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El mito del buen indígena, Grecia y los mercados

El sábado, mediante teleconferencia, los ministros de Economía de la Eurozona dieron luz verde al nuevo tramo de prestamos de emergencia comprometidos en el plan de Ayuda a Grecia. 12.000 millones de euros que permitiran a Grecia sobrevivir hasta después del verano y que la Eurozona solo ha liberado después de que el gobierno socialista griego sacara adelante en una apurada votación, y con buena parte de la sociedad griega protestanto frente al parlamento, un nuevo paquete de recortes, reformas y privatizaciones por valor de decenas de miles de millones de euros.

Pero, a pesar del rescate o precisamente por él, Grecia está jodida. Lo podría decir de otra manera, pero sería edulcorar la realidad. A los griegos les esperan décadas de penurias y sacrificios, capítulos y más capítulos de una de las tragedias económicas más largas jamás escritas y la de más dudoso final. ¿Caerá Grecia al abismo? Aunque hay que recordar que incluso al borde del abismo caer es solo una de las posibilidades, quizá en este caso Grecia no esté al borde del abismo, si no precipitándose ya al vacio. Quizá a Grecia solo le resta saber como de profundo es el pozo y como de doloroso va a ser el encontronazo con el fondo.

Pero ¿quién ha escrito esta tragedia? En España, muy dados a apoyar siempre al más débil, solidarizarnos con todos los quijotes del mundos y mirar con malicia a todo aquel que no parece de los nuestros, una buena parte de la sociedad está segura de que los culpables de todo esto son los bancos, el FMI, la bragueta de DSK y los mercados. Los ciudadanos son inocentes, por supuesto.

El mito del buen indígena o del buen salvaje, que tanto éxito tuvo en la Europa moderna y colonial, sigue vivo y reaparece de cuando en cuando reformulado y adaptado a los nuevos tiempos. Entre los urbanitas existe una versión que idealiza al hombre del campo y al mundo rural, olvidando la falta de servicios, de oportunidades y la despoblación. En los partidos políticos en crisis, el mito del buen salvaje se ha repensado como el mito del buen afiliado de base. La cúpula del partido X ha perdido la esencia del partido pero las bases, el afiliado de a pie, es bueno, santo e ideológicamente puro. Si la cúpula escuchase a las bases, todos los problemas internos del partido se resolverían. Los partícipes de este mito obvian que las bases suelen reproducir fielmente a sus líderes, en lo malo, en lo bueno y en lo peor; y que la voz de las bases no tiene por qué ser sinónimo de razón o de éxito electoral (¿he oido a alguien decir Tomás Gómez?)

Con la crisis económica, el mito vuelve con fuerza. En este caso transformado en el mito del buen ciudadano, de pureza democrática y de nobles principios, enfrentado a los temibles mercados, a la malévola UE, a los sátrapas del FMI y a sus caducos gobiernos. Por lo tanto, los ciudadanos griegos (o los portugueses, irlandeses, islandeses o los españoles, vale para todos) son los buenos y todo lo que hagan debe ser aplaudido porque tienen razón.

¿De verdad son los griegos inocentes en la tragedia que vive su país? Olvidemos por un momento el fraude fiscal, el dinero negro, las familias que cobran pensiones de familiares muertos, la gente que vive por encima de sus posibilidades y demás individualizaciones del cáncer que carcome Grecia. Eliminando todo esto de la ecuación ¿están exentos de responsabilidad aquellos que han sostenido con sus votos, año tras año, un sistema político que mataba lentamente al país y que han participado activamente en él? Los griegos son responsables de lo que sucede porque ellos forman parte y son sustento del sistema que les ha llevado hasta aquí. Sí, los bancos que les concedían créditos y que compraban la deuda del país también son responsables y tendrán que asumir parte de los daños (es evidente que Grecia no puede pagar sus deudas) Sí, la UE también es responsable de lo que sucede ¿quién fue el brillante analista que permitió la adhesión de Grecia a la moneda única? ¿Quién auditaba sus cuentas? ¿Para qué sirve Eurostats si nos es capaz de ver un pufo de miles millones cuando lo tiene frente a sus narices? Sí, el propio diseño de la Unión y de la Eurozona está demostrándose inútil y burocrático y sí, hay que pensar en modificarlo cuanto antes. Sí, el plan de ajuste está más pensado para que Grecia pague sus deudas a toda costa que para hacer que las pague creciendo. Sí, el plan de ajuste está profundizando la recesión, la quiebra de su economía y los griegos lo van a pasar mal y está demostrando ser un desastre. Y sí, más nos vale pensar en otra forma de encarar el problema.

Pero los griegos no son tan inocentes como solidariamente proclamamos. Si mañana hubiese elecciones posiblemente las ganaría el mismo partido que durante años los empujó alegremente al abismo y que mintió descaradamente sobre las cuentas del Estado. Los valencianos no son inocentes de las corruptelas de su Gobierno porque cada vez que votan refrendan la gestión de Camps. Los madrileños son tan responsables de las deudas de su ayuntamiento como Gallardón porque no se cansan de votarle. Dentro de unos meses, los españoles seremos responsables de los recortes de Rajoy porque para eso le habremos votado. De igual manera, los griegos son responsables de lo que sucede en Grecia porque sin su participación activa el abismo no estaría bajo sus pies. El mundo real no suele ser una lucha en la que podamos identificar inequívocamente a buenos y malos.

