Economía, catalanes y “acting white”

El mundo está lleno de gente con problemas. Hay personas que consume drogas, otras dilapidan sus ahorros en las máquinas tragaperras y a otras nos ha dado por leer libros de economía. Supongo que habrá gente que lo haga por placer, allá cada cual con sus perversiones sexuales, pero en mi caso creo que es por algún tipo de demencia o complejo.

He leido un par de cosas de Krugman y Stiglitz, incluso llegué a leerme un artículo de Friedman (padre). De este último creo que voy a tardar en recuperarme, así que ahora intento dirigirme hacia lecturas más ligeras. Libros de economía que no sean de economía. Un par de conceptos económicos generales, cuatro anécdotas y tres estadísticas. Cosas digeribles, vamos.

Leí hace un tiempo “El economista camuflado” de T. Harford y el otro día, al pasar por el escaparate de mi librería de cabecera vi un libro del mismo autor en edición de bolsillo. Se titula “La lógica oculta de la vida” y en breve estará por aquí un pequeño comentario al respecto.

Ando por la página 200, más o menos, y el autor anda explicándome cosas relacionadas con la teoría del juego, las elecciones racionales, y la “discriminación racional” o estadística. Hablando del rechazo que sufren por parte de sus comunidades los afro-americanos que asumen actitudes, costumbres u objetivos asociados a comunidades blancas (“actuar como un blanco” o “acting white”) me he encontrado con el siguiente párrafo, que comparto con ustedes (la negrita es mía):

“…es común que las minorías marginadas desconfíen de aquellos que están descuidando los intereses específicos de la comunidad en favor de las aptitudes que se valoran en el mercado mundial. Fryer hace referencia a versiones análogas de «actuar como un blanco» en comunidades tan diversas como la clase obrera británica (lo que, ciertamente, se ajusta a mi propia experiencia en el colegio), los inmigrantes italianos en el sector oeste de Boston, los maoríes de Nueva Zelanda, y los burakumin, tradicionalmente la casta más baja de Japón.19 Su ejemplo favorito es el del niño pequeño catalán, en España. ¿Aprende catalán, un idioma hablado y valorado sólo por la población de esa región, indicando así que será miembro de esa comunidad local de por vida? ¿O aprende programación informática, lo cual es útil en Cataluña pero también en cualquier otro lugar? Esta última opción constituye una vía de escape, y aunque ésta nunca se tome, su sola presencia indica que el geek informático catalán no es del todo digno de confianza. Así como el empresario racional elige no ascender a la recepcionista que está estudiando para convertirse en abogada, un niño catalán racional elegirá no hacerse amigo del entusiasta programador”

El ejemplo está tomado del trabajo “A Model of Social Interactions and Endogenous Poverty Traps” (pdf) de Roland G. Fryer, profesor de la Universidad de Harvard y miembro de la Oficina Nacional de Investigación económica.

Y ahora no me digan que la economía no es, en ocasiones, divertida y sorprendente.

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Archivado bajo Libros, Política

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