Archivo de la categoría: Historia

Por el Imperio hacia Dios. Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956) C. Sánchez-Reyes de Palacio

La memoria histórica es un concepto peculiar y posiblemente mal definido, una perífrasis, un eufemismo políticamente correcto. Cuando hablamos de memoria histórica estamos hablando de algo tan peliagudo como mirarnos los restos de sangre que manchan el bajo de nuestros pantalones. Mirarlas, tocarlas, sentirlas aún calientes y asumir que esa sangre, siendo nuestra, es de nuestro hermano. Lo que convierte a la memoria histórica, al recuerdo y reconocimiento de los tristes acontecimientos que vivió este país durante medio siglo, en algo doloroso es que nosotros, como españoles, somos a la vez victimas y verdugos de la Guerra Civil y la Dictadura, aunque no todos seamos, como individuos, victimas y verdugos en la misma proporción.

Además de dolorosa, la memoria histórica es un arma política, un recurso más en la incesante confrontación de argumentos vacíos. En esta metamorfosis tiene un papel fundamental las ideologías de cada uno y su derivada: la negación de la realidad cegados por la ideología. Las cunetas siguen llenas, para vergüenza de todos, de cientos de fosas, de miles de pruebas. Los restos de padres, hijos, hermanos, abuelos, amigos, siguen enterrados, esperando, esperándonos.

Yo no creo que hayamos perdido la memoria de este pasado reciente. Como dice Santos Juliá, un olvido voluntario como el que supuso la transición y la democracia exige tener muy claro, recordar, conocer, aquello que queremos olvidar. Solo podemos intentar olvidar aquello que recordamos perfectamente. La democracia no ha supuesto el vaciado de nuestra memoria, pero si ha permitido que cegados por la ideología algunos quieran contaminar el presente mintiendo sobre el pasado. Estas mentiras se niegan a asumir las responsabilidades individuales y comunes y pretenden que ninguno de nosotros pueda superar el pasado recuperándolo y reparando en parte a nuestras victimas. La memoria no es abrir heridas, es limpiarlas, desinfectarlas, dejarlas cicatrizar.

El presente libro, “Ávila… cuando emigraban las cigüeñas (1935-1956)” de Carlos Sánchez-Reyes de Palacio, del que ya comenté algo anteriormente, es una crónica personal y local de la Guerra Civil y de lo más crudo y salvaje de la Dictadura a través de dos fuentes: los recuerdos personales, esos que algunos quieren negarnos, y la ideología del régimen y de parte de la sociedad que se filtraba en los medios de comunicación, en este caso, El Diario de Ávila. Esa ideología era el sustento del régimen y es, en parte, el armazón intelectual de aquellos que nos niegan el recuerdo.

Es un libro interesantísimo, apasionante por lo cercano de sus situaciones, de sus personajes, de sus localizaciones. Leyéndolo es imposible no situarse en el centro del Mercado Grande, o frente a la Iglesia de La Santa, o viendo pasar una procesión frente a la Catedral. Ávila es Ávila y siempre lo será. La ciudad mecida en las manos del tiempo.

También es muy difícil no caer en la tentación de señalar algunos de los pasajes más curiosos y llamativos del libro. Yo no voy a poder evitarlo, así que si usted quiere leerlo entero y disfrutarlo sin que nadie le estropee estos jugosos momentos, pare aquí. De igual forma, aviso para lectores: se nos va a alargar un poco esta tertulia.

Sobre el antisemitismo de los sublevados ya hablamos anteriormente. La existencia de una “cuestión judía” en España estaba, evidentemente, constreñida a la materia gris de los ideólogos del régimen y tenía mucho que ver con los lazos que estos tendían con los regímenes totalitarios europeos. La “raza judía” era la responsable de todos los males que asolaban Europa y el mundo. Incluso era responsable, a la vez, del comunismo soviético y del capitalismo estadounidense, dos modelos abominables y que nada tenían que ver con la tradición europea.

“El verdadero espíritu europeo, que durante tanto tiempo había estado indeciso entre la filosofía soviética y la yanqui, no podía por menos que rechazar a la una y a la otra como contrarias al mismo (…) La única diferencia entre los dos regímenes (sovietismo staliniano y plutocracia roosveltiana es que en el yanqui el capital domina al Estado y en el soviético el estado domina al capital (…) en ambos casos son pequeñas minorías las que se aprovechan y explotan a las grandes masas que únicamente en los regímenes fascistas, orgánica y auténticamente democráticos han encontrado la manumisión de la inhumana explotación plutocrática y capitalista”

Sobre “la barbarie yanqui” añade que “con la complicidad de Inglaterra, pretendía extender en Europa la misma pseudo-civilización de los ganster, de los raketeers, de los kidnappers y de la Ley de Lynch” (Diario de Ávila 1/08/1941)

Los judíos, con la ayuda de las sectas masónicas, otro de los enemigos del régimen, eran también responsables de la corrupción de las mujeres y de su moralidad:

“Las sectas masónico judías en su afán diabólico de esparcir la corrupción social para raer la civilización cristiana de los pueblos, se ha valido, como instrumento más apropiado, de las mujeres, cuya variedad y afán de admiraciones ha sido estimulado con modas exóticas, espectáculos y diversiones poco o nada conformes a la moral católica y al genuino carácter pudoroso y honesto del sexo femenino” (Diario de Ávila 23/08/1941)

Casi tan peligrosos como los judíos y los masones, los ateos constituían una rareza en la España de la Dictadura.

“Anoche nos vimos sorprendidos por la presencia en Ávila de un ridículo ateo. Como es esto fenómeno que, por monstruoso, no suele producir la naturaleza, celebramos que se manifestara a la luz del día y que no quedara oculto entre las sobras de la noche” Le acusaban, entre otras cosas, de querer “explicar la existencia del mundo por una absurda transformación de la materia” (Diario de Ávila 28/06/1983)

La derrota de los aliados europeos del régimen obligo a sus dirigentes a proceder a un lavado de cara de la dictadura. España tenía que alejarse a marchas forzadas de Alemania e Italia y una de las primeras medidas del Gobierno fue eliminar el saludo fascista, o romano:

“Al iniciarse el 18 de Julio el Movimiento Nacional (…) entre las formas de expresión de vibrante entusiasmo (…) resurgió, frente al puño cerrado, símbolo de odio y de violencia, el saludo brazo en alto y con la palma de la mano abierta, de recio abolengo ibérico, espontáneamente adoptado en pueblos y lugares; saludo que ya en los albores de nuestra historia constituyó símbolo de paz y amistad entre los hombres. Más, circunstancias derivadas de la gran contienda ha hecho que lo que es un signo de amistad y cordialidad venga siendo interpretado torcidamente (…) Esto aconseja que en servicio de la Nación deba abandonarse en nuestra vida de relación aquellas formas de saludo, que mal interpretadas han llegado a privar a las mismas (…) de su autentica expresión de amabilidad y cortesía” (Decreto de 9 de Octubre de 1945)

Para concluir con una nota de humor, (si quereis más comprad el libro) el 27 de Diciembre de 1955 el Diario de Ávila publicaba la siguiente inocentada “Un marciano apresado en la tierra. Será el piloto para la conquista de Marte”

Por desgracia, en aquella época, incluso en la presente, entre nosotros vivían y viven muchos seres que parecen procedentes de otra galaxia.

 

PS.- La foto que encabeza la entrada está tomada de Ávilas. La ciudad en manos del tiempo, una iniciativa de José Luis Pajares que reune más de 2000 imágenes antiguas de la ciudad.

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia, Libros

Antisemitismo y dictadura

Estoy leyendo Ávila… cuando emigraban las cigüenas (1936-56) de Carlos Sánchez-Reyes Palacios. Aunque cuando acabe de leerlo le dedicaré una pequeña reseña en este mismo lugar, voy a ofrecer un “llamativo” adelanto. El libro narra los acontecimientos y la vida diaria de la ciudad de Ávila durante la Guerra Civil y los primeros años de la Dictadura desde dos puntos de vista: la experiencia personal del propio autor y el medio de comunicación por antonomasia en la ciudad y en la provincia: El Diario de Ávila.

Los extractos de noticias y editoriales de este último son especialmente útiles a la hora de retratar el armazón ideológico de los rebeldes y del régimen totalitario que se impuso en todo el país tras la victoria de los sublevados. Un régimen establecido a sangre y fuego y que supuso el asesinato de una buena parte de la población, aquellos que a ojos de los vencedores encarnaban la “Antiespaña”. ¿Y quienes formaban parte de esta? La terna de sospechosos habituales que se convirtieron en los enemigos del régimen: los rojos, los masones y los judíos.

El antisemitismo de los sublevados tenía más que ver con su alineación con los regímenes fascistas europeos que con la existencia en España de una auténtica “cuestión judía”. Las comunidades judías que pudiesen existir en España antes del Golpe de Estado del 18 de Julio eran escasas en número y en importancia y desde luego nunca habían supuesto un problema grave de convivencia u orden público. A pesar de esto, los judíos eran presentados a la opinión pública como los causantes de muchos de los males de la nación: conspiraban contra España, ensuciaban la raza española, eran los impulsores del marxismo que mancillaba Europa, etc.

Este pensamiento racista, que todos sabemos las consecuencias que tuvo en Europa, está presente también en las páginas de “El Diario de Ávila”. Bajo el título “La Bestia Judía” el medio abulense publicó una serie de artículos firmados por D. Felipe Robles Degano, profesor del Seminario. En uno de ellos, el autor propone “un plan que no desmerece de la solución final que Hitler aplicó en Alemania”:

“1º) Matar a todo judío, masón o rojo que haya intervenido activamente en el proyecto, dirección o ejecución del plan revolucionario: “Maleficos non patiens viveres”, no tolerarás que vivan los malhechores, mandó Dios en el Éxodo (c21,18)

2º) Entrar a mano armada en las naciones dominadas por la bestia judía, para exterminarla, como estamos haciendo en España.

3º) Confiscar todos los fondos y valores que judíos, masones y rojos tienen depositados en cualquier establecimiento o empresa.

4º) Prohibir a los jóvenes judíos estudiar en universidades y colegios nacionales, cerrar las sinagogas, todas las logias masónicas y los centros socialistas o rojos. Prohibirles el ejercicio de toda profesión o cargo público.

5º) Quemar todo impreso escrito por los judíos, masones o rojos y cualquier libro que la censura eclesiástica juzgue digno de reprobación.

Los particulares deben abstenerse de comprar en tiendas de judíos, masones y de tener amistad con ellos”

El artículo se publicó en Enero de 1937. Sobran las palabras.

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia, Libros

Morir de éxito – “La Nación inventada” de Arsenio Escolar e Ignacio Escolar.

Un pueblo que se levanta contra un rey lejano para gobernarse. Un pueblo de hombres libres que rompe con el modelo feudal imperante. Un pueblo rudo, aguerrido, acostumbrado a vivir en tierras casi yermas, que se expande hacia el sur con la espada en una mano y la cruz en otra, siguiendo los pasos de sus antecesores, recuperando lo que era suyo. Un pueblo noble, de buenos reyes y buenos vasallos, o de grandes vasallos y malos reyes. Un pueblo elegido para la gloria que permanecerá victorioso en las páginas de la Historia. Un grupo de aldeas en medio de ninguna parte que terminará gobernando un imperio ¿Es esta la historia de Castilla? Ni sí, ni no; más bien todo lo contrario.

Todos los pueblos, todas las naciones y todos los estados (y antes las monarquías absolutas) tienen una mitología propia, unos héroes fundadores y unas hazañas bélicas que sirven tanto para justificar la propia existencia y cohesionar al pueblo, como para diferenciarse de aquellos que están más allá de las fronteras propias. Así fue durante la Edad Media con reinos y monarquías; durante la Edad Moderna, con la creación y asentamiento de los primeros Estados modernos; y hace no mucho tiempo con los procesos nacionalizadores del S. XIX y XX. Piensen en su propio caso. España: los Reyes Católicos, la Conquista de América, la Guerra de la Independencia, el 23-F, la Transición. A Francia le vale con la Revolución; Estados Unidos tiene la Independencia, Washington, Lincoln; Roma fue fundada por Rómulo y Remo. Piensen también en los mitos fundacionales y leyendas de la ciudad donde viven: Badajoz, Ibn Marwan y Menacho; Ávila, Ximena Blázquez. Personajes y situaciones que reales o no forman parte de la identidad de ciudades, pueblos o naciones.

La Nación inventada (de Arsenio Escolar e Ignacio Escolar) profundiza en los mitos fundadores de Castilla, de ese reino de virtudes, hombres libres y gestas heroicas. Como sucede con la mayoría de las historias de héroes y villanos, los héroes no son tan buenos y los villanos no son tan malos. Los mitos fundadores de Castilla, las leyendas y las historias que forman parte de los cimientos de la nación tienen algo de historia y mucho de literatura. El pequeño condado fronterizo con ansias de independencia, los jueces que imparten justicia lejos de la capital leonesa, el bravo Conde Fernán González, el Cid, Tizona, la Reconquista; mucha leyenda y poca realidad histórica.

Nada de esto es nuevo. Los libros de historia llevan años debatiendo los textos y contrastando fuentes; arrojando luz sobre los primeros siglos de Castilla. El mérito del presente libro es ser capaz de hacer accesible este conocimiento al común de los mortales. Seamos sinceros, los libros de Historia Medieval no suelen ser amenos, sencillos o asequibles. Y este libro lo es. Si quieres acercarte a la Historia medieval de España o a la historia de Castilla, a Fernando I, a Sancho II o a Alfonso VI, este es tu libro. Siguiendo el modelo Montanelli, A. Escolar e I. Escolar estructuran la historia en pequeños capítulos, a modo de reportajes periodísticos, en los que abordan la historia de los grandes nombres (el Cid, Fernando III, etc.) y profundizan en otros campos imprescindibles para la comprensión del contexto (el Camino de Santiago, el castellano, la Mesta, etc.)

El problema es que si ya conoces la Historia el libro quizá te sepa a poco. Será deformación profesional, pero echo de menos una bibliografía más extensa y más concreta y referencias a pie de página para sostener determinados argumentos más controvertidos derivando a la fuente original. Es de agradecer, eso sí, el índice onomástico y el toponímico.

El libro se detiene, como durante muchos años se detuvo eso que llamamos reconquista, a las puertas de Granada. ¿Habrá segunda parte? Esperemos que sí. Todavía queda mucho por contar. Hay que explicar como la “nación” más poderosa de la península durante la Edad Media completa la “Reconquista” y unifica (casi por completo) la península, como se lanza al mar hacia el norte de África, al Mediterráneo y hacia América y como, en la cima de su poder y de su gloria, se diluye en un proyecto imperial que la posterga, la empobrece y la derrota. Hay que contar como Castilla muere de éxito porque en ese transito entre el todo y la nada están las claves para explicar el latir de España, el único gran proyecto de Castilla que aún siguen en pie.

Esperamos la segunda parte.

 

 

 

Entradas relacionadas

“El economista camuflado” Tim Harford. La realidad contra los mercados.

“La caída de los Gigantes” Ken Follet. Mil páginas para una década.

2 comentarios

Archivado bajo Historia, Libros

“La caída de los Gigantes” 1000 páginas para una década

El 28 de Junio de 1914, Gravilo Princip, un joven nacionalista serbio, asesinaba en Sarajevo al heredero del Imperio Austrohúngaro, Francisco Fernando de Austria y a su esposa. Diez años después de este suceso, detonante de la I Guerra Mundial, el mundo había cambiado, era otro. No solo habían muerto diez millones de personas en el campo de batalla; esa década (1914-1924) vio caer tres imperios (el imperio Otomano, el AustroHungaro y el Alemán – Kaiserreich) y al Zar de Rusia, vio el triunfo de la Revolución Bolchevique, el nacimiento de la Sociedad de Naciones, la extensión del sufragio femenino, el ascenso de EEUU y la aparición en la política alemana de Adolf Hitler. En esta década se pusieron las bases del nuevo orden mundial, del sistema capitalista y, por desgracia, de la II Guerra Mundial.

Ken Follett, el hombre que más hace por la venta de eBooks (sus libros rondan siempre las 1000 páginas) y autor de uno de los mayores éxitos editoriales de todos los tiempos – Los Pilares de la Tierra – sitúa en esta década el primer volumen de su nuevo proyecto: una trilogía, The Century, dedicada al S. XX. La caída de los Gigantes, que así se titula este nuevo libro, arranca con la coronación de Jorge V y termina con el fallido intento de golpe de Estado protagonizado por el NSDAP de Hitler en Munich durante el mes de Noviembre de 1923 (el denominado Putsch de la Cervecería).

A los fans de Ken Follett, tan solo unas palabras: Si os gustó Los pilares de la Tierra, os gustará este. El esquema y el estilo son tan parecidos que Tom Builder parece dispuesto a aparecer a la vuelta de cada página. ¿Acaso construir una catedral no es como construir un universo? ¿Acaso es más fácil sentar en una mesa a los enemigos que trenzar arcos ojivales hacia el cielo?

Para aquellos que no han leído Los Pilares o su continuación Un mundo sin fin, voy a extenderme un poco más. Ken Follett retrata el mundo de principio del S. XX a través de los ojos de una serie de personajes y familias que se van conociendo, cruzando y relacionando a lo largo del libro. Estos estarán, de una forma u otra, relacionados con los principales acontecimientos políticos del momento: consejeros de altos cargos, primera línea del frente, observadores privilegiados de los grandes acontecimientos. No son los personajes centrales de la historia, no son Lenin, Wilson o el Kaiser Guillermo, pero están cerca, los conocen, los citan y e incluso charlan con ellos. A pesar de esta cercanía a los hechos, aquellos a los que les asunten los asuntos históricos y políticos pueden estar tranquilos. Ken Follett sabe que no puedes vender un millón de libros dedicando cien páginas a los debates del Soviet de Petrogrado. El libro está centrado en los personajes, no en los hechos. Sí, algunos de ellos combaten en primera línea en algunas de las batallas más importantes de la Guerra, pero luchan mientras piensan en ese amor abandonado o en los ojos de la mujer con la que se han acostado en la retaguardia del frente. El resultado es una mezcla de un 75% de sentimientos, 15% de acción y 10%  de sucesos histórico-políticos que personalmente, deformación profesional, me ha sabido a poco. Los protagonistas, como sucede en “Los Pilares” son un poco prototípicos: el noble arrogante, el alemán terco, el hombre que se enfrenta a la tradición y a la familia por el amor, la sufragista, el joven laborista, el pícaro buscavidas, el idealista bolchevique. A la mayoría de ellos les falta un reverso tenebroso, un fondo gris, unas dudas frente a su inquebrantable voluntad.

A pesar de esto, la novela me ha gustado lo suficiente para recomendarla y para esperar su continuación. Además, sostener sus 1017 páginas es un ejercicio estupendo para fortalecer la musculatura de los brazos.

Entradas relacionadas:

Morir de éxito. “La Nación inventada” de I. Escolar y A. Escolar.

La realidad contra los mercados. “El economista camuflado” T. Harford.

 

4 comentarios

Archivado bajo Historia, Libros

El tribunal

El alguacil se cuadró al notar que la puerta se abría. Hinchó el pecho bajo su casaca roja y gritó: “En pie. Preside la sesión el Honorable Juez Pecunio” Todos los presentes se levantaron y observaron con admiración el paso majestuoso del presidente de la sala y de sus acólitos dentro de sus elegantes túnicas de terciopelo verde. Una vez ocuparon todos sus puestos en la tribuna, el Juez Pecunio, máxima autoridad de ese tribunal, se colocó su peluca de bucles dorados y pidió a todos los asistentes que se sentaran.

“Continuemos” dijo. En su meliflua voz podían notarse los efectos de las largas jornadas de trabajo que el tribunal estaba soportando. Con la presente, eran ya dos meses y medio de tediosas sesiones que se prolongaban desde primera hora de la mañana hasta el anochecer. Miles de horas de trabajo, cientos de testimonios de interesados, pruebas y más pruebas. Todo con un objetivo: fijar, de una vez por todas, que conocimientos y profesiones eran económicamente útiles y rentables para la humanidad. Aquellas que se considerasen rentables serían mantenidas y promovidas por los poderes económicos y políticos; las inútiles serían desechadas y olvidadas. Como declaró el fiscal ante los medios de comunicación antes del comienzo de las sesiones “El saber no ocupa lugar, pero sí vale dinero” Aquel tribunal era la consecuencia lógica del latir de la sociedad mercantilista de la época: dinero, capital, inmediatez, resultados, rentabilidad…

