Archivo de la etiqueta: Muralla

Maratón

Seguía corriendo por el sendero que serpenteaba entre los viejos árboles, jadeando, con la ropa pegada al cuerpo empapada de sudor. Estaba agotado, le dolía el pecho y notaba las piernas flaquear a cada paso, pero tenía que seguir corriendo. Su mensaje tenía que llegar, como fuese, a la ciudad.

 Esquivó un tronco caído, se agachó para sortear unas viejas ramas vencidas sobre la senda y giró a la izquierda dejando atrás, por fin, el bosque y penetrando en las llanuras de cereales desde las que ya se veían, imponentes sobre el cerro, las murallas doradas de la ciudad. La visión le confirió nuevas fuerzas, las últimas seguramente dentro de su menudo cuerpo, que le permitieron ganar velocidad. Estaba extenuado y delante de sus ojos empezaban a flotar pequeñas manchas oscuras. Mala señal, pensó, pero tengo que llegar como sea.

 Siguió corriendo, atravesando raudo los campos de cultivo de la ciudad y, siguiendo el curso del río, fue acercándose a las murallas. Las rodearía por el este, junto al río y subiría hasta el templo por el norte del cerro amurallado, por la vieja ronda. Allí, frente al templo, estarían en aquel momento esperando su mensaje, estaba seguro. Allí le estarían esperando ¿dónde sino en una fecha como esa? Hacía horas que no tenían noticias suyas ni de sus compañeros y era capaz de imaginar la tensión reflejada en la cara de los congregados. En él, el más rápido y mejor atleta de entre sus compañeros, había recaído la responsabilidad de transportar veloz aquella noticia. Era su carga y su orgulló.

 Giró a la derecha y se preparó para subir, bordeando las murallas, hasta la parte más alta de la ciudad, donde se elevaba el templo. A medida que ascendía por las faldas del cerro amurallado, sus doloridas piernas aumentaban la intensidad de su sufrimiento. Un poco más, se decía, no queda nada.

 Volvió a girar a la derecha, dejó atrás una de las puertas de la muralla, y se dirigió a la que daba acceso directo al templo. Allí, la gente se agolpaba a ambos lados de la puerta intentando por igual entrar y salir de la ciudad fortificada. Se abrió paso y pronto encontró su camino franqueado. Sonaban trompetas y tambores. A uno y otro lado, la gente, que parecía abrirle paso hasta el templo, le miraba extrañada. A su izquierda, por fin, el templo se erguía majestuoso dominando la plaza y frente a él observó las caras conocidas a las que iba destinado el mensaje.

 Apunto de desfallecer, se acercó a ellos, cayó al suelo y con un último suspiro transmitió su mensaje:

–  Νενικήκαμεν (Nenikékamen)

– ¿Qué dice este niño? – dijo una figura enlutada que se abría paso entre el gentío – Y la bicicleta ¿dónde la has dejado?

 – Dejale que respire, madre. A ver, Felipe, hijo ¿qué te pasa? – dijo la mujer más joven acercándose al desfallecido muchacho.

 – Mamá… se nos pincharon las ruedas de las bicis en el Fresno… – tomó aliento – …y cómo no teníamos nada para arreglarlas… – volvió a respirar –…he venido corriendo desde allí… para ver si podía ir papá a buscar a estos.

 – ¿Pero has venido corriendo desde el Fresno? Madre de Dios –exclamó la abuela – ¿Cuántos kilómetros son esos?

– Por lo menos 42 – exageró Felipe

 – ¿Y el móvil? – preguntó su madre

 – Sin batería – dijo Felipe mientras se recuperaba sentado en la acera, frente a la catedral

–  Está bien. Tu padre se ha quedado en casa, no le apetecía subir a la procesión. Ahora mismo le llamo para que vaya a buscar a tus amigos. Tú vete a casa y date una ducha que estás empapado. – dijo compresiva su madre.

– Estos críos, mira que irse con la bicicleta en Viernes Santo.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Ávila, Escenas y Paranoias

Creando polémica

Después de dos noticias nacionales (o de lo que nos queda de nación) dos noticias locales relacionadas:

One, que dirían los ingleses: Por fin envían al Punto Limpio las lamparas de la Catedral.

Two, que dirían los escoceses: 1000 visitantes en el nuevo tramo visitable de la Muralla.

La primera noticia me parece genial. Por fin eliminamos esos atentados a la vista colocados por anteriores Obispos. Yo, Prisciliano de Ávila, nunca lo habría permitido. Por otra parte, unas puntualizaciones sobre el primer templo abulense. La Catedral es ahora mismo el templo más “enfermo” de todas las catedrales de Castilla y León, salvo la Catedral de León. Presenta problemas estructurales graves, problemas de humedades a todos los niveles, además del clásico mal de la piedra. Que las portadas sean irreconocibles y se hayan convertido, en algunos casos, en bonitas macetas es irrelevante, al menos por ahora.

El principal problema de la Catedral es que sigue en manos de la Iglesia Católica, apostólica y romana. ¿Cuál es la razón por la que el Estado tiene que pagar para que un grupo selecto de personas mantenga acceso casi exclusivo a una obra de arte? Recordemos que año tras año el acceso libre a la Catedral se ha ido reduciendo. ¿A quién rinde cuentas la Iglesia por el dinero recaudado en razón de entradas a un edificio mantenido con el dinero de todos? ¿Cuándo un gobierno de izquierdas va a hacer frente al Patrimonio común raptado por instituciones privadas?

Mi opción: expropiación YA de Bienes de Interés Cultural en manos privadas, con su posterior cesión para los usos estipulados por la ley. Esto en Ávila escuece seguro.

Segunda noticia, un nuevo tramo de la Muralla abierto al Turismo. Aquí, si alguien lee esto, me van a caer hostias. Tengo la ligera impresión de que al Ayuntamiento de Ávila se la trae bastante al fresco la Muralla. ¿Qué se promociona del nuevo tramo de la Muralla? Que es accesible para minusvalidos. ¿Y la Muralla? ¿Qué fue de ella? Suponemos que la obra ha sido respetuosa con el monumento, que se han asegurado sus muros, que se ha respetado la estructura, que se han sellado posibles humedades, recuperado el adarve, limpiados los desagüaderos, eliminado la flora invasiva, cerrados los anidamientos de aves más peligrosos… En definitiva, que se ha asegurado el buen estado del monumento. Pero de eso nadie habla. Está muy bien que se haya permitido el acceso a los minusvalidos, no es que no me importe, pero en un edificio que no ha sido diseñado para eso, me parece algo menor y fruto de condiciones casuales. Algo políticamente correcto, pero menor.

Luego pasa lo que pasa, que tras años atendiendo solo a la versión lúdico-turística de la Muralla, de repente tenemos toda ella parcheada de telas verdes porque una pequeña piedra golpeó a un futuro Policia Nacional. Nota aparte merece la Arqueóloga municipal, of course, subida en la escalera del camión de bomberos.

¿Para cuando una protección integral para el Patrimonio de la Ciudad? ¿Para cuando menos publicidad política y más actuaciones serias?

Aunque claro, el Ayuntamiento mal, pero hay otros que tampoco se salvan. Siempre quedará IU… muy a su pesar.

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia