuestra memoria, pero si ha permitido que cegados por la ideología algunos quieran contaminar el presente mintiendo sobre el pasado. Estas mentiras se niegan a asumir las responsabilidades individuales y comunes y pretenden que ninguno de nosotros pueda superar el pasado recuperándolo y reparando en parte a nuestras victimas. La memoria no es abrir heridas, es limpiarlas, desinfectarlas, dejarlas cicatrizar.

El presente libro, “Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956)” de Carlos Sánchez-Reyes de Palacio, del que ya comenté algo anteriormente, es una crónica personal y local de la Guerra Civil y de lo más crudo y salvaje de la Dictadura a través de dos fuentes: los recuerdos personales, esos que algunos quieren negarnos, y la ideología del régimen y de parte de la sociedad que se filtraba en los medios de comunicación, en este caso, El Diario de Ávila. Esa ideología era el sustento del régimen y es, en parte, el armazón intelectual de aquellos que nos niegan el recuerdo.

Es un libro interesantísimo, apasionante por lo cercano de sus situaciones, de sus personajes, de sus localizaciones. Leyéndolo es imposible no situarse en el centro del Mercado Grande, o frente a la Iglesia de La Santa, o viendo pasar una procesión frente a la Catedral. Ávila es Ávila y siempre lo será. La ciudad mecida en las manos del tiempo.

También es muy difícil no caer en la tentación de señalar algunos de los pasajes más curiosos y llamativos del libro. Yo no voy a poder evitarlo, así que si usted quiere leerlo entero y disfrutarlo sin que nadie le estropee estos jugosos momentos, pare aquí. De igual forma, aviso para lectores: se nos va a alargar un poco esta tertulia.

Sobre el antisemitismo de los sublevados ya hablamos anteriormente. La existencia de una “cuestión judía” en España estaba, evidentemente, constreñida a la materia gris de los ideólogos del régimen y tenía mucho que ver con los lazos que estos tendían con los regímenes totalitarios europeos. La “raza judía” era la responsable de todos los males que asolaban Europa y el mundo. Incluso era responsable, a la vez, del comunismo soviético y del capitalismo estadounidense, dos modelos abominables y que nada tenían que ver con la tradición europea.

“El verdadero espíritu europeo, que durante tanto tiempo había estado indeciso entre la filosofía soviética y la yanqui, no podía por menos que rechazar a la una y a la otra como contrarias al mismo (…) La única diferencia entre los dos regímenes (sovietismo staliniano y plutocracia roosveltiana es que en el yanqui el capital domina al Estado y en el soviético el estado domina al capital (…) en ambos casos son pequeñas minorías las que se aprovechan y explotan a las grandes masas que únicamente en los regímenes fascistas, orgánica y auténticamente democráticos han encontrado la manumisión de la inhumana explotación plutocrática y capitalista”

Sobre “la barbarie yanqui” añade que “con la complicidad de Inglaterra, pretendía extender en Europa la misma pseudo-civilización de los ganster, de los raketeers, de los kidnappers y de la Ley de Lynch” (Diario de Ávila 1/08/1941)

Los judíos, con la ayuda de las sectas masónicas, otro de los enemigos del régimen, eran también responsables de la corrupción de las mujeres y de su moralidad:

“Las sectas masónico judías en su afán diabólico de esparcir la corrupción social para raer la civilización cristiana de los pueblos, se ha valido, como instrumento más apropiado, de las mujeres, cuya variedad y afán de admiraciones ha sido estimulado con modas exóticas, espectáculos y diversiones poco o nada conformes a la moral católica y al genuino carácter pudoroso y honesto del sexo femenino” (Diario de Ávila 23/08/1941)

Casi tan peligrosos como los judíos y los masones, los ateos constituían una rareza en la España de la Dictadura.