Sin dejar de solidarizarme con aquellos que lo están pasando mal, no puedo dejar de afirmar que los griegos son parte del problema y, en buena medida, responsables de parte de la situación que viven. Pero ahora el problema es otro: Grecia está eligiendo entre la muerte y la muerte dolorosa. El gobierno prefiere una y el pueblo otra, pero no tengo claro cual quiere cada uno.

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Castilla y León: pasado, presente y ¿futuro?

Estudia y vete

El pasado sábado, 23 de Abril, Castilla y León celebró su día de la comunidad conmemorando la derrota de los ejércitos comuneros encabezados por Bravo, Padilla y Maldonado frente a las tropas del Rey Carlos I, entre las que se encontraban buena parte de la alta nobleza del reino. Históricamente, la decapitación de la sublevación comunera es un acontecimiento vital en el desarrollo histórico de Castilla -entendiendo Castilla como se entendía en la época- de España y de Europa. Es el triunfo del centralismo imperial de la Corona frente a las ciudades castellanas, y es el triunfo de la Corte, del rey y de la alta nobleza, sobre la incipiente burguesía urbana. Hay quienes señalan al movimiento comunero como la primera revolución moderna, otros la tildan de nacionalista y los más aventurados de democrática. Es un acontecimiento de importancia capital en la Historia, pero lo que se conmemora es, también y sobre todo, una derrota. ¿Se pueden celebrar las derrotas?

El 23 de abril de cada año, miles de castellanos (entiéndase este término como abreviatura del gentilicio castellanoyleones) se acercan al municipio de Villalar de los Comuneros, a la campa y al monolito que recuerda el lugar donde se levantó el cadalso destinado a los generales comuneros. Curiosamente, ese mismo día es festivo en otras regiones (Cataluña y Aragón), en algunas ciudades (Cáceres) y, además, es el Día Internacional del Libro. Esta coincidencia nos permite llevar a cabo un curioso ejercicio: comprobar cuan importante es a nivel informativo la conmemoración de un día tan importante frente a otros acontecimientos menos decisivos en la historía de la humanidad. Si ustedes vieron algún informativo en radio o televisión o leyeron la prensa, seguramente tengan la misma impresión que yo: que Castilla y León, como Comunidad autónoma, y su festividad tienen la misma transcendencia a nivel nacional que la fiesta de mi barrio o las reuniones de mi comunidad de vecinos. La versión catalana del día de San Jorge, el libro y la rosa, copa todos y cada uno de los medios de comunicación dejando en un segundo plano la celebración del Día Internacional del libro, festividad que parece subsidiaria de la primera, como si el tal Jorge hubiese matado al dragón golpeándole hasta la muerte con una edición en rústica del libro gordo de Petete.

La celebración del Día de nuestra Comunidad Autónoma nos permite ver, en vivo y en directo, que su peso específico en clave política es mínimo, que su voz no es importante. En roman paladino, que importamos un pimiento. En el fondo, es algo que todos sospechabamos. España es Madrid, Cataluña, el Pais Vasco, las fiestas de Andalucía, los campos de golf y la corrupción. Entre todas esas zonas hay tierras estériles que sirven de firme para los medios de transporte y a las que nos empeñamos en poner nombres (Castilla y León, Aragón, Extremadura, etc) cuando bien podrían llamarse Tierra Yerma 1, Tierra Yerma 2, etc. ¿Por qué nos pasa esto? ¿Por qué a nadie le importa qué sucede en Castilla y León? ¿Somos algo más que un fin de semana de vacaciones? ¿Podemos hacer algo para cambiar esta situación? ¿Llamamos ya al Comando Chindasvinto?

Es evidente que la configuración política actual del Estado no favorece a nuestra comunidad autónoma, pero antes de lanzarnos a buscar respuestas victimistas y culpables foráneos, deberíamos preguntarnos que estamos haciendo nosotros mal. A bote pronto, CyL tiene una economía anquilosada, extraordinariamente dependiente de 3 o 4 motores (industria automovilística, agroalimentaria y turismo), incapaz de generar empleo una vez muerto y enterrado el ladrillo y que tiene pinta de no ir a mejorar a corto plazo. Este cuadro bien podría aplicarse al resto de comunidades autónomas, en mayor o menor medida, pero en Castilla y León esta enfermedad económica tiene un síntoma grave, peculiar y autóctono: la despoblación. Castilla y León ha perdido más de 10.000 habitantes en los últimos dos años mientras la población del conjunto de España seguía aumentado. Despoblación que, además, no solo afecta a áreas rurales, o al abandonado oeste de la comunidad. Y no, no es que la gente se muera, es que la gente se va. La despoblación afecta a toda la comunidad y es especialmente grave si se observan de cerca los datos: la mayor parte de las personas que dejan la comunidad son jóvenes en edad de trabajar. Jóvenes, muchos de ellos formados, que abandonan la comunidad porque en ella no encuentran trabajo. Aunque algunos de nuestros dirigentes vean en esto un síntoma de la salud de nuestro sistema educativo, es una prueba evidente de la grave situación de nuestra comunidad, de su comatosa economía, de su complaciente sociedad y de su inoperante Junta. Las cifras de la “diáspora castellana” son preocupantes. Como denuncia IU, fuera de Castilla y León viven más de un millón de personas nacidas en Castilla y León, frente a los escasos dos millones que viven dentro de sus límites. Si la sangría continúa, dentro de unos años el día de Castilla y León será más celebrado fuera de sus fronteras que dentro, algo que ya sucede en algunas provincias. Si existiese un día de la provincia de Ávila, 250.000 personas lo celebrarían fuera de la provincia frente a los 165.000 habitantes que aún permanecen en ella.

Además de un síntoma, el éxodo económico de muchos jóvenes es un oscuro presagio para su futuro ¿Tiene futuro una comunidad autónoma que está cada día un pasito más cerca de convertirse en un enorme geriátrico? Quizá sea esa la única promesa que deberían hacernos nuestros políticos en esta campaña electoral: futuro. Ni carreteras, ni puentes, ni planes de choque, ni aeropuertos, ni terminales, ni museos, ni centros, ni nada. Que nos prometan que los castellanos vamos a tener futuro, que los jóvenes de CyL vamos a tener un futuro en nuestra comunidad si decidimos quedarnos, o si decidimos volver; que los trabajadores de la comunidad van a tener futuro, que las familias van a tener futuro, que existe un futuro para las zonas rurales, para las pequeñas ciudades y para los pueblos.

Que nos prometan, en definitiva, que Castilla y León aún tiene futuro. Creo que con eso nos conformaríamos muchos.

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Operaciones de tesorería

La semana pasada nos enterabamos por la prensa de que el Ayuntamiento de Ávila había llevado a cabo una “operación de tesorería” por valor de 3 millones de euros sobre ingresos previstos en el presupuesto, con el objetivo de dotarse de liquidez. Para la citada “operación” presentaron ofertas tres entidades bancarias (BBVA, Caja España/Caja Duero y Caja de Ávila) siendo finalmente adjudica al BBVA, banco que presentó las mejores condiciones. (Aquí pdf del acta de la Junta de Gobierno)

La noticia, expresada en terminos parecidos a los del parrafo precedente, fue replicada (es decir: clonada, copiada, reproducida sin apenas variaciones) por todos los medios locales (aquí y aquí) y por algunos regionales. Mismos titulares, mismo contenido. Tan solo El Mundo CyL se descuelga un poco y titula “El Ayuntamiento de Ávila ‘se rescata’ con ingresos previstos en el presupuesto”. En ningún medio se va más allá de la nota de prensa, en ningún medio se profundiza. ¿Por qué se toman estas medidas? ¿Van a tener algún coste para los abulenses?

En román paladino, el primer parrafo de este post viene a decir que el Ayuntamiento no tiene liquidez (dinero, pelas, euros, money) para acometer los pagos a proveedores y las nóminas de los empleados. Y que, ante la necesidad de efectuar esos desembolsos, se acude a una entidad bancaria para que le adelante un dinero que en teoría va a recibir en el futuro. Más o menos, como si usted se acerca al banco y le pide a Botin, con una sonrisa en la cara, un adelanto de la nómina del próximo mes. No es el fin del mundo, en absoluto, usted no ha quebrado, pero esta situación habla poco bien de sus habilidades gestionando sus ingresos ¿No cree ahora que comprarse aquel BMW con su sueldo de mileurista era un tanto arriesgado?

En este caso, el Ayuntamiento no está en la quiebra, ni es el primero que recurre a este tipo de operaciones, por otra parte totalmente legales; pero que esto suceda pocos meses después de aprobar un presupuesto municipal que nos vendieron como “responsable” nos debería hacer sospechar de la habilidad del equipo municipal.

Evidentemente, esto no es gratis. El BBVA no es una ONG ni una sucursal de las Hermanitas de los pobres. La “operación de tesorería” tiene un coste y se lleva a cabo a cambio de unos intereses de “euribor trimestral + 2.5” ¿Y cuanto es esto? Según mis cálculos (soy de letras, puedo equivocarme en esto) son unos 50.000 euros, aunque por internet hemos barajado cifras más altas (hasta 100.000 euros). Sea como fuere, ese dinero va a salir del bolsillo de los abulenses. De confirmarse la cifra más alta, serían 16 millones de pesetas que los abulenses van a pagar via impuestos por la mala gestión del Ayuntamiento y de su Alcalde. La culpa, como todos sabemos, es del malvado Zapatero, que obligó al Alcalde, a punta de pistola, a meterse en proyectos costosísimos como el Palacio de Congresos, inútiles como la ampliación del aparcamiento del Rastro o a urbanizar todo el campo desde la Plaza de Toros hasta Sonsoles, llenándolo de preciosas avenidas de cuatro carriles y de rústicas rotondas.

¿Y por qué los medios locales no nos hablan de esto? ¿Por qué no nos dicen cuanto nos cuesta la hábil gestión del Alcalde?

Antes de la respuesta, una breve parada en el camino. Esta mañana hemos sabido que la provincia de Ávila es la que presenta una mayor inflación, un punto por encima de la media nacional (4,6% frente a 3,6%). ¿Señal de la expansión económica de la capital? A la vista de otros indicadores, yo diría que no. Los precios son empujados por la subida de los carburantes, igual que en el resto del país, pero en mucha mayor cuantia (22,7% frente a 17%) Si algo nos ha enseñado el capitalismo, es que la libre competencía tira a la baja los precios. ¿No será que en Ávila no existe apenas competencia entre los suministradores de derivados del petroleo? ¿Y esto por qué será? ¿Han comentado algo los medios? Sí y no. Algo apuntan, pero lo hacen a través de las palabras del portavoz de la organización de consumidores, que tampoco se moja en exceso.

Siendo malos, podíamos pensar que en el segundo caso, el extraño caso del IPC abulense, el silencio de los medios se debe a una razón meramente económica. Claro, pensamos nosotros con cara de corredores de seguros, como los medios tienen que vivir de la publicidad, no van a meterse contra las gasolineras porque eso les puede suponer perder ingresos. ¡Ya tenemos una respuesta! Recuerde, no lo he dicho yo, usted ha llegado solo a esa conclusión.

Ahora, relacionemos nuestro razonamiento del IPC con el caso de la “operación de tesorería” ¿Por qué los medios no profundizan en las causas y consecuencias de la citada operación? Exacto. Los medios no pueden entrar en esos asuntos peliagudos porque sus principales ingresos y su subsistencia dependen de su buena relación con las instituciones y con los partidos que las gobiernan. A modo de ejemplo, si el medio X se pone a malas con el Partido Z y este partido controla determinadas instituciones, adiós a la publicidad derivada de ellas y, por lo tanto, adiós al medio de comunicación.

Los medios locales están atados por la publicidad y las licencias que conceden las mismas instituciones a las que, en teoría, deben controlar. ¿Cómo van a cumplir con su papel si su futuro depende, en muchas ocasiones, de mantener la boca cerrada? ¿Cómo van los ciudadanos a saber, a decidir, si la información les llega filtrada por los intereses ecónomicos de los medios?

No podemos esperar que la prensa local o regional, en Ávila, en Castilla y León o en la China Popular; sea crítica con la mano que le da de comer y eso es perjudicial para nuestra democracia porque impide que los ciudadanos tenga en su mano toda la información necesaria para decidir cómo ejercer su derecho al voto. Por desgracia, no podemos exigir que una empresa privada que se suicide económicamente, pero si podemos exigir a nuestros representantes políticos e instituciones a actuar con la máxima responsabilidad y transparencia, también a la hora de conceder licencias o contratar publicidad.

En el fondo, el silencio también es una operación de tesorería.

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El PSOE quiere enterrar Ávila (y otras tonterías populares)

En Ávila no hay un alcalde socialista desde la II República. El último, D. Eustaquio Meneses, murió en prisión después del golpe de Estado de Julio de 1936 y de no haber muerto entre rejas lo habría hecho a manos de los sublevados, como la mayor parte de aquella corporación municipal. Desde entonces, el Gobierno municipal ha estado ocupado por regidores conservadores de distintas orientaciones, militares y adeptos al régimen durante la Dictadura, miembros de los distintos partidos de centro-derecha (AP-CDS-PP) desde el retorno de la democracia.

A pesar de esto, el culpable de la situación actual de la capital abulense es el PSOE. Y no lo es por desconocimiento, incapacidad o estulticia; lo es por maldad. El PSOE es responsable consciente de lo que sucede en Ávila,  “quiere enterrar la ciudaddice el PP abulense. Y no solo lo dice el Partido Popular, las fuerzas vivas de la sociedad abulense, ejemplo de independencia, progreso y buen hacer, opinan lo mismo. Pablo Luis Gómez, expresidente del Casino Abulense, afirmó ayer en las páginas del Diario de Ávila que el “continuo impulso” que vive la ciudad hasta el año 2007 se ha visto detenido por “por dos crisis, la general, que nos afecta a todos los españoles, y una segunda crisis particular, en la que está empeñada el Gobierno socialista: que Ávila no levante el vuelo

Ya lo ven, el PSOE quiere destruir la ciudad, enterrarla, machacarla, reducirla a cenizas. Ni el PP ni este buen señor aclaran porque el PSOE la tiene tomada con la ciudad, pero seguramente tenga que ver con que Ávila siempre ha sido la reserva moral de occidente, el faro conservador que guía a España y a Europa para hacer las cosas como Dios manda y ya se sabe que el PSOE está lleno de ateos y rompepatrias. Sin Ávila y sin la Santa, España sería roja y estaría rota, o algo así. El PSOE sabe, o intuye, que si acaba con Ávila acaba con España, objetivo último del partido en el Gobierno. Nos han pillado, camaradas, esconded las palas y picos, ya destruiremos España otro día.

Esto es tan solo una hipótesis de trabajo, pero manejo otra: que el Alcalde, el PP y sus satélites estén escurriendo, otra vez, el bulto.

Seamos sinceros, la gestión del PSOE en el Gobierno de la Nación no está siendo, últimamente, brillante, pero acusar al PSOE de todos los males de la ciudad y de intentar destruirla conscientemente es una excusa muy cogida con pinzas. ¿O acaso es el PSOE responsable de la inexistente política industrial y de empleo del Ayuntamiento y de la Junta? ¿Se dejó el PSOE los fondos del Ayuntamiento en el Palacio de Congresos o fue el PP? ¿”La cosa esa del misticismo” que hay frente a la muralla fue idea del PSOE de Ávila? ¿Qué la AP-51 Ávila-Villacastín sea de peaje hasta el año 2036 es culpa de Zapatero? ¿Qué la única idea de futuro para el desarrollo de la ciudad sea el “turismo religioso” es culpa del PSOE? ¿El ma-moneo del Grande lo diseñaron, mano a mano, Tomás Blanco y Zapatero en una mesita de Ferraz?

Claro, se me olvida, la culpa de todo la tiene Rubalcaba que ha recortado plazas en las últimas convocatorias de la Policía Nacional, vaciando las aulas de la Academia de Ávila y el Carrefour de enfrente. Un par de cosas, quizás tres, al respecto. Lo primero, un dato: la promoción más numerosa que ha recibido la Academia fue en el año 2009, también con un gobierno socialista. Seguramente en aquel entonces el plan socialista para destruir Ávila todavía no había echado a andar. En segundo lugar, que el desarrollo de Ávila esté atado a tres únicos motores (Academia de Policía, Nissan, turismo) no es culpa del Gobierno de España, ni de este, ni de los anteriores; es culpa de un Ayuntamiento que prefiere tener un rebaño pequeño y anestesiado para que sea fácil de controlar.

Por último, el PP no puede repetir machaconamente que es necesario hacer recortes y luego quejarse de ellos. No puede tener como eslogan de campaña “Mas sociedad, menos gobierno” (ellos dicen “mejor gobierno” pero ya sabemos por dónde van los tiros) y luego rasgarse las vestiduras cuando ese “menos gobierno” nos toca en casa. El PP de Ávila tendría que ser menos hipócrita y presentarse a las elecciones con propuestas, no con quejas y reproches victimistas. Que asuman su responsabilidad por lo que NO han hecho por la ciudad y por sus ciudadanos.

El exdirector del Casino también dice que “A partir del año que bien, cuando cambie el Gobierno de la nación, España y Ávila van a retomar el vuelo, va a resurgir el tejido empresarial, la cultura, el turismo, y el Museo del Prado debe ser el buque insignia, porque atraerá a miles de turistas a la ciudad, y generará riqueza” Si eso sucede, prometo sentarme en el Grande, con unas sillas de camping y unas palomitas, para ver como las sonrisas y las palmaditas en la espalda, únicas propuestas conocidas de Rajoy y los suyos, generan confianza y como, por arte de magia, “resurge” ese tejido empresarial abulense famoso en el mundo entero.

Voy a guardar la pala, pero la voy a dejar cerca. Si el PP gana dentro de un año me temo que la vamos a necesitar: tendremos que enterrar el futuro de la ciudad y del país.


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¿#Nolesvotes?

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Estamos jodidos

Ayer, el gobierno, los principales sindicatos y las organizaciones empresariales llegaron a un acuerdo global que afecta a la reforma laboral, a la negociación colectiva y al sistema público de pensiones. Días atras, la Vicepresidenta y Ministra de Economia anunciaba la bancarización o estatalización de las Cajas de Ahorro. Antes, el Gobierno anunciaba la supresión del PRODI, la famosa ayuda de 426 a parados sin prestación y su posterior sustitución por ayudas de 350 euros sujetas a la realización de programas de formación. Unas semanas antes, el Gobierno anunciaba la privatización de la gestión de los aeropuertos y de una parte de las Loterias del Estado. Y todo esto después de aquel Mayo maldito que se llevó por delante al Zapatero que ganó las elecciones y que encumbró al Zapatero reformista del “cueste lo que cueste”.

Quizá tengan razón y no haya más opciones. Quizá estamos tan mal que cualquier sacrificio es poco para evitar nuestra caída a los abismos. Quizá no sean caprichos del capital y de sus acólitos y realmente todas estas medidas sean por nuestro bien. Quizá todos esos que se equivocaron y destruyeron su presente, nuestro presente y nuestro futuro, han visto definitivamente la luz, han releido los gráficos y hayan sido iluminados por la verdad. Quizá, ahora sí, vayamos por el buen camino. Sea por esto, porque esta es la única solución, o sea porque definitivamente los mercados han refundado a su antojo el Estado del Bienestar, estamos jodidos. ¡Parcelemos el Estado en cómodas porciones y vendamoselas al peor postor!

Estamos jodidos como ciudadanos, como “progresistas” (signifique esto lo que queramos que signifique) y como jóvenes. Estamos jodidos como ciudadanos porque nuestros representantes políticos y sindicales y el Estado no tienen apenas margen de maniobra. No voy a negar que tenemos parte de culpa en su misería. La política está plagada de personajes de dudosa capacidad, que legislan sin tener ni remoto conocimiento de la realidad que articulan, a los que nos empeñamos en votar año tras año, roben, estafen o se construyan mansiones con nuestro dinero. Esto último es especialmente grave. En el fondo, nos decimos, lo hacen por nuestro bien; o aún peor: nosotros también lo hacemos o lo haríamos si tuviésemos oportunidad. Por otra parte, nos hemos esforzado como ningún país para despojar a nuestros sindicatos de poder de negociación. Ellos tampoco se esfuerzan por lograr nuestro cariño, no seré yo quien los defienda, pero pensar que las huelgas, las protestas y la movilización son para idiotas es de nuestra propia cosecha. Lo del Estado es punto y aparte. Nos vanagloriamos de no pagar impuestos, de defraudar a Hacienda, mientras culpamos a Zapatero, ese liberticida, de todo porque desconocemos los principios más básicos del funcionamiento de nuestra democracia. Pensamos que implicarse es, con suerte, votar cada cuatro años y encima tenemos la mala suerte de que las elecciones caen siempre en domingo, justo el único día que tenemos para tocarnos los huevos, ir al campo, ver fútbol o pasar la resaca.

Estamos jodidos como “progresistas”, aunque dudo de que sea un encasillamiento válido. Estamos divididos, sin un discurso unificador y parecemos escasos de alternativas. Hemos dejado que se derrumbara el Estado del Bienestar que tanto nos había costado construir y encima parecemos los culpables. Es una sentencia ya vieja, pero cada día es más evidente que de la crisis del capitalismo salvaje solo va a salir fortalecido el capitalismo salvaje. ¿Dónde está la eliminación de los paraisos fiscales? ¿Dónde la refundación del capitalismo? ¿Dónde el impuesto a la gran Banca? ¿Dónde la economía social de mercado? ¿Dónde están las alternativas que se esperaban de nosotros? Siendo optimistas, hemos conseguido suavizar el golpe: no nos han roto las dos piernas, solo nos han partido la cara. ¡Viva nosotros!

Y estamos jodidos como jóvenes. No ya porque la reforma de las pensiones nos obligue a trabajar más para cobrar menos; lo verdaderamente difícil es trabajar. ¿Cómo cotizar durante 37 años si apenas podemos empalmar contratos temporales? Eso sí, los becarios de investigación pueden estar tranquilos: sumaran como máximo dos años de cotización por sus becas, aunque se pasen siendo becarios 6 u 8 años. ¡Así avanza la ciencia! ¡Que coticen ellos! Con un 43% de paro juvenil que Alemania ofrezca trabajo a nuestros titulados nos parece una gran noticia, aunque eso signifique regalarles el dinero que el Estado ha invertido en ellos. Nos parece también buena noticia que un grupo de violentos queme contenedores en la Puerta de Sol porque lo interpretamos como un altavoz del descontento juvenil. ¡Abajo el servicio de recogida de basuras! ¡Los contenedores de papel son instrumentos del capitalismo! Estamos jodidos porque hay muchos jóvenes sin formación, sin futuro y sin intereses y porque hay muchos jóvenes con formación y con intereses que son incapaces de movilizar o motivar a los otros jóvenes. Estamos jodidos porque los jóvenes no se sienten participes de los problemas de otros jóvenes, porque hay jóvenes que no piensan en que les sucederá dentro de 30 años o en lo que sucedió hace treinta años. Estamos jodidos porque muchos de nosotros nos quedaremos atrás, porque viviremos peor que nuestros padres y porque además tenemos que dar las gracias por todo ello. Estamos jodidos porque, nos guste o no, no tenemos forma de influir en nuestro destino ni en el de nuestro país. No seais ilusos ¿vais a manifestaros? ¿Y qué vais a pedir? ¿Dónde estabais en la última huelga? ¿Dónde en las últimas elecciones? ¿Dónde estais en las asambleas y en los partidos y en los sindicatos? Estamos en twitter, en Facebook, en blogs y redes sociales, pero los cambios aún se votan y se deciden en las calles y en el Parlamento.

Estamos jodidos, lo sabemos, no podemos hacer nada para cambiarlo ¿o sí?

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Las Autonomías (otra vez)

No se lo van a creer, es normal, pero les juro por mi peluche favorito que uno de los temas del momento, uno de los hits de la actualidad patria, es la configuración territorial del Estado en su vertiente autonómica. Si, ya sé que es algo que salta de vez en cuando a la primera plana de los medios, pero ahora tiene tintes novedosos, se lo aseguro. A un lado del ring y defendiendo el título, los nacionalismos periféricos, siempre incómodos con el modelo, las costuras y las compañías. Al otro lado del cuadrilátero, en exclusiva mundial, los neocentralistas (aplausos aquí) encabezados por un antiguo campeón, el ex-presidente Aznar y con la nueva estrella emergente de la derecha, el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva (aullidos de admiración aquí).

Todos ellos se han descolgado en las últimas semanas con declaraciones contra el actual modelo autonómico y, oh sorpresa, todos coinciden: el estado de las autonomías es insostenible. Una vez más, todos se esfuerzan por confirmar una vieja máxima política: los extremos se tocan. Y no acabamos aquí, todos ellos coinciden en que además de inviable es un despilfarro.