Uno tras otro, representantes de las distintas ramas del saber y de las profesiones más variadas habían defendido delante del tribunal sus conocimientos y actividades. Por norma general, tras una breve reunión a puerta cerrada, el tribunal emitía un veredicto a favor o en contra de la supervivencia de cada rama del saber o actividad. Fontaneros, médicos, jardineros, mecánicos y homeópatas habían superado el trámite sin ninguna complicación. Era evidente que sus profesiones eran necesarias y valiosas; productivas para la sociedad moderna y para el mercado. Periodistas, pedagogos y humoristas habían tenido más dificultades, pero finalmente habían superado el corte. No eran profesiones excesivamente productivas, pero podían mantenerse, pues a grandes rasgos eran autosuficientes y poco costosas.

La sesión actual se presentaba más problemática. Frente al tribunal debían comparecer los representantes de varias ramas del saber y profesiones que tenían muchas posibilidades de ser declaradas inútiles. Se esperaban al menos 40 testigos frente al tribunal pero era tal el miedo que provocaba la sesión que en una reunión anterior los interesados habían elegido un único representante común por el método más democrático conocido: la pajita más corta.

“Que se levante el interesado” gritó el Juez Pecunio. Un joven, rondaría la treintena, se levantó de entre el público y con paso dubitativo y desgarbado se acercó hasta el estrado. Su apariencia, barba desarreglada, pelo largo, ligero acné, ropa anticuada y grande; levantó de inmediato un ligero rumor entre el público.

– Nombre y grupo al que representa – dijo el juez
– Represento, en general, a las humanidades, señor juez – respondió el joven con un ligero temblor en la voz. – Y prefiero no decir mi nombre.
– ¿Puede ser más concreto en cuanto a su representación? – inistió el juez, pasando por alto el detalle del nombre.
– Bueno… represento a la Historia, la Filosofía, las Humanidades…  – dudó – Sociología, Literatura, Poesía… también a los grupos de aficionados al teatro, a las asociaciones de amigos de los museos… – volvió a dudar – a los que cantan y a los pintan sin poder vivir de ello… en general – se aclaró la voz – represento a todas las profesiones y saberes que van a desaparecer después de la sentencia de este tribunal.

Un rumor de sorpresa, seguramente debido a la inesperada sinceridad del joven, recorrió los bancos del juzgado.

– ¿Cómo puede estar tan seguro del veredicto de este tribunal? – dijo el juez con una sonrisa cansada.
– Verá – dijo el joven – Cuando supimos de la convocatoria de este tribunal nos reunimos para intentar armar un discurso de defensa. Revisamos estadísticas e informes intentanto encontrar un resquicio que nos permitiera demostrar que somos económicamente útiles para la sociedad. No lo encontramos. Y no lo encontramos porque no existe, porque no tenemos lo que ustedes buscan. Ninguno de nosotros eligió este mundo por sus salidas profesionales o para hacer dinero. Las humanidades, en general, no dan para comer, como mucho para desayunar. Somos conscientes de que no somos rentables. No producimos nada material, nada que se pueda vender y con lo que se pueda obtener ganancias ¿Cómo ganar dinero con los estudios sobre las comunidades de aldea? Además, sabemos la opinión que la sociedad tiene de nosotros: piensa que no somos útiles, que sobramos. ¿Cuantos jovenes de hoy en día piensan que todo lo que nosotros sabemos, lo que estudiamos y lo que algunos de nosotros les enseñamos no vale para nada? ¿Para qué les va a servir saber el desarrollo de las guerras napoleónicas o las teorías de Descartes? Sabemos que no podemos ofrecer nada a una sociedad que demanda conocimientos de consumo inmediato. No encajamos en el mundo que ustedes, el poder y el dinero, diseñan.
– ¿Por qué piensa eso? – intervino el juez.
– Porque nosotros somos molestos. Nos educaron para interpretar la realidad, para mirarla con otros ojos, para criticarla. En parte, somos la conciencia de la sociedad y ustedes quieren callarnos. Servimos para mirar al mundo con criterio, para formular preguntas… y las preguntas no tienen precio. Somos criticos, o lo pretendemos, en una sociedad dócil.
– Entonces – el juez se revolvía incomodo en la silla ante el inesperado alegato del joven – si usted está tan seguro de la sentencia ¿qué hace aquí? ¿Solo acude para escuchar en primera persona el verecito del tribunal?
– No – dijo el joven por primera vez seguro de si mismo – He venido para advertirles: Se equivocan y terminaran pagando por su error. Despreciarnos costará caro a la sociedad. Cuando ustedes dejen de ser “ciudadanos” y pasen a ser “clientes” se acordarán de nosotros.

