Laicismo: Francia y España

Sarkozy tiene un problema y está intentando resolverlo por todos los medios. El problema es el avance del Frente Nacional, el partido de la ultraderecha francesa – ellos se consideran de centro-derecha – liderado durante años por Jean Marie Le Pen y ahora por su hija, Marine Le Pen; que en las últimas elecciones cantonales obtuvo el 10% de los votos y al que algunas encuestas, poco fiables eso sí, colocan como segunda fuerza detrás de los socialistas. Y es un problema para el Presidente de la República francesa porque el avance del FN se basa en una continúa sangría de votos por la derecha para su partido, la UMP (Unión por un Movimiento Popular).

Como decía, Sarkozy está haciendo todo lo que está en su mano para atajar el problema: encabeza la coalición aliada que bombardea Libia, frena la Guerra Civil en Costa de Marfil y se abraza a la bandera francesa para reforzar su imagen de duro hombre de Estado e intentar dar un vuelco a las encuentas. En 2009, en una situación similar y con motivo de acontecimientos de gran trascendencia – una pitada a la Marsellesa en un campo de futbol – el Gobierno de Sarkozy lanzó a la sociedad francesa una pregunta “¿Qué es para usted ser francés?” para intentar descubrir las esencias patrias galas y para que los ciudadanos aportasen iniciativas para reafirmar la identidad nacional. Hoy, el Gobierno francés centra el debate en la cuarta pata de la identidad francesa. Ya saben: Liberté, égalité, fraternité, laïcité. Aunque me haya tomado la libertad de modificar levemente la enumeración, convendrán conmigo en que la laicidad de la República Francesa es también parte de su identidad. Una laicididad que, hasta hoy, nada tenía de anticlerical, basada en el respeto entre la mayoritaria Iglesia Católica y el Estado. Así lo entendía al menos la Conferencia Episcopal gala que hablaba así en 1996 sobre la laicidad del Estado francés: “La separación de la Iglesia y del Estado, después de un siglo de experiencia, puede verse como una solución institucional que, permitiendo de manera efectiva distinguir lo que concierne a Dios y lo que concierne al César, ofrece a los católicos de Francia la posibilidad de ser actores leales a la sociedad”

Hoy en día, cuando el Gobierno francés habla de laicidad no está hablando de la separación entre la Iglesia católica y el Estado, tema por fortuna para los franceses superado: está hablando de la integración de las minorias religiosas en el día a día de la República y en la articulación de esa sociedad multicultural de la que presumía Francia hasta hace no mucho. El debate actual tiene como objetivo “regular algunos usos polémicos del islam” y se centra en el endurecimiento del Código de Laicidad, normativa legal aprobada por Chirac en 2004, y de los textos legales que desde 2010 impiden usar burka en el espacio público. Aunque en Francia la religión musulmana es ya la segunda confesión con mayor número de fieles (6%), como apuntabamos, el debate tiene mucho más que ver con las necesidades electorales de Sarkozy que con la existencia de un verdadero problema religioso, aunque exista de fondo un problema no abordado referente a la integración de estos ciudadanos e inmigrantes.

A pesar de estar viciado por los intereses electorales de la UMP, el debate abierto puede resultar útil traido hasta nuestra piel de toro. En España, las religiones no católicas representan un exiguo 2,6 % de la población según datos del INE, así que cualquier problema religión-Estado está protagonizado por el pez gordo del acuario religioso patrio: la Iglesia católica, intermediaria ante Dios para el 73% de los españoles. ¿Existe en España una separación real entre la Iglesia y el Estado? ¿Es España, como dice la Constitución, un Estado aconfesional? ¿Necesitamos avanzar hacia el laicismo? ¿Hemos escapado de las sotanas de los curas y de los hábitos de las monjas?

Sin profundizar mucho en el tema, les diría que no, que en 30 años de democracia no hemos avanzado mucho en la aconfesionalidad del Estado. En España se sigue procesando a gente por delitos contra los sentimientos religiosos, siguen existiendo capillas en las universidades y crucifijos en las escuelas públicas, sigue sin cumplirse el Concordato Iglesia-Estado en lo referido al sostenimiento económico de la Iglesia y la jerarquia católica sigue intentando imponer su codigo moral a la totalidad de la sociedad con el respaldo del principal partido de la oposición, que hace de las peticiones católicas parte de su programa: aborto, divorcio, matrimonio homosexual. Programa de máximos que la jerarquía católica defiende en la calle con manifestaciones, concentraciones y mítines. Además, aterrorizado por las posibles consecuencias electorales de su promulgación, el Gobierno del rojo y anticlerical Zapatero, se echó atrás a la hora de impulsar una Ley de Libertad Religiosa que regulase el papel del Estado frente a las religiones. En España, a pesar de su evidente necesidad, no existe un debate que aborde el papel de las religiones en la vida pública y la situación de privilegio de la Iglesia Católica. Las únicas iniciativas legislativas relacionadas con este asunto, la relación religión-sociedad, han seguido la linea marcada por Sarkozy en Francia: La prohibición del velo integral en espacios públicos y la sanción a las victimas persiguiendo intereses meramente electoralistas. Demagogia y populismo.

Quedan pocos días para que comience un año más la Semana del Orgullo Católico (a.k.a. Semana Santa) y para que esa manifestación folclorico-religiosa vuelva a cortar el tráfico en el centro de nuestras ciudades  y alteren nuestro calendario laboral y escolar. Procesiones y actos religiosos que suponen gastos para el Estado (también ingresos por turismo, eso sí), retransmitidos por televisiones y radios públicas. ¿Es esa la España aconfesional de la Constitución? ¿Es aconfesional el Estado que sigue considerando los lugares de culto católicos como dotaciones públicas? ¿Es aconfesional el Estado que paga con los impuestos de los ciudadanos la catequesis en centros escolares?

En España, un alto porcentaje de las leyes son papel mojado desde que se promulgan. La Constitución, por desgracia, es un ejemplo más. La aconfesionalidad efectiva del Estado no debe ser solo un conjunto de palabras escritas en una ley, debe ser una realidad por sanidad democrática, para asegurar la convivencia entre las distintas confesiones y los derechos de aquellos que no profesan ninguna religión.

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1 comentario

Archivado bajo Actualidad, Política

Una respuesta a “Laicismo: Francia y España

  1. Rodolfo Plata

    LOS VALORES SUPREMOS DE LA TRASCENDENCIA HUMANA Y LA SOCIEDAD PERFECTA, DEBEN ORIENTAR LOS OBJETIVOS DEL CURRÍCULO ESCOLAR LAICO, A FIN DE ALCANZAR LA SUPRA HUMANIDAD. La relación entre la fe y la razón, la religión, la ciencia y la educación, se enmarca en el fenómeno espiritual de la trasformación humana abordado por la doctrina y la teoría de la trascendencia humana: conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). La paideia griega tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad) y la sabiduría (cuidado de la verdad), mediante la práctica continua de ejercicios espirituales (cultivo de sí), a efecto de prevenir y curar las enfermedades del alma. El educador, utilizando el discurso filosófico y la discusión de casos y ejemplos prácticos, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el currículo y objetivo de la filosofía griega. Y por su autentico valor pedagógico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el currículo y la metodología de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Isócrates, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido a que la mitología del Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar retomando la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su teología fantástica que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD

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