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La Ley Sinde: un error y una oportunidad perdida

Ayer, cerca de las once de la noche, la Disposición Adicional Segunda de la Ley de Economía Sostenible, la conocida como Ley Sinde, fue rechazada en la Comisión de Economía del Congreso de los Diputados. Las frenéticas negociaciones de última hora del Grupo Socialista obligaron a retrasar la votación en tres ocasiones, pero no sirvió de nada. La movilización de los artistas y sus lobbys y la presión de la Embajada de EE.UU. a favor de la Ley tampoco dieron frutos.

En Internet, la votación fue seguida durante todo el día. Los llamamientos a la movilización se sucedían: envios masivos de emails a los diputados, llamadas de teléfono, manifiestos, concentraciones a las puertas del Congreso. Con el rechazo a la Ley de PP, PNV y CC la presión se centró en CiU, que esperaba intercambiar el apoyo a la Ley Sinde por retoques en otros puntos de la Ley: ferrocarriles, energía, etc… Su negativa evidencia que no consiguió lo que deseaba. Después de la votación, el sentimiento más extendido en Internet era la alegría, aunque también había y hay partidarios de la ley en la red. Pero ¿fue la movilización de los internautas el principal argumento en contra de la Ley Sinde? ¿Es el punto y final de la Ley Sinde?

Lo más evidente es que el PSOE cometió un error introduciendo la Ley Sinde por la puerta de atrás de la Ley de Economía Sostenible (LES). Aunque no es infrecuente aprobar cosas que no tienen nada que ver como disposiciones adicionales o enmiendas de otras leyes (vease el apoyo a las concesionarias de las autopistas dentro de la Ley Postal) el tema de la propiedad intelectual en Internet es tan complejo que desde el primer momento amenazó con eclipsar una ley que Zapatero consideró fundamental para redefinir nuestro modelo económico. Y así ha sido: la LES ha estado en los medios y en Internet solo como envoltorio de la citada disposición adicional. Sin duda, una oportunidad de debatir sobre como encauzar nuestra economía hacia el crecimiento post-ladrillo perdida. Pero si fue un error su presencia dentro de la LES, la negociación de apoyos para su aprobación tampoco ha sido brillante. ¿De verdad quería el PSOE aprobar esta ley? Siguiendo el proceso, en ocasiones no lo parece. Veremos si opta por intentar rescatarla en el Senado.

Además, como han dicho algunos de los portavoces de los partidos políticos, la ley presentaban dudas “de fondo y forma”. La ley se posicionaba claramente a favor de una de las partes, les convertía en juez y parte sentando a las entidades de gestión en la mesa y les daba vía preferente ante la Administración de Justicia. Jueces, que por otro parte, solo aparecieron en el texto de la disposición después de las quejas vertidas por la red frente al primer redactado de la Ley. Todo esto, además, para una ley que para cualquiera que se mueva por la red parecía papel mojado desde el primer momento: la red se encargaría de superar al instante las artificiales barreras legales creadas como ya había hecho en otras ocasiones.

Errores y dudas aparte, la ley nacía con un pecado original difícil de perdonar: el objetivo de la ley era apuntalar como fuese un modelo agotado. La ley pretendía prohibir los frigoríficos para mantener el negocio de los vendedores de hielo (o como han hecho con Libranda, crear un mercado central de hielo para hacerles frente). Habría sido (y es) más útil la redacción de una ley integral de Internet, que asegurase la neutralidad de la ley, fijase el acceso a internet como servicio universal, modificase la Ley de Propiedad Intelectual (redactada cuando Solana era Ministro) y diese apoyo público (dinero de los Presupuestos Generales si es necesario) a los creadores y a los gestores de la propiedad intelectual para su adaptación a la realidad.

Para esto último aún hay tiempo, podemos conseguir una ley que asegure la libertad en Internet, dé seguridad jurídica a los emprendedores y haga rentable el negocio de los creadores.

Para quien no queda tiempo es para la Ministra de Cultura. El único proyecto que ha encabezado durante su mandato ha entrado en vía muerta y ha perjudicado al Gobierno y al PSOE. Ángeles González-Sinde debería dimitir y si no lo hace, Zapatero debería cesarla. El daño no es menor y el Gobierno no anda sobrado de apoyos electorales.

PD.- Quizá también debiese dimitir el Embajador de EE.UU. ya que la ley también es en parte suya, pero yo, a diferencia de lo que él hace, no me voy a meter en asuntos internos de otros paises.

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Democracia, el Sahara, los mercados y otras mentiras

“¿Pero qué quiere Rajoy, que hagamos las leyes que quiere el Papa? De ninguna manera, haremos las leyes que quiere el Parlamento y los ciudadanos de este país”

Las palabras que encabezan esta entrada las pronunció el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado domingo en un mitin por tierras catalanas. Ya se sabe, llegan las elecciones, los ánimos se encienden y se trastoca la percepción de la realidad. Sobre el particular, es verdad que el Papa no tiene linea directa con el BOE, pero también es cierto que el Gobierno se esfuerza por no entorpecer sus relaciones con la Santa Sede. No es que seamos muy agresivos.

En otros aspectos, la afirmación de Zapatero acerca del origen de las leyes es más dudoso. ¿Son las leyes promulgadas por el Gobierno, o los actos de este, emanación directa de la voluntad popular? Repasemos un poco la actualidad.

En primer lugar, el Sahara. Sea por lo que sea, sentimiento de culpa, quijotesco apoyo al más debil, enemistad profunda con Rabat; la población española es mayoritariamente pro-saharaui. En el reciente conflicto, el Gobierno, aduciendo razones de Estado, ha preferido no mojarse en exceso, mostrarse equidistante y apostar por el diálogo en la ONU. ¿Es esa la postura respaldada mayoritariamente por el pueblo español? No soy experto, pero lo dudo.

Economía: ¿Apoya, el pueblo español, de forma mayoritaria, los planes del Gobierno? Sigo sin ser experto, acaso observador amater del mundillo económico, pero también lo dudo.

Otra mundo es averiguar si el Gobierno presidido por Zapatero tenía muchas más opciones. Todos sabemos que un programa político es un programa de “máximos ideales”. Esta desafortunada expresión de mi propia cosecha viene a decir que un programa de gobierno es aquello que en teoría nos gustaría hacer si viviesemos en el País de las Maravillas, todo fuese sobre ruedas y respetásemos al pie de la letra lo que nuestros seguidores esperan de nosotros. Evidentemente, la capacidad de maniobra del Gobierno, una vez ocupados sus despachos, es limitada. Limitada por la situación, por el presupuesto, por el contexto internacional, por los mercados, por Bruselas, por el Nasdaq, el Nikkei y la Bolsa de Londres; en definitiva, por la realidad. ¿Tenía el gobierno muchas opciones en la actual crisis económica? Las tenía, aunque no eran muchas (la primera de todas ellas era reaccionar más rapido en lugar de estar cruzados de brazos mirando musarañas) ¿Tiene el Gobierno muchas opciones en la crisis Sahara-Marruecos? Posiblemente tampoco tenga muchas. Nuestra capacidad de influencia en el norte de África es regular tirando a floja y en muchos aspectos los “intereses de estado” están del lado de Marruecos (inmigración, terrorismo, narcotráfico, Ceuta y Melilla) Seamos sinceros, no somos quienes para pedir o exigir un referendum en el Sahara, por mucho que lo prometiesemos hace 35 años ¿Quiere esto decir que la posición del Gobierno es la acertada? En absoluto. En primer lugar, no tener posición es peor que tener una mala. Que la Ministra estuviese al otro lado del Atlantico no es una gran noticia, que Moratinos viaje a Argelia en visita “semi-privada” habla bastante mal de la nueva titular de Exteriores. ¿Y la oposición? La feliz reconquista de Perejil no les convierte en doctores en la materia, pero me atrevería a decir que la posición de González Pons cambiará en cuanto ocupen los escaños azules.

Y volvemos al inicio. Si las decisiones del Gobierno no tienen nada que ver con los deseos de la ciudadania ¿tiene mucho sentido que mantengamos aquello de la soberanía popular? No me refiero a que tiremos la casa por la ventana y me nombreis Dictador (o Imperator dei gratia). Quiero decir ¿no va siendo hora de que le digamos al pueblo, a la masa ciudadana, que la democracia no es tan bonita como les vendemos cada cuatro años?

De todas formas, no soy experto, puedo estar equivocado.

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La “Ley Sinde” desde la izquierda.

Mucho se ha hablado y mucho se hablará de la Disposición Adicional primera de la Ley de Economía Sostenible, cuyo proyecto fue aprobado por el Consejo de Ministros el pasado viernes. La Ley Sinde, que se coló por la puerta de atrás de la Ley para sorpresa de muchos socialistas, parece ser como el dinosaurio del relato de Monterroso y sigue allí donde la dejamos. O al menos eso parece desprenderse de los silencios del Gobierno y del propio Presidente, aunque habrá que esperar a la publicación de la misma. La reacción no se ha hecho esperar, aunque como en anteriores ocasiones peca de virtual.

Se han escrito muchos y muy buenos análisis sobre la citada disposición, sería tontería profundizar en los aspectos legales (o ilegales) de la misma, en el impacto que la misma tendría sobre la economía o sobre el desarrollo tecnológico de nuestro país, o en las dificultades que se pueden encontrar los legisladores a la hora de poner en marcha los mecanismos de control sin que nos parezcamos a la libre y democrática República Popular de China. (PDF 2006)

Pero hay un aspecto que no he visto tratado en ningún sitio y que me gustaría mencionar. ¿Ideológicamente es sostenible que un partido que se define de izquierdas ampare e impulse semejante ley?

No voy a desarrollar pretenciosos andamiajes ideológicos para parapetarme detrás de ellos, ni voy a recurrir a los clásicos porque no es el momento ni el lugar. Siendo simple: si uno de los objetivos de la izquierda debe de ser conseguir la igualdad de oportunidades (así aparece en el ideario del PSOE y en su página web) frenar el desarrollo de Internet y la libre distribución de la cultura es acabar con la mayor oportunidad que ha tenido nunca la humanidad para alcanzar esa igualdad.

La cultura, la educación y el esfuerzo han sido los tres pilares sobre los que la clase trabajadora ha sustentado la mejora de sus condiciones de vida y su promoción social; las armas con las que contaba para igualarse a aquellos que siempre habían tenido dinero y poder. La lucha por el acceso a la cultura y a la formación ha sido bandera de la izquierda durante años. Ahora, Internet nos ofrece la oportunidad de brindar a los ciudadanos acceso libre, gratuito y universal a toda la cultura, a toda la información, a todo el saber producido por la humanidad. Hace menos de un siglo uno de los objetivos básicos que perseguían los gobiernos de la II República era que todo el mundo leyera. El avance ha sido brutal ¿por qué detenernos ahora? Tenemos un instrumento como nunca habíamos soñado para lograr la espera igualdad de oportunidades, o al menos para acercarnos más a ella, ¿no debería acabarse el debate aquí? Enseñamos a la gente a leer, a disfrutar de la música, del cine; les pedimos a los ciudadanos que se informe, que se impliquen, que participen en la vida política ¿ahora queremos impedírselo?

Quizá todo sea política. Todos sabemos que el voto de los artistas vale por el de varios miles de ciudadanos ¿o no? Según la lógica actual, en el S. XVI el PSOE habría perseguido la imprenta para evitar las protestas del gremio de copistas, extremadamente influyente en la corte, aunque ello hubiese evitado la difusión de “El Quijote”. ¿Merece la pena?

O quizá el problema es que la cultura ya no es cultura. Ahora lo llaman “industria cultural”. Si es así, si la cultura ya no es cultura, si ya solo es una máquina de hacer dinero, si importa más la recaudación en taquilla que la difusión del saber y del conocimiento ¿por qué damos subvenciones a los supuestos creadores de cultura? ¿No debería ser ese mercado al que tanto admiramos el que decidiera libremente? ¿No deberían competir con los fabricantes de coches por conseguir dinero del estado? Si la cultura ya no es cultura, mis impuestos no deben ir a subvencionarla. Si la cultura es cultura, las oportunidades que ofrece Internet para su difusión deben acallar el debate sobre su censura y dirigirlo a como compensar a los creadores para que la cultura pueda seguir ampliándose para después fluir libre por la red empapando a toda la sociedad.

Son tantas las oportunidades que ofrece Internet que es ridículo que el interés de unos pocos sea antepuesto al interés de la mayoría. Y es más ridículo aún que sea un partido de izquierdas el que defienda la propiedad de unos pocos frente a la libertad de la mayoría.

Constitución Española. Art 128. Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.

El Manifiesto.

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