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Por el Imperio hacia Dios. Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956) C. Sánchez-Reyes de Palacio

La memoria histórica es un concepto peculiar y posiblemente mal definido, una perífrasis, un eufemismo políticamente correcto. Cuando hablamos de memoria histórica estamos hablando de algo tan peliagudo como mirarnos los restos de sangre que manchan el bajo de nuestros pantalones. Mirarlas, tocarlas, sentirlas aún calientes y asumir que esa sangre, siendo nuestra, es de nuestro hermano. Lo que convierte a la memoria histórica, al recuerdo y reconocimiento de los tristes acontecimientos que vivió este país durante medio siglo, en algo doloroso es que nosotros, como españoles, somos a la vez victimas y verdugos de la Guerra Civil y la Dictadura, aunque no todos seamos, como individuos, victimas y verdugos en la misma proporción.

Además de dolorosa, la memoria histórica es un arma política, un recurso más en la incesante confrontación de argumentos vacíos. En esta metamorfosis tiene un papel fundamental las ideologías de cada uno y su derivada: la negación de la realidad cegados por la ideología. Las cunetas siguen llenas, para vergüenza de todos, de cientos de fosas, de miles de pruebas. Los restos de padres, hijos, hermanos, abuelos, amigos, siguen enterrados, esperando, esperándonos.

Yo no creo que hayamos perdido la memoria de este pasado reciente. Como dice Santos Juliá, un olvido voluntario como el que supuso la transición y la democracia exige tener muy claro, recordar, conocer, aquello que queremos olvidar. Solo podemos intentar olvidar aquello que recordamos perfectamente. La democracia no ha supuesto el vaciado de nuestra memoria, pero si ha permitido que cegados por la ideología algunos quieran contaminar el presente mintiendo sobre el pasado. Estas mentiras se niegan a asumir las responsabilidades individuales y comunes y pretenden que ninguno de nosotros pueda superar el pasado recuperándolo y reparando en parte a nuestras victimas. La memoria no es abrir heridas, es limpiarlas, desinfectarlas, dejarlas cicatrizar.

El presente libro, “Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956)” de Carlos Sánchez-Reyes de Palacio, del que ya comenté algo anteriormente, es una crónica personal y local de la Guerra Civil y de lo más crudo y salvaje de la Dictadura a través de dos fuentes: los recuerdos personales, esos que algunos quieren negarnos, y la ideología del régimen y de parte de la sociedad que se filtraba en los medios de comunicación, en este caso, El Diario de Ávila. Esa ideología era el sustento del régimen y es, en parte, el armazón intelectual de aquellos que nos niegan el recuerdo.

Es un libro interesantísimo, apasionante por lo cercano de sus situaciones, de sus personajes, de sus localizaciones. Leyéndolo es imposible no situarse en el centro del Mercado Grande, o frente a la Iglesia de La Santa, o viendo pasar una procesión frente a la Catedral. Ávila es Ávila y siempre lo será. La ciudad mecida en las manos del tiempo.

También es muy difícil no caer en la tentación de señalar algunos de los pasajes más curiosos y llamativos del libro. Yo no voy a poder evitarlo, así que si usted quiere leerlo entero y disfrutarlo sin que nadie le estropee estos jugosos momentos, pare aquí. De igual forma, aviso para lectores: se nos va a alargar un poco esta tertulia.

Sobre el antisemitismo de los sublevados ya hablamos anteriormente. La existencia de una “cuestión judía” en España estaba, evidentemente, constreñida a la materia gris de los ideólogos del régimen y tenía mucho que ver con los lazos que estos tendían con los regímenes totalitarios europeos. La “raza judía” era la responsable de todos los males que asolaban Europa y el mundo. Incluso era responsable, a la vez, del comunismo soviético y del capitalismo estadounidense, dos modelos abominables y que nada tenían que ver con la tradición europea.

“El verdadero espíritu europeo, que durante tanto tiempo había estado indeciso entre la filosofía soviética y la yanqui, no podía por menos que rechazar a la una y a la otra como contrarias al mismo (…) La única diferencia entre los dos regímenes (sovietismo staliniano y plutocracia roosveltiana es que en el yanqui el capital domina al Estado y en el soviético el estado domina al capital (…) en ambos casos son pequeñas minorías las que se aprovechan y explotan a las grandes masas que únicamente en los regímenes fascistas, orgánica y auténticamente democráticos han encontrado la manumisión de la inhumana explotación plutocrática y capitalista”

Sobre “la barbarie yanqui” añade que “con la complicidad de Inglaterra, pretendía extender en Europa la misma pseudo-civilización de los ganster, de los raketeers, de los kidnappers y de la Ley de Lynch” (Diario de Ávila 1/08/1941)

Los judíos, con la ayuda de las sectas masónicas, otro de los enemigos del régimen, eran también responsables de la corrupción de las mujeres y de su moralidad:

“Las sectas masónico judías en su afán diabólico de esparcir la corrupción social para raer la civilización cristiana de los pueblos, se ha valido, como instrumento más apropiado, de las mujeres, cuya variedad y afán de admiraciones ha sido estimulado con modas exóticas, espectáculos y diversiones poco o nada conformes a la moral católica y al genuino carácter pudoroso y honesto del sexo femenino” (Diario de Ávila 23/08/1941)

Casi tan peligrosos como los judíos y los masones, los ateos constituían una rareza en la España de la Dictadura.

