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Sueño (II)

Anteriores entregas.- Sueño (I)

  • Dese prisa, no tenemos todo el día.

  • Oiga, le aseguro que no tengo ni idea de qué hago aquí.

  • ¿Se lo tengo que volver a repetir?

  • No…. digo…. si.

  • Veamos, este es su sueño ¿no?

  • Si, eso creo.

  • Y usted está soñando con una musa ¿verdad?

  • Eso dice ella

  • Ya estamos otra vez, pero como tengo que repetirle que no lo dice ella. Lo dice usted, es su sueño

  • Pero eso que usted, señor agente, dice….

  • Otra vez. Es su sueño. Todo lo que diga ella, o lo que diga yo, realmente lo está diciendo usted.

  • Entonces dejeme pasar. Se lo ordeno. Es mi sueño.

  • Lo siento mucho, pero las cosas son así. Hay reglas.

  • Pero si es mi sueño, yo marco las reglas

  • Si, y no. Usted las marca, pero una vez marcadas, no puede romperlas. Y usted marcó, al inicio de este sueño, que el mundo de los sueños tenía una regla: las musas no se roban. ¿Lo entiende?

  • Me temo que no.

  • No puedes cambiar las reglas a mitad de la partida – dijo ella, que hasta entonces había permanecido hierática a mi lado, con una tímida sonrisa bajo sus ojos azules y su flequillo rubio.

  • Exacto – dijo el hombre de seguridad – eso es justo lo que yo quería decir. Entonces veamos, aclarado este punto, volvamos a donde estabamos ¿Quien es ella?

  • Mi…. ¿musa?

  • Bien, su musa. Al menos algo hemos avanzado. ¿Por qué sueña usted con ella?

  • Bien…. bueno… supongo que necesito que me inspire. Las musas sirven para eso ¿no?

  • Inspirar… ¿está usted de acuerdo señorita?

  • No – dijo ella

  • ¿Cómo que no? – contesté airado

  • No estoy aquí para inspirarte, tengo que ser algo más.

  • ¿Un sueño erótico? – al escucharme, el guardía alzó las cejas – Antés me ofreció desnudarse.

  • Sobre eso no tengo competencias – dijo el guardia

  • No soy un sueño erótico. Tengo que ser algo más. Me niego a ser tan solo una musa, me niego a servir tan solo para inspirarte. Si estoy aquí es porque me necesitas. Averigua para qué.

  • Entre usted y yo, señor guardia….

  • Digame.

  • Esto es un psiquiatrico, ¿verdad?

  • Puede ser, es su sueño. De todas formas, creo que lo mejor será que usted y su supuesta musa debatan su papel en ese rincón de allí antes de pasar a la fase REM.

  • ¿Fase REM?

  • Es como llamamos por aquí a lo que hay detrás de este control.

  • ¿Y qué es?

  • No lo se, yo tan solo soy parte de su sueño.

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Sueño (I)

Me parecio ver una moneda brillando junto a mi zapatilla, pero lo que descubrí era que tenía la susodicha desatada. Observé a mi alrededor y vi un banco negro, pegado a la pared. Una chica rubía, de intensos ojos azules y piel blanquecina estaba sentada en el extremo derecho del banco, con las manos cruzadas timidamente sobre las piernas y la mirada perdida en el horizonte. Camiseta blanca, ancha, ligeramente caida de un hombro, pantalones vaqueros, desgastados, zapatillas de deporte blancas.

  • Hola

Giró la cabeza lentamente y sonrió.

  • Hola

  • ¿Te importa que me siente un minuto? Se me ha desatado la zapatilla – sonreí tontamente mientras señala con mi dedo índice los cordones blancos serpenteando sobre el asfalto.

  • No, claro, sientate.

  • Gracias

Me senté, a su lado, sin dejar de admirar el profundo azul de sus ojos, mezclado con el rubio de los mechones de su flequillo. Aún no había empezado a atarme los cordones, cuando el banco empezó a vibrar y poco a poco, ante mi asombro, se despegó del suelo y se elevó.

  • Coño, ¿pero que cojones…?

  • ¿Que sucede? – ella no se había movido. Mantenía la mirada perdida, como si nada de aquello fuese con ella.

  • ¿Como que qué sucede? ¡Volamos! Estamos volando en este puto banco.

  • Ah, bueno.

  • ¿Cómo puedes estar tan tranquila? – me había recogido sobre mi mismo y me abraza con furor al respaldo metálico del banco – Estamos volando en un puto banco de parque.

  • No se, la gente no suele morir en los sueños.

  • ¿Sueños?

  • Si, Prisciliano, estás soñando.

  • ¿Yo, soñando?

  • Si.

  • ¿Soñando?

  • Si, ¿has visto alguna vez volar un banco?

  • No, creo que no.

  • Pues entonces tendrá que ser un sueño

  • ¿Y tú quien eres?

  • Tú sabrás, es tu sueño.

  • Yo tan solo queria atarme la zapatilla.

  • A veces las cosas son asi, te sientas al lado de una desconocida para atarte una zapatilla, y terminas sobrevolando la ciudad en un banco de parque.

  • ¿Estas locas?

  • Es tu sueño, ¿lo estás tú?

  • Empiezo a dudarlo.

  • Dudas demasiado

  • Quizá sí. ¿A dónde vamos?

  • No lo se, es….

  • Si, si, si, ya lo he pillado, es mi sueño.

  • Exacto. ¿Es la primera vez que sueñas con volar?

  • No lo recuerdo, pero espero que sea la última.

  • Tienes miedo

  • No.

  • ¿Entonces?

  • No me gusta no controlar ni mis sueños

  • A veces las cosas son así, te sientas, el banco sale disparado y pierdes el control.

  • Prefiero otra clase de sueños… tu me entiendes.

  • Bueno, puedo desnudarme, solo soy parte de tu sueño.

  • No, tranquila, no es necesario. Creo que tengo ya bastante emociones en este sueño.

  • ¿Puedo preguntarte una cosa?

  • Si, claro, faltaba más.

  • ¿Quién soy?

  • ¿Perdona?

  • ¿Por qué sueñas conmigo?

  • Y yo que sé.

  • Pues deberias averiguarlo antes de aquel control.

  • ¿Qué control?

  • Aquel, no todo está permitido en el mundo de los sueños. Hay reglas, y no se pueden saltar.

  • ¿Qué reglas?

  • Por ejemplo, no puedes capturar musas que no te corresponden. ¿Qué sucede si yo soy la musa de otra persona? ¿Si le estas provocando una pesadilla a alguien al robarme? Dime, ¿por qué sueñas conmigo? Piensalo, cuando aquel hombre te pregunte, tendrás que darle una respuesta o me perderás. No podrás volver a soñar conmigo aunque quieras.

  • ¿Y por qué iba a querer volver a soñar contigo?

  • No lo se, tan solo soy parte de tu sueño.

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