Antisemitismo y dictadura

Estoy leyendo Ávila… cuando emigraban las cigüenas (1936-56) de Carlos Sánchez-Reyes Palacios. Aunque cuando acabe de leerlo le dedicaré una pequeña reseña en este mismo lugar, voy a ofrecer un “llamativo” adelanto. El libro narra los acontecimientos y la vida diaria de la ciudad de Ávila durante la Guerra Civil y los primeros años de la Dictadura desde dos puntos de vista: la experiencia personal del propio autor y el medio de comunicación por antonomasia en la ciudad y en la provincia: El Diario de Ávila.

Los extractos de noticias y editoriales de este último son especialmente útiles a la hora de retratar el armazón ideológico de los rebeldes y del régimen totalitario que se impuso en todo el país tras la victoria de los sublevados. Un régimen establecido a sangre y fuego y que supuso el asesinato de una buena parte de la población, aquellos que a ojos de los vencedores encarnaban la “Antiespaña”. ¿Y quienes formaban parte de esta? La terna de sospechosos habituales que se convirtieron en los enemigos del régimen: los rojos, los masones y los judíos.

El antisemitismo de los sublevados tenía más que ver con su alineación con los regímenes fascistas europeos que con la existencia en España de una auténtica “cuestión judía”. Las comunidades judías que pudiesen existir en España antes del Golpe de Estado del 18 de Julio eran escasas en número y en importancia y desde luego nunca habían supuesto un problema grave de convivencia u orden público. A pesar de esto, los judíos eran presentados a la opinión pública como los causantes de muchos de los males de la nación: conspiraban contra España, ensuciaban la raza española, eran los impulsores del marxismo que mancillaba Europa, etc.

Este pensamiento racista, que todos sabemos las consecuencias que tuvo en Europa, está presente también en las páginas de “El Diario de Ávila”. Bajo el título “La Bestia Judía” el medio abulense publicó una serie de artículos firmados por D. Felipe Robles Degano, profesor del Seminario. En uno de ellos, el autor propone “un plan que no desmerece de la solución final que Hitler aplicó en Alemania”:

“1º) Matar a todo judío, masón o rojo que haya intervenido activamente en el proyecto, dirección o ejecución del plan revolucionario: “Maleficos non patiens viveres”, no tolerarás que vivan los malhechores, mandó Dios en el Éxodo (c21,18)

2º) Entrar a mano armada en las naciones dominadas por la bestia judía, para exterminarla, como estamos haciendo en España.

3º) Confiscar todos los fondos y valores que judíos, masones y rojos tienen depositados en cualquier establecimiento o empresa.

4º) Prohibir a los jóvenes judíos estudiar en universidades y colegios nacionales, cerrar las sinagogas, todas las logias masónicas y los centros socialistas o rojos. Prohibirles el ejercicio de toda profesión o cargo público.

5º) Quemar todo impreso escrito por los judíos, masones o rojos y cualquier libro que la censura eclesiástica juzgue digno de reprobación.

Los particulares deben abstenerse de comprar en tiendas de judíos, masones y de tener amistad con ellos”

El artículo se publicó en Enero de 1937. Sobran las palabras.

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