House se va.

Quizá no sea el tipo más simpático del universo, el mejor amigo, el tipo de persona con el que nos gustaría compartir piso o asiento en un autobús; pero es un genio. ¿Es eso una excusa? Supongo que no. Quizá la superioridad intelectual debería estar acompañada también de superioridad moral y de grandes dosis de humildad pero si así fuera, si el personaje del que hablamos fuese un genio humilde, un Guardiola de la medicina, no estaríamos hablando de él. Es un genio imperfecto y sarcástico, brillante y oscuro, un infeliz armado con un bastón que mira por encima del hombro a los que le rodean. Vamos a reconocerlo, Gregory House es el tipo de hombre que todos querríamos ser. Bueno, quizá no todos, y quizá tampoco exactamente igual que él; pero a mi me encantaría ser, un poco, como House.

 Hugh Laurie, el actor británico que encarna al Doctor House, ha anunciado que está cansado, que no es feliz dedicando diez meses cada año a la grabación la serie, y que la octava temporada puede ser un buen punto final para el personaje. Habrá gente que crea que ya iba siendo hora de acabar con una serie que repite una y otra vez, capítulo tras capítulo, el mismo esquema: paciente, enfermedad, diferencial, error, diferencial, error, diferencial, solución.

 Quienes pensáis esto, quienes pensáis que House no es más que una serie de médicos, no habéis comprendido nada en siete temporadas y de nada os servirá ver la octava.  House es más que una serie de médicos. House es la historia de una persona que casualmente es médico y va mucho más allá de la medicina, las enfermedades complejas, el lupus y las frases ocurrentes. House es una gran historia, extraordinariamente contada, con capítulos memorables. House es el tipo de serie que nunca haría una cadena generalista española, especialistas en el maltrato visual y embarcadas en bodrios dramáticos como Gran Reserva, en comedias hispánico-casposas como Buenagente, en la repetición de viejos esquemas como sucede en Doctor Mateo o en creaciones incalificables como Piratas. El éxito y la calidad de House es más evidente cuando se pone al lado de series como Hispania, donde una gran historia es arrastrada por diálogos vacios y forzados, planos repetidos desde que Mercero grabó Farmacia de Guardia y actores que igual interpretarían a un alienígena que a un soldado romano. Cualquier capítulo de House, por no hablar de los capítulos finales de cada temporada, es más complejo que temporadas enteras de series de éxito en España.

 El consuelo que nos queda es que aunque House se vaya para no volver, aún nos quedan docenas de grandes historias narradas en forma de serie. El drama es que ninguna de ellas se hace en España. Nos tocará seguir leyendo subtítulos.

 Que Jacob (lease yeicob) bendiga Internet.

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