¿#Nolesvotes?

Si usted frecuenta eso que llamamos redes sociales habrá asistido en los últimos días a los primeros pasos de un movimiento de rechazo a los principales partidos políticos denominado No les votes. También es posible que haya leido opiniones a favor y en contra del movimiento. Las opiniones a favor suelen estar firmadas por sus impulsores y, en general, por aquellos ciudadanos descontentos con los partidos y, en especial con la Ley Sinde. Las opiniones en contra suelen salir desde dentro de los propios partidos y desde sus cercanías (afiliados, militantes, simpatizantes, etc.) No todas, en uno y otro bando, son muy afortunadas.

Seamos sinceros: esta opinión que van ustedes a leer, si siguen a estas alturas leyendo, surge de alguien que está a medio camino entre unos y otros. Soy afiliado a un partido político (pago religiosamente mis cuotas) pero no me gusta como funcionan, ni me gusta por supuesto la Ley Sinde. Esto no quiere decir que sea imparcial ni que me encuentre en posesión de esa quimérica verdad que dicen se encuentra en el centro (sea eso donde sea), solo expongo lo anterior para que sepan con quien hablan (o a quien leen).

La Ley Sinde, que ha servido de catalizador de este movimiento, no es el principal problema de este país. Es una mierda, sí, no va servir para nada, también, responde a las presiones de un lobby cercano al gobierno y a las “sugerencias” de otros paises, es verdad; pero resulta sorprendente que hayamos tenido que esperar a su aprobación para montar las barricadas. ¿Y el paro? ¿Y la fractura del Estado del Bienestar? ¿Por qué no hemos salido a las calles por esto? La Ley Sinde es importante, muy importante, incluso si no lo fuera no podríamos reprochar a nadie que luchara por defender su posición al respecto; pero echo en falta que el movimiento tenga miras más amplias. Que una sociedad como la española se movilice es positivo, que lo haga solo por esto es chocante. A mi me gustaría ver movimientos, o a este mismo, defendiendo la Sanidad Pública, la Educación Pública, la Ley de Dependencia; luchando contra el maltrato o apoyando causas cien veces más importantes que esta. Me dirán que es un movimiento de hartazgo hacia toda nuestra clase política. En primer lugar esto no es del todo cierto, señalan a PP, PSOE y CiU, los que votaron afirmativamente a la Ley Sinde; y en segundo lugar es caer de nuevo en el viejo y dañino tópico de que son todos iguales. Incluso entre esos tres partidos hay evidentes diferencias. Sí, también dicen que lo que buscan es una ciudadanía informada y que no piden a nadie su voto o su abstención; pero primero señalan con el dedo a los malos de la película.

Con todo, me alegro mucho de que por fin estén surgiendo estos movimientos. De que por fin, sea como fuere, haya gente implicándose en la defensa de sus intereses y de sus ideas. Movimientos de base que permitan al ciudadano organizarse, opinar y aportar. La Ley Sinde no es el principal problema de este país pero sí es un síntoma del mal funcionamiento de los partidos políticos. Creo que era Ernesto Guevara (Che Guevara) quien decía que las ideas sin organización no sobrevivirían. Hoy en día el problema es que los partidos políticos, la organización, se ha convertido en muchas ocasiones en un bunker refrigerado donde las ideas ni se crean, ni se destruyen, ni se transforman. El reto de los partidos es abrirse a la sociedad, escucharla y responderla. Los partidos no son permeables a la ciudadanía que les rodea porque tan solo una minoría tiene voz y voto dentro del búnker. No quiero decir que los partidos sean poco democráticos, que en ocasiones lo son, quiero decir que muy poca gente participa en la vida de los partidos políticos que luego toman las decisiones. ¿Cuántas personas decidieron el candidato a la Comunidad de Madrid del PSOE? ¿Cuántas toman la decisión en Barcelona? Y menciono estos casos por no hablar de la digitocracia de otros partidos.  Por suerte o por desgracia, hasta que encontremos una forma más efectiva y representativa de tomar decisiones en democracia, los partidos son y serán fundamentales. Que nuestros partidos gocen de buena salud, que nuestros partidos funcionen bien, hará que nuestra democracia funcione y esto será más fácil cuanto más gente se implique en el día a día del sistema.

Internet y las redes sociales han abierto una ventana en el búnker de la partitocracia pero todavía es estrecha. Estas iniciativas, aunque se puedan equivocar en los objetivos y en las formas, ayudan a ensancharla.

Bienvenidas sean todas, aunque no compartamos sus ideas, aunque esta vez no estemos de acuerdo.

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