“Anoche nos vimos sorprendidos por la presencia en Ávila de un ridículo ateo. Como es esto fenómeno que, por monstruoso, no suele producir la naturaleza, celebramos que se manifestara a la luz del día y que no quedara oculto entre las sobras de la noche” Le acusaban, entre otras cosas, de querer “explicar la existencia del mundo por una absurda transformación de la materia” (Diario de Ávila 28/06/1983)

La derrota de los aliados europeos del régimen obligo a sus dirigentes a proceder a un lavado de cara de la dictadura. España tenía que alejarse a marchas forzadas de Alemania e Italia y una de las primeras medidas del Gobierno fue eliminar el saludo fascista, o romano:

“Al iniciarse el 18 de Julio el Movimiento Nacional (…) entre las formas de expresión de vibrante entusiasmo (…) resurgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de recio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra historia constituyó símbolo de paz y amistad entre los hombres. Más, circunstancias derivadas de la gran contienda ha hecho que lo que es un signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente (…) Esto aconseja que en servicio de la Nación deba abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo, que mal interpretadas han llegado a privar a las mismas (…) de su autentica expresión de amabilidad y cortesía” (Decreto de 9 de Octubre de 1945)

Para concluir con una nota de humor, (si quereis más comprad el libro) el 27 de Diciembre de 1955 el Diario de Ávila publicaba la siguiente inocentada “Un marciano apresado en la tierra. Será el piloto para la conquista de Marte”

Por desgracia, en aquella época, incluso en la presente, entre nosotros vivían y viven muchos seres que parecen procedentes de otra galaxia.

 

PS.- La foto que encabeza la entrada está tomada de Ávilas. La ciudad en manos del tiempo, una iniciativa de José Luis Pajares que reune más de 2000 imágenes antiguas de la ciudad.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia, Libros

El Alcalde de Ávila y SU aparcamiento (Episodio 127)

Como todo el mundo sabe, para poder ser Alcalde de algún municipio importante de Castilla y León hay que cumplir dos requisitos básicos: ser del PP y ser, como minimo, “especial”. Es verdad que hay excepciones: hay media docena de alcaldes socialistas en Castilla y León, pero alguno de ellos son tan “especiales” que bien podían cambiarse de acera y nadie lo notaría.

Entre los Alcaldes populares de Castilla y León contamos con grandes estrellas mediáticas, auténticos showmen de repercusión nacional que han protagonizado, a lo largo de su carrera, varias portadas de prensa, editoriales y programas de humor. De entre todos ellos, destacan, por méritos y capacidad, el actual Alcalde de Salamanca, Don Julián Lanzarote, mundialmente famoso por su encendida defensa del Archivo General de la Guerra Civil y otras payasadas; y el Alcalde de Valladolid, León de la Riva, aclamado en toda la Galaxia por su caballerosidad y galanteria hacia las mujeres que forman parte del Gobierno de la nación. Ambos han sido, y son, punta de lanza de un modo de hacer política y de entender el gobierno municipal, el municipalismo castizo castellanoyleones, caracterizado por ser eminentemente conservador, decimonónico y un tanto bocachancla.

En las ciudades pequeñas, entre las que se encuentra Ávila, nos tenemos que conforman con versiones provincianas de estas rutilantes estrellas. Nuestro alcalde, Don Miguel Ángel García Nieto, nunca ha podido disfrutar de la repercusión de sus correligionarios, aunque lo ha intentado. Tuvo su momento, allá por 2005, cuando el Gobierno aprobó la Ley de Matrimonio Homosexual, pero fue a la sombra del regidor pucelano. Este decidió no casar homosexuales en el Ayuntamiento y a nuestro alcalde le pareció un gesto de “buena hombría”. Ya se sabe, en Castilla y León no hay homosexuales, y menos en Ávila; como mucho afeminados y maricones, pero no homosexuales de esos con derechos.

El resto de sus manifestaciones exaltadas y simplonas y de sus políticas absurdas y mal encaminadas hemos tenido el placer de disfrutarlas en exclusiva los abulenses. Somos unos afortunados.