Desde el bando neocentralista, nos repiten una y otra vez aquel mantra de las 17 Españas, los 17 gobiernos, los solapamientos y las duplicidades. En resumen, España se rompe y además sale caro. El cabeza de familia de los neocentralistas, el político con mejor y más usado perfil de España, Don Mariano Rajoy, hace como acostumbra: no mojarse en exceso para no disgustar a nadie. A él le gustan las autonomías, por supuesto, son positivas para el ciudadano y no cree que sea necesario que estas devuelvan competencias al Estado, pero en situaciones como la actual el modelo “puede ser mejorable”. Para redondear la intervención ha pedido a todo el mundo que concretase (se ignora si él se considera parte de ese “todo el mundo”)

Desde el otro bando el mensaje es parecido, pero no igual: el modelo es caro, sí, y además lo pagamos nosotros (Cataluña y Euskadi, se supone) para que otros vivan de subvenciones (Extremadura y Andalucia, principalmente). En resumen: el café para todos está aguado y nosotros lo preferimos con leche, así que pedimos por nuestra cuenta.

En definitiva, el eterno debate entre quienes piensan que las autonomías son una barbaridad por excesivas y rompepatrias; y aquellos otros que piensan que las autonomías son una barbaridad por escasas y unificadoras. A la vista de estas posiciones, si fuese verdad que en el termino medio se encuentra la virtud, las autonomías estarían camino de los altares del virtuosismo.

Un servidor de ustedes ya escribió sobre este tema hace unos años, en otro de los momentos álgidos del debate autonómico, y como es difícil cambiar superados los 25 años, sigo pensando practicamente igual. “Las Comunidades Autónomas han sido uno de los motores del desarrollo de España. Han servido para recortar desigualdades económicas y sociales, proteger e impulsar las culturas regionales, defender los idiomas propios como patrimonio común del Estado, además de servir de respuesta a las ansias de autogobierno de parte de la ciudadanía. No han sido pocos los aciertos del sistema y es necesario un reconocimiento” decía por entonces y lo mantengo. Incluso ahora que la situación económica, política y social no es la mejor, el Estado Autonómico es uno de los principales activos con los que contamos a la hora de hacer frente a la crisis.

Pero también reconocía entonces y reconozco ahora que “el sistema ha presentado problemas de cimentación y de desarrollo desde el comienzo. Desde aquellas dos vías de acceso al autogobierno, hasta las últimas transferencias, pasando por un Senado, cámara de representación territorial, escasamente funcional. En la actualidad, y sobre todo en determinadas cuestiones, las Comunidades Autónomas parecen reinos de taifas dirigidos por reyezuelos locales envidiosos de las glorias y esplendores de los vecinos” Como pensaba entonces, el problema de las autonomías es que en muchas ocasiones son cobijo de personajes políticos de segunda o tercera clase. No es necesario querer romper España para ser un reyezuelo, basta con ser Camps, Aguirre, Valcarcel o el exiliado Matas.

La reforma que necesita el Estado Autonómico no es centralizadora, ni pasa por la eliminación de determinadas autonomías. La reforma pasa por avanzar, todos juntos y yo el primero, por la senda federalista, por perfeccionar el modelo esbozado en la Constitución. Dejemos de gritarnos y abramos un debate donde tratar todos los puntos que sean necesarios, desde las competencias a la reforma del Senado, pasando por la financiación, la descentralización municipal o la eliminación de las diputaciones; lo que haga falta. Creemos un modelo que no solo asegure el autogobierno de las Autonomías y fije el primordial papel del Estado central; un modelo que vaya más allá, que hable de participación directa de las CCAA en las decisiones del Estado, de responsabilidad conjunta en el Gobierno de todos. Como dijo una vez Suso del Toro, no solo faltan teóricos del federalismo, faltan teóricos, prácticos, ganas y fuerzas.

Abramos el debate para desarrollar un modelo que sirva para que todas las administraciones remen hacia la misma orilla. Como dice Jordi Sevilla en un artículo del año 2006 sobre el impacto económico del estado autonómico (pdf) “durante los últimos años se ha puesto en evidencia que los países con un Sector Público fuerte y eficiente pueden enfrentarse con más posibilidades de éxito a situaciones de crisis económica. Tal y como ha ocurrido en los países del Norte de Europa, en los que un potente Sector Público ha sido el factor coadyuvante para superar esas crisis de manera eficaz, con el apoyo de sociedades cohesionadas, bien estructuradas y avanzadas.”

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2011: y nos lo queríamos perder…

Apenas semana y media de año y ya estamos saturados de actualidad.

La gran noticia que abre la semana es el enésimo comunicado de ETA, comentado y analizado cientos de veces por políticos y periodistas de todos los medios y en numerosos blog. El mejor resumen es el de Rubalcaba: “Es una buena noticia, pero no es la noticia”. Por cosas como esta ocupa el puesto que ocupa y tiene fama de gran comunicador. Una frase redonda, clara y sencilla para marcar la posición del Gobierno en un tema increiblemente complejo. Esperabamos un salto y solo han dado un pasito. El comunicado, difundido por Gara a mediodía, está redactado en el tono habitual de ETA, grandilocuente, exaltado, iluminado; y aporta pocas novedades. Es un alto el fuego permanente, lo que no quiere decir nada puesto que pueden romperlo con un atentado. Es un alto el fuego general ¿quiere decir esto que abandonan la extorsión, el aprovisionamiento de armas y explosivos y otras actividades de reorganización? No se sabe. Es un alto el fuego verificable internacionalmente, lo que quiere decir poco porque el Gobierno ha rechazado ya muchas veces, incluso con ocasión del anterior comunicado, la mediación internacional. Además, el comunicado parece no contentar a la izquierda abertzale, que necesita estar en las próximas elecciones y se ve lastrada por la inamovilidad de ETA. La postura del Gobierno parece firme, no hay negociación posible. Esta misma noche la Guardia Civil ha detenido a dos presuntos etarras. El mensaje que trasmite estas detenciones es claro: con esto no basta. La pelota sigue estando en el tejado de Batasuna que, según parecen demostrar los acontecimientos, está siendo capaz, en cierta medida, de imponer su agenda a la organización terrorista. Si Batasuna quiere estar en Mayo en las instituciones tienen que romper con ETA u obligar a esta a romper con su pasado. Si consigue esto, el Gobierno y los partidos políticos tienen que estar dispuesto a acatar la legalidad que ellos mismos han votado. Si Batasuna rompe con ETA o rompe a ETA, Batasuna tiene que volver a ser legal. Si Batasuna cumple su parte y el Gobierno y los partidos no lo hacen estarán dando argumentos y oxígeno a una ETA agonizante. Si Batasuna cumple las reglas no podemos cambiarlas ¿o queremos ser como “los mercados”, exigiendo más y más cada vez que se alcanza una meta?

Después de las vacaciones navideñas, los mercados han vuelto. Portugal está al borde del abismo a pesar de haber cumplido con todo lo que le exigían. Claro, lleva una decada de crecimiento anémico ¡corramos a enseñarles como tienen que hacerse las cosas!. Y detrás de Portugal va España, e Italia y Bélgica. Visto desde fuera, no soy economista, en “los mercados” parecen juntarse intereses de muy distinto pelaje. (Advertencia: es un análisis simplista, lo sé, no soy quien para escribir un manual) Por un lado, hay gente preocupada por los ahorros que gestiona, gente que invierte el dinero de otros y que no quiere perderlo. Esta gente mira los índices, los datos macroeconómicos y tuerce el gesto. Es arriesgado invertir en ciertos países, o eso dicen, y decide no hacerlo, lo que inmediatamente afecta a la demanda y al precio de los bonos de esos países. Otros inversores invierten, aún creyendo que esas inversiones son peligrosas, porque creen que los rendimientos que ofrecen merecen el riesgo que se corre. No es extraño que estos inversores quieran más por su dinero. Hasta aquí no tenemos nada que reprochar a “los mercados”, es su dinero, que hagan lo que quieran con él. ¿Hay inversores perversos que intentan hacer daño? Es posible que los haya pero no tenemos que engañarnos. No hacen el mal porque tengan cuernos, rabo y vistan de rojo, ni porque odien a nuestro país, a la UE o a los PIGS en general. Hacen lo que hacen porque ganan dinero, nada más. La cuestión es que los Gobiernos y la UE han sido incapaces de poner freno a esta forma de hacer fortuna a costa de la salud y los bolsillos de los demás. El problema es doble: cuando todo iba bien nadie pensó en las “vacas flacas” y ahora que todo va mal no hay nadie capaz de ponerle el cascabel al mercado. Tenemos que jugar a un juego que parece no tener reglas; pero no las tiene porque nosotros aceptamos jugar así. O les ponemos reglas, dictadas desde Bruselas, o todas las pruebas que superemos serán insuficientes.

Una de esas pruebas de fuego son las pensiones. Entre otros cambios, el Gobierno quiere aumentar la edad de jubilación hasta los 67 años, y eso no gusta a los sindicatos, que amenazan con convocar una nueva huelga general. Después de la última Huelga, los sindicatos deberían andarse con ojo, no tienen todo el poder de movilización que se requeriría para parar en las calles las medidas del gobierno, pero este último tampoco anda sobrado de fuerzas. El Gobierno cuenta con el PNV y con CC, y con el BOE, pero más allá de esto está la nada. La ausencia de potencia de fuego debería llevar a los contendientes a un pacto de no agresión si no quieren ir juntos de la mano a encontrarse con Caronte. Los sindicatos, que son quienes más tienen que perder, deberían aceptar las propuesta del Gobierno y aprovechar esta cesión para ganar en otros frentes. Aceptamos barco, nos tragamos el sapo, sí, pero a cambio obtenemos otras cosas, incluso relacionadas directamente con el sistema de pensiones. Por ejemplo: fijar los 67 años para todos, menos para un catálogo de profesiones especialmente duras, limitar las prejubilaciones para los trabajadores de cuello blanco, un apoyo dedicido (y progresista, nada de cheques bebes) a la natalidad, inversiones en educación infantil y primaria que a largo plazo mejoren la productividad de nuestra economía, etc…

Se presenta un año muy interesante.

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