“Anoche nos vimos sorprendidos por la presencia en Ávila de un ridículo ateo. Como es esto fenómeno que, por monstruoso, no suele producir la naturaleza, celebramos que se manifestara a la luz del día y que no quedara oculto entre las sobras de la noche” Le acusaban, entre otras cosas, de querer “explicar la existencia del mundo por una absurda transformación de la materia” (Diario de Ávila 28/06/1983)

La derrota de los aliados europeos del régimen obligo a sus dirigentes a proceder a un lavado de cara de la dictadura. España tenía que alejarse a marchas forzadas de Alemania e Italia y una de las primeras medidas del Gobierno fue eliminar el saludo fascista, o romano:

“Al iniciarse el 18 de Julio el Movimiento Nacional (…) entre las formas de expresión de vibrante entusiasmo (…) resurgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de recio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra historia constituyó símbolo de paz y amistad entre los hombres. Más, circunstancias derivadas de la gran contienda ha hecho que lo que es un signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente (…) Esto aconseja que en servicio de la Nación deba abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo, que mal interpretadas han llegado a privar a las mismas (…) de su autentica expresión de amabilidad y cortesía” (Decreto de 9 de Octubre de 1945)

Para concluir con una nota de humor, (si quereis más comprad el libro) el 27 de Diciembre de 1955 el Diario de Ávila publicaba la siguiente inocentada “Un marciano apresado en la tierra. Será el piloto para la conquista de Marte”

Por desgracia, en aquella época, incluso en la presente, entre nosotros vivían y viven muchos seres que parecen procedentes de otra galaxia.

 

PS.- La foto que encabeza la entrada está tomada de Ávilas. La ciudad en manos del tiempo, una iniciativa de José Luis Pajares que reune más de 2000 imágenes antiguas de la ciudad.

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Antisemitismo y dictadura

Estoy leyendo Ávila… cuando emigraban las cigüenas (1936-56) de Carlos Sánchez-Reyes Palacios. Aunque cuando acabe de leerlo le dedicaré una pequeña reseña en este mismo lugar, voy a ofrecer un “llamativo” adelanto. El libro narra los acontecimientos y la vida diaria de la ciudad de Ávila durante la Guerra Civil y los primeros años de la Dictadura desde dos puntos de vista: la experiencia personal del propio autor y el medio de comunicación por antonomasia en la ciudad y en la provincia: El Diario de Ávila.

Los extractos de noticias y editoriales de este último son especialmente útiles a la hora de retratar el armazón ideológico de los rebeldes y del régimen totalitario que se impuso en todo el país tras la victoria de los sublevados. Un régimen establecido a sangre y fuego y que supuso el asesinato de una buena parte de la población, aquellos que a ojos de los vencedores encarnaban la “Antiespaña”. ¿Y quienes formaban parte de esta? La terna de sospechosos habituales que se convirtieron en los enemigos del régimen: los rojos, los masones y los judíos.

El antisemitismo de los sublevados tenía más que ver con su alineación con los regímenes fascistas europeos que con la existencia en España de una auténtica “cuestión judía”. Las comunidades judías que pudiesen existir en España antes del Golpe de Estado del 18 de Julio eran escasas en número y en importancia y desde luego nunca habían supuesto un problema grave de convivencia u orden público. A pesar de esto, los judíos eran presentados a la opinión pública como los causantes de muchos de los males de la nación: conspiraban contra España, ensuciaban la raza española, eran los impulsores del marxismo que mancillaba Europa, etc.

Este pensamiento racista, que todos sabemos las consecuencias que tuvo en Europa, está presente también en las páginas de “El Diario de Ávila”. Bajo el título “La Bestia Judía” el medio abulense publicó una serie de artículos firmados por D. Felipe Robles Degano, profesor del Seminario. En uno de ellos, el autor propone “un plan que no desmerece de la solución final que Hitler aplicó en Alemania”:

“1º) Matar a todo judío, masón o rojo que haya intervenido activamente en el proyecto, dirección o ejecución del plan revolucionario: “Maleficos non patiens viveres”, no tolerarás que vivan los malhechores, mandó Dios en el Éxodo (c21,18)

2º) Entrar a mano armada en las naciones dominadas por la bestia judía, para exterminarla, como estamos haciendo en España.

3º) Confiscar todos los fondos y valores que judíos, masones y rojos tienen depositados en cualquier establecimiento o empresa.

4º) Prohibir a los jóvenes judíos estudiar en universidades y colegios nacionales, cerrar las sinagogas, todas las logias masónicas y los centros socialistas o rojos. Prohibirles el ejercicio de toda profesión o cargo público.

5º) Quemar todo impreso escrito por los judíos, masones o rojos y cualquier libro que la censura eclesiástica juzgue digno de reprobación.

Los particulares deben abstenerse de comprar en tiendas de judíos, masones y de tener amistad con ellos”

El artículo se publicó en Enero de 1937. Sobran las palabras.

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Elogio del fracaso escolar

“Si hoy hiciera una encuesta, el 80% de los españoles no ha oído hablar de lo que fue Franco o de la Guerra Civil, afortunadamente”

María Dolores de Cospedal

Secretaria General del PP

¿Afortunadamente para quien? Será para el PP ¿no?

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