Su última gran idea, y supongo que su gran promesa electoral, es un nuevo aparcamiento subterraneo, esta vez frente al lienzo norte de la muralla, bajo la ronda vieja. Evidentemente, hay una parte de la población que no está muy convencida de la necesidad y del emplazamiento del citado aparcamiento, lo que ha provocado cierta preocupación, sobre todo a la vista del ma-Moneo que el Hay-untamiento de la capital plantó entre la Muralla y la Iglesia de San Pedro.

Situación del aparcamiento frente al Lienzo Norte de la Muralla - Ávila

Ante esta preocupación ciudadana y las dudas de algunos organismos internacionales (el ICOMOS y la UNESCO, unos mindundis) nuestro queridisimo Alcalde nos responde con una de sus destempladas declaraciones:He decidido ser bueno y mandar toda la documentación que se nos ha pedido” Después de perdonarles la vida, les aclara que la citada información ira acompañada de una carta donde les dará un “ultimatum”: si en “3 o 4 meses” no se pronuncian, él, el hombre, el nuevo Cid: “tirará para adelante”. Aunque aclara que podía haber sido malo y y pasarse sus recomendaciones y peticiones “por el arco del triunfo”. Con dos cojones, Miguel Ángel. Asi se hace ciudad, mundo y universo. Tras leer estas declaraciones, es necesario hacer un llamamiento a la calma, la sangre no llegará al rio. El Alcalde lleva vendiéndonos esta moto desde hace al menos un año y, por fortuna, ni se ha movido una piedra ni se ha presentado ante la UNESCO con un AK47 para impartir justicia. Con un poco de suerte, dormirá el sueño de los justos junto al aparcamiento bajo el Mercado Chico.

Estas declaraciones de nuestro regidor municipal son una nueva fanfarronada de un político que, sin esforzarse, también puede menospreciar a sus rivales políticos jactándose de desconocerlos o diciendo que son “al menos pintorescos”.

En Ávila llevan gobernando los mismos desde que Tarik puso sus babuchas en la península. Va siendo hora de abrir las ventanas, en el Palacio municipal huele a cerrado, a moho y a humedad.

5 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Ávila, patrimonio, Política

¿#Nolesvotes?

Si usted frecuenta eso que llamamos redes sociales habrá asistido en los últimos días a los primeros pasos de un movimiento de rechazo a los principales partidos políticos denominado No les votes. También es posible que haya leido opiniones a favor y en contra del movimiento. Las opiniones a favor suelen estar firmadas por sus impulsores y, en general, por aquellos ciudadanos descontentos con los partidos y, en especial con la Ley Sinde. Las opiniones en contra suelen salir desde dentro de los propios partidos y desde sus cercanías (afiliados, militantes, simpatizantes, etc.) No todas, en uno y otro bando, son muy afortunadas.

Seamos sinceros: esta opinión que van ustedes a leer, si siguen a estas alturas leyendo, surge de alguien que está a medio camino entre unos y otros. Soy afiliado a un partido político (pago religiosamente mis cuotas) pero no me gusta como funcionan, ni me gusta por supuesto la Ley Sinde. Esto no quiere decir que sea imparcial ni que me encuentre en posesión de esa quimérica verdad que dicen se encuentra en el centro (sea eso donde sea), solo expongo lo anterior para que sepan con quien hablan (o a quien leen).

La Ley Sinde, que ha servido de catalizador de este movimiento, no es el principal problema de este país. Es una mierda, sí, no va servir para nada, también, responde a las presiones de un lobby cercano al gobierno y a las “sugerencias” de otros paises, es verdad; pero resulta sorprendente que hayamos tenido que esperar a su aprobación para montar las barricadas. ¿Y el paro? ¿Y la fractura del Estado del Bienestar? ¿Por qué no hemos salido a las calles por esto? La Ley Sinde es importante, muy importante, incluso si no lo fuera no podríamos reprochar a nadie que luchara por defender su posición al respecto; pero echo en falta que el movimiento tenga miras más amplias. Que una sociedad como la española se movilice es positivo, que lo haga solo por esto es chocante. A mi me gustaría ver movimientos, o a este mismo, defendiendo la Sanidad Pública, la Educación Pública, la Ley de Dependencia; luchando contra el maltrato o apoyando causas cien veces más importantes que esta. Me dirán que es un movimiento de hartazgo hacia toda nuestra clase política. En primer lugar esto no es del todo cierto, señalan a PP, PSOE y CiU, los que votaron afirmativamente a la Ley Sinde; y en segundo lugar es caer de nuevo en el viejo y dañino tópico de que son todos iguales. Incluso entre esos tres partidos hay evidentes diferencias. Sí, también dicen que lo que buscan es una ciudadanía informada y que no piden a nadie su voto o su abstención; pero primero señalan con el dedo a los malos de la película.

Con todo, me alegro mucho de que por fin estén surgiendo estos movimientos. De que por fin, sea como fuere, haya gente implicándose en la defensa de sus intereses y de sus ideas. Movimientos de base que permitan al ciudadano organizarse, opinar y aportar. La Ley Sinde no es el principal problema de este país pero sí es un síntoma del mal funcionamiento de los partidos políticos. Creo que era Ernesto Guevara (Che Guevara) quien decía que las ideas sin organización no sobrevivirían. Hoy en día el problema es que los partidos políticos, la organización, se ha convertido en muchas ocasiones en un bunker refrigerado donde las ideas ni se crean, ni se destruyen, ni se transforman. El reto de los partidos es abrirse a la sociedad, escucharla y responderla. Los partidos no son permeables a la ciudadanía que les rodea porque tan solo una minoría tiene voz y voto dentro del búnker. No quiero decir que los partidos sean poco democráticos, que en ocasiones lo son, quiero decir que muy poca gente participa en la vida de los partidos políticos que luego toman las decisiones. ¿Cuántas personas decidieron el candidato a la Comunidad de Madrid del PSOE? ¿Cuántas toman la decisión en Barcelona? Y menciono estos casos por no hablar de la digitocracia de otros partidos.  Por suerte o por desgracia, hasta que encontremos una forma más efectiva y representativa de tomar decisiones en democracia, los partidos son y serán fundamentales. Que nuestros partidos gocen de buena salud, que nuestros partidos funcionen bien, hará que nuestra democracia funcione y esto será más fácil cuanto más gente se implique en el día a día del sistema.

Internet y las redes sociales han abierto una ventana en el búnker de la partitocracia pero todavía es estrecha. Estas iniciativas, aunque se puedan equivocar en los objetivos y en las formas, ayudan a ensancharla.

Bienvenidas sean todas, aunque no compartamos sus ideas, aunque esta vez no estemos de acuerdo.

1 comentario

Archivado bajo Actualidad, Política

Nosotros no necesitamos a Berlusconi

Si alguna nueva ley diseñada por y para él no lo impide, Silvio Berlusconi, finalmente, se sentará en el banquillo de los acusados. Pero al igual que Al Capone terminó entre rejas por evasión de impuestos, Berlusconi tiene el agua al cuello por prostitución de menores y abuso de poder, delitos grave, que duda cabe, pero que deben dejar un sabor agridulce en todos aquellos que llevan años denunciando los oscuros orígenes de su riqueza, sus contactos con la mafia, la corrupción de sus gobiernos. Sea como fuere, la imagen de Berlusconi en el banquillo debe ser el comienzo del final de la anormalidad democrática que supone su presencia al frente del Gobierno de Italia. Con un poco de suerte, y si la destartalada oposición no lo impide, Italia puede dejar de ser un país que funciona, a pesar de su gobierno, impulsado por la inercia.