El juez se levantó enfurecido, acusó al joven de amenazar al tribunal y ordenó su arresto. Tras una brevísima reunión, el tribunal, por unanimidad, decidió abolir las humanidades: el pensamiento único había ganado.

Deja un comentario

Archivado bajo Escenas y Paranoias, Historia, patrimonio, Varios

Arqueología, ciencia y política. Lancia de los astures.

Quizá usted piense lo contrario, pero le aseguro que está en un error: España es un país politizado al extremo. Solo tiene que ver cualquier informativo, comprarse un periódico o leer los comentarios a cualquier noticia de los medios digitales. ¿Que hay mucha gente que pasa de política? En absoluto. Todos los que se definen como apolíticos son de derechas, votantes o no. Y toda esa gente que vive de continuo cabreada con el gobierno, sea del color que sea, es de izquierdas. Todo, absolutamente todo, está impregnado de política. ¿Los toros? Política ¿El fútbol? Política ¿Una inundación? Política ¿Un asesinato? Política. ¿La ciencia? Política. ¿También la ciencia? Pues sí ¿o tengo que recordarle todo aquello de las celulas madres, mentarle a Darwin o a la Santa Madre Iglesia? Si a esta politización del medio sumamos la querencia natural del hispano hacia las trincheras obtendremos como resultado un estado de eterna confrontación de extremos; en una palabra: España.

No descubro la dinamita ni aspiro a un premio Nobel cuando afirmo que la Historia y la Arqueología son las ramas de la ciencia más fácilmente intoxicables por la política. Todos los procesos de nacionalización, de conformación del sentimiento nacional de un pueblo, han ido de la mano del estudio (o la invención) de la historia propia y de la confrontación de esta con la historia de los más cercanos. Todos los pueblos tienen sus orígenes, sus héroes, sus victorias y sus derrotas, sus enemigos naturales y sus fobias. La Historia ha servido desde sus orígenes para el modelado de la conciencia nacional, para el despertar del sentimiento patriótico o para la justificación de hechos y personas. La Historia es política porque la ideología deforma nuestros puntos de vista y nos impide ser objetivos sobre los hechos. La Historia no puede ser objetiva porque aquellos que la construyen no son/somos objetivos.

La arqueología cuenta con una gran ventaja sobre la Historia, algo que debería ser una ventaja y no lo es y con una gran desventaja. Ventaja: las fuentes son objetivas. Una Dragendorff 32, es una Dragendorff 32 aquí y en la China Popular. El registro es el registro aunque sea parcial (otra cosa son las interpretaciones, pero de eso hablo después) Algo que debería ser una ventaja pero no lo es: los cadaveres están frios. La lejanía temporal entre lo estudiado y la actualidad debería alejar a las visceras de estos asuntos. La realidad es que esto no es así. Una gran desventaja: el dinero. La arqueología es cara y solo es economicamenteproductiva en la medida que es explotable turística y publicitariamente. Esto es un riesgo pues pone a muchos arqueologos a los pies de los caballos políticos y los medios de comunicación. Una cita al respecto, de Jose María Bello Dieguez, Director del Museo Arqueológico e Histórico de La Coruña:

“Sin embargo, la deriva de la situación actual, en la que la creciente presencia social de la arqueología no es independiente del incremento de su interés económico como fuente generadora de ingresos de tipo turístico y cultural, lleva a una mayor dependencia del poder político y, en consecuencia, de la popularidad y la presencia en los medios capaz de influir sobre él. Cada vez más, el éxito de un proyecto arqueológico a la hora de conseguir los medios necesarios para su financiación depende no de la calidad del proyecto en sí, sino del apoyo de los poderes locales, de la presencia mediática y del impacto popular que sean capaces de generar los promotores del proyecto.”

Esta situación está provocando en la actualidad dos fenómenos preocupantes: una arqueología patológica y una utilización patológica de la arqueología.

Los arqueólogos se ven forzados a buscar titulares de impacto para atraer la atención del público y de los políticos, y por ende las subvenciones de unas instituciones mayoritariamente acientíficas. Esta necesidad obliga, en el mejor de los casos, a forzar las interpretaciones o a exagerar la realidad. Son muchas las noticias arqueológicas que aparecen en los medios en las que la busqueda de ese titular lleva a frases rocambolescas, afirmaciones insostenibles o comparaciones injustificadas. Cualquier cosa es como Roma, como Pompeya, como Atapuerca, como Numancia. Da igual que no tengamos nada, cuando lo tengamos será extraordinariamente importante y cambiará todos los paradigmas. Incluso en algunos casos, pocos por fortuna, se llega a falsear la realidad. Esta arqueología patológica está directamente relacionada con la política, esa marea que lo inunda y contamina todo, pues la busqueda del redito político inmediato favorece a aquellos que menos escrúpulos tienen como cientificos y provoca, además, un uso patológico de la ciencia arqueológica, incluso cuando esta no está contaminada por el fenómeno.

Estoy pensando en concreto en dos ejemplos: Iruña-Veleia y Lancia. Les resumo, por si no están al tanto. Iruña-Veleia, en la localidad alavesa de Iruña de Oca, antiguo oppidum caristio, es el yacimiento arqueológico romano más importante del Pais Vasco pero, si les suena el nombre, posiblemente no tenga que ver con su significado histórico. La aparición en las campañas de excavacion de 2005 y 2006 de lo que se denominó en su momento “grafitos excepcionales” abrió una triste polémica que acabó con la demostración de su falsedad y el paso por los tribunales de los responsables de la excavación. Es imposible resumir en unas lineas todo lo escrito al respecto, la emoción inicial de los expertos cercanos al equipo por lo revolucionario de los hallazgos, el escepticismo que encontró cobijo en los foros de internet, las sospechas de fraude, la investigación, etc… Aunque hay opiniones para todos los gustos y no todo el mundo está satisfecho con las conclusiones de la comunidad científica, el fraude es evidente. Ya sean o no los directores de la excavación los responsables directos del fraude, la exposición pública de los hallazgos, la busqueda de impacto mediático y la politización del asunto; convierten a Iruña-Veleia en un caso palmario de ciencia patológica.

Lancia, por su parte, comparte origenes con Veleia. En la provincia de León, fue el ultimo bastión de los astures antes de la conquista romana y una importante nucleo de población después de esta. A los pies del cerro, en una zona que se pensaba podía albergar un basurero, ha parecido toda una ciudad. El problema es que esta ciudad está en medio del trazado de la autovía Valladolid-León y su conservación está, digamoslo así, comprometida. Hasta aquí nada patológico.

Lo patológico llega cuando la defensa del yacimiento se politiza y se interpreta como la defensa de la identidad leonesa frente al opresor castellano. También sucede cuando un político habla del Homo Antecessor como del primer castellanoleonés, o de un primate hominoideo encontrado en un pueblo de Barcelona como el primer catalán, sin haberle encontrado, que se sepa, barretina asociada.

Por si fuera poco peligro para la arqueología la busqueda del titular, su politización, en muchos casos su “nacionalización”, la ponen al servicio de intereses espurios que para nada la beneficían. Es innecesario revestir a Lancia de valores identitarios para lograr su conservación pues su valor patrimonial e histórico es manifiesto. ¿Por qué involucrar a la arqueología en insulsas batallitas personales? ¿No tienen acaso suficiente con su munición habitual para lanzarse a la cabeza?

La ciencia, por favor, alejada de la política y de los políticos. Gracias.

Extra:  Arqueología, pseudociencia y ciencia patológica. Jose María Bello.

1 comentario

Archivado bajo Historia, patrimonio, Política, Varios

La importancia de