Recordar a Berlusconi nos permite respirar aliviados cuando pensamos en nuestra propia democracia. Podía ser peor, nos decimos. Podríamos tener al frente del Gobierno a Mario Conde, al difunto Jesús Gil, a Ruiz Mateos o al todopoderoso Florentino Pérez. Pero este alivio momentáneo no nos debe impedir pensar en las pequeñas anormalidades de nuestra propia democracia. Por ejemplo, en el levante, varios dirigentes políticos piensan que el aval de las urnas, el masivo apoyo popular, es similar a un indulto frente a cualquier tipo de delito. Y lo que es más grave: buena parte de la ciudadanía piensan que esto es cierto. Que los responsables políticos se piensen inmunes por obtener buenos resultados electorales es peligroso; pero que la muchedumbre los aplauda, los defienda y los jalee a la puerta de los juzgados es descorazonador.

Otra de las particularidades de nuestra democracia es que nuestros políticos pueden decir lo que quieran sin que tengan que rendir cuentas por ello. Insultos, descalificaciones, mentiras e insinuaciones están consentidas y bien vistas, tanto por los compañeros como por la ciudadanía. Incluso denigrar leyes que ellos mismos han apoyado, valiéndose del desconocimiento general del funcionamiento de nuestra democracia. Es parte del trabajo, deben pensar; lo importante es demostrar que el adversario político es un despojo, calaña, indigno de confianza y responsabilidad. La bula para el insulto en ocasiones va grapada al acta de diputado. Llamar debate a las jornadas de gritos, reproches y acusaciones que habitualmente se ven en el Congreso o en el Senado – ayer sin ir más lejos – es pecar de indulgencia. Por supuesto, a una buena parte de nuestros conciudadanos esto les parece lo más normal del mundo y aplauden a rabiar los argumentos de su bando, digan lo que digan, y abuchean al rival, digan lo que digan.

Si ustedes pasean por el centro de sus ciudades quizá tengan suerte y se crucen con otra de las particularidades democráticas ibéricas: las manifestaciones de afectados por las leyes y la realidad. Ley para regular el consumo de tabaco en lugares públicos: manifestación de dueños de bares y discotecas afectados. Ley de salud sexual: manifestación de los afectados por lo que hagan otros con su cuerpo y con su vida. Retirada de los crucifijos de los colegios: manifestación de católicos y del gremio de carpinteros. Regulación del consumo de alcohol en la calle: manifestación de adolescentes. Día mundial del rezo, la oración, el rosario o la Virgendealgo: manifestación de católicos, madres y padres de bien, familias numerosas y jubilados. Ningún cambio legislativo: manifestación de artistas para ver que hay de lo suyo. Todo acompañado de festivas pancartas y graciosos lemas que insultan al adversario y se acuerdan de sus familiares más cercanos.

Vivimos en un país democrático, pero nuestra democracia es propia e inimitable, una democracia ibérica que nos une con lo mejor de nuestra historia: el caciquismo, el populismo, el nepotismo y el despotismo. En algunos casos, el gobierno de los menos válidos con el aplauso de la plebe. Muchos ciudadanos han dejado de serlo y se han convertido en hooligans, en aficionados radicales a una verdad sin mancha que utilizan su derecho al voto con la misma soltura en programas de televisión que en urnas selladas. Ciudadanos abrazados a dogmas sin argumentos.

Bienvenidos a la oclocracia ibérica.

3 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Política

Pánico atómico

Hay gente que tiene miedo a las arañas; otra gente tiene pánico a los lugares abiertos y otros a los cerrados. Existe gente que es incapaz de vivir en un segundo piso; otra gente que vive aterrorizada por las grandes masas de agua, por los teléfonos, la sangre; incluso hay gente que siente un miedo irracional hacia las nutrias. Todos estos miedos tienen un nombre que les convierte en síndromes respetables y en interesantes temas de conversación en la barra de cualquier bar. No es lo mismo tener miedo a las nutrias que lutrafobia. Ser telefonofóbico es infinitamente más respetable que pegar un salto cada vez que alguien pone su móvil junto a ti.

Él se sentía despreciado por la comunidad científica porque nadie había puesto aún nombre a su fobia. Su mujer le decía que eso era porque su fobia era tan absolutamente irracional que nadie más en todo el planeta la tenía. El negaba con la cabeza. Se sabía portador de una verdad incómoda y se creía enfrentado a una conspiración mundial de inimaginables dimensiones, desde la CIA a los restos de la KGB, pasando por los laboratorios de las internacionales farmaceuticas, las principales Universidades y su mujer. No entendía muy bien la postura o los intereses ocultos de su esposa en aquel asunto, pero sabía que de una forma u otra estaba en el ajo.

¿Y a qué tenía miedo este entrañable hombre? Él se lo contaba encantado a cualquiera que le preguntara por sus extrañas costumbres.  El, un hombre normal, aburrido incluso, de clase media; tenía miedo a que el espacio vacío que había entre los átomos que componían su cuerpo se alineara involuntariamente con el espacio vacío de los átomos de cualquier otro sujeto de tal forma que al entrar en contacto lo atravesara. “Si la mayor parte de mi cuerpo es espacio vacío entre átomos y la mayor parte del tuyo también ¿Qué impide que nuestras estructuras atómicas se crucen y nos fusionemos sin remedio?” explicaba a su anonadada audiencia.

Este miedo le había llevado a adoptar una serie de ridículos rituales que le permitían desarrollar, a pesar de todo, una vida casi normal. Por ejemplo, nunca caminaba descalzo. Para evitar ser absorbido por el suelo llevaba siempre cuatro pares de calcetines “Ya sería mala suerte la alineación espontánea de los espacios vacíos de los cuatro calcetines, el suelo y mi cuerpo” decía siempre a su mujer. Cuando alguien le preguntaba si no tenía miedo a fusionarse con uno de aquellos calcetines, él respondía ufano que siempre compraba los calcetines con la estructura atómica más mullida que encontraba después de pertinaz búsqueda por todas las mercerías de la ciudad. También evitaba todo contacto físico: no quería pasarse el resto de sus días pegado a otra persona. Esto incluía dar la mano, hacer una caricia a su hija, sentarse junto a otra persona en el autobús, rozarse con un vecino en el ascensor y el sexo. Sobre esto último, al principio, en los primeros estadios de su fobia, pensaba que una postura adecuada que implicase poco roce y un preservativo eran suficientes para evitar la indeseada fusión entre su pene y las paredes vaginales de su esposa; pero en la actualidad también procuraba evitarlo. Igual que muchos católicos, aunque por razones distintas, no se fiaba demasiado de las finas paredes del preservativo.

Siempre llevaba un par de guantes puestos para que los cubiertos no acabasen formando parte de su mano mientras devoraba un filete con patatas fritas y ponía un par de sábanas de franela y una esterilla de camping sobre el sofá para poder sentarse. Es irracional confiar en la estructura atómica de la franela y no en la del sofá, pero todas las fobias, como las religiones, son irracionales ¿o acaso es lógico vivir atemorizado por la oscuridad o por los payasos? ¿Es más racional creer en la resurrección de los muertos que desconfiar de los espacios vacíos que existen entre los átomos?

Con los años, su fobia había empeorado. El decía que simplemente se había dado cuenta de que sus iniciales precauciones eran pocas. Antes, al salir de casa, ponía con cuidado el pie sobre la acera y luego ya avanzaba confiado por toda la calle. Ahora, tenía que asegurarse de la consistencia de todos los materiales. Bajaba de la acera con precaución, desconfiando del asfalto, y volvía a la acera con el mismo miedo, desconfiando esta vez de la acera.  Después de años de miedo, llegó a la conclusión de que el siguiente paso era empezar a buscar una base científica a sus miedos. Si la ciencia oficial no era capaz de enfrentarse a semejante reto, sería él, un ciudadano medio, el que corriese con los múltiples riesgos que conllevaba convertirse en cobaya científica por el bien del resto de la humanidad.

Según ha confirmado este buen hombre, y mejor persona, a sus amigos, familiares y conocidos, a día de hoy ha intentado atravesar la pared que comunica el salón de su casa con la cocina en doscientas treinta y dos mil ocasiones. No ha conseguido nada, tal vez un par de chichones, moratones el día con más fortuna, pero no piensa cejar en su empeño.

“No he notado apenas cambios en la pared, pero creo que la estructura atómica de mi cara está empezando a ceder. La noto menos resistente a la presión” ha declarado.

Su mujer, a pesar de todo, le quiere.

 


Otros relatos en este blog:

Profesiones complejas

Niebla

Que parezca una historia de amor.

Pieza clave

Deja un comentario

Archivado bajo Escenas y Paranoias

Antisemitismo y dictadura

Estoy leyendo Ávila… cuando emigraban las cigüenas (1936-56) de Carlos Sánchez-Reyes Palacios. Aunque cuando acabe de leerlo le dedicaré una pequeña reseña en este mismo lugar, voy a ofrecer un “llamativo” adelanto. El libro narra los acontecimientos y la vida diaria de la ciudad de Ávila durante la Guerra Civil y los primeros años de la Dictadura desde dos puntos de vista: la experiencia personal del propio autor y el medio de comunicación por antonomasia en la ciudad y en la provincia: El Diario de Ávila.

Los extractos de noticias y editoriales de este último son especialmente útiles a la hora de retratar el armazón ideológico de los rebeldes y del régimen totalitario que se impuso en todo el país tras la victoria de los sublevados. Un régimen establecido a sangre y fuego y que supuso el asesinato de una buena parte de la población, aquellos que a ojos de los vencedores encarnaban la “Antiespaña”. ¿Y quienes formaban parte de esta? La terna de sospechosos habituales que se convirtieron en los enemigos del régimen: los rojos, los masones y los judíos.

El antisemitismo de los sublevados tenía más que ver con su alineación con los regímenes fascistas europeos que con la existencia en España de una auténtica “cuestión judía”. Las comunidades judías que pudiesen existir en España antes del Golpe de Estado del 18 de Julio eran escasas en número y en importancia y desde luego nunca habían supuesto un problema grave de convivencia u orden público. A pesar de esto, los judíos eran presentados a la opinión pública como los causantes de muchos de los males de la nación: conspiraban contra España, ensuciaban la raza española, eran los impulsores del marxismo que mancillaba Europa, etc.

Este pensamiento racista, que todos sabemos las consecuencias que tuvo en Europa, está presente también en las páginas de “El Diario de Ávila”. Bajo el título “La Bestia Judía” el medio abulense publicó una serie de artículos firmados por D. Felipe Robles Degano, profesor del Seminario. En uno de ellos, el autor propone “un plan que no desmerece de la solución final que Hitler aplicó en Alemania”:

“1º) Matar a todo judío, masón o rojo que haya intervenido activamente en el proyecto, dirección o ejecución del plan revolucionario: “Maleficos non patiens viveres”, no tolerarás que vivan los malhechores, mandó Dios en el Éxodo (c21,18)

2º) Entrar a mano armada en las naciones dominadas por la bestia judía, para exterminarla, como estamos haciendo en España.

3º) Confiscar todos los fondos y valores que judíos, masones y rojos tienen depositados en cualquier establecimiento o empresa.

4º) Prohibir a los jóvenes judíos estudiar en universidades y colegios nacionales, cerrar las sinagogas, todas las logias masónicas y los centros socialistas o rojos. Prohibirles el ejercicio de toda profesión o cargo público.

5º) Quemar todo impreso escrito por los judíos, masones o rojos y cualquier libro que la censura eclesiástica juzgue digno de reprobación.

Los particulares deben abstenerse de comprar en tiendas de judíos, masones y de tener amistad con ellos”

El artículo se publicó en Enero de 1937. Sobran las palabras.

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia, Libros

“El economista camuflado” Los mercados vs. la realidad

“No es probable que nos encontremos al borde de otra depresión” Cuando llegas a esta sentencia llevas medio libro leido y tienes que decidir: tirar el libro a la basura o seguir leyendo. Es comprensible que decidas tirar el libro al contenedor de reciclaje de papel más cercano. Acabas de leerte 100 páginas en las que el autor denomina a la economía de los mercados perfectos como el “mundo de la verdad” y ahora te viene con esas. “No es probable una depresión… vamos, no me jodas” te dices mientras ves en la televisión las cifras del paro y la fotografía del Acuerdo Social para la Reactivación Económica y Joderte la Jubilación (ASREJJ, por sus siglas en castellano de España). Indignado, pasas páginas rápidamente para ver en que momento se escribió semejante pronóstico. 2006, ves horrorizado. Pensabas estar leyendo algo así como una introducción a algunos conceptos económicos básicos y resulta que lo que tienes entre las manos es la versión actualizada de los pronósticos de Nostradamus aderezados con ecuaciones, nombres en inglés e ideología neoliberal. Resoplas, cargas el brazo, visionas la papelera, calculas el impulso necesario, ángulo de 90 grados y lanzamiento de tres puntos. El libro ya descansa junto a la lista de la compra, las cartas del banco y la publicidad del Carrefour.

También puede que decidas continuar el libro. Has pagado nueve euros por él (Booket – Temas de Hoy) y no eres de ese tipo de hombres que tira el dinero a la basura. Quizá Tim Harford, el autor, no sea un hacha haciendo pronósticos, pero este no es un libro para acertar la combinación ganadora del Euromillón, es un libro para ayudarte a comprender la realidad económica que te rodea y que se esconde detrás de la realidad. Si es así, si has decidido seguir leyendo, felicidades, creo que has tomado la decisión correcta. Eso sí, si vas a continuar hasta la última página (394 en mi edición, descontando Notas e Índice temático) hazlo con actitud crítica. El libro ofrece mucha información acerca de alguno de los conceptos básicos de la economía de mercado (eficiencia, externalidades, información asimétrica, el valor de la escasez, libre comercio, etc) y explicaciones básicas (excesivamente básicas en algunos casos) sobre el funcionamiento económico de nuestro entorno (seguros, globalización, asistencia sanitaria, las rebajas, el auge de China, etc). Pero junto a esto, el texto está trufado de pequeñas píldoras ideológicas que hay que saber detectar. No, el libro no es un panfleto neoliberal. No vas a salir a la calle a manifestarte a favor del FMI, ni vas a colgar una foto de Friedman en tu cuarto (al que, por cierto, no nombra en todo el texto, aunque si a su hijo, David, un economista anarcocapitalista ¡Agarrense, que vienen curvas!). El libro es simplemente hijo de su tiempo. De un tiempo, esos años de crecimiento interminable que terminaron en la crisis que vivimos, en el que los mercados sí parecían mecidos por esa mano invisible que les conducía, y nos conducía, a la perfección económica. Una lástima que la mano tuviera las uñas sucias y que bajo su invisible dirección se escondieran rastreras artimañas que solo buscaban el enriquecimiento rápido de esa misma mano.

Es un buen libro, fácil de leer, amable, didáctico, divulgativo; pero peca de optimista. Su fe en el libre mercado, en los mercados perfectos que nos conducían al mundo de la verdad, fe compartida por buena parte de la sociedad; se desinfló un tanto poco después de pasar el libro a las imprentas.

Aprovechable con actitud crítica.

 

Entradas relacionadas

“La caída de los gigantes” de Ken Follet. 1000 páginas para una década.

Morir de éxito. ” La Nación inventada” de Ignacio Escolar e Ignacio Escolar

3 comentarios

Archivado bajo Actualidad, Economía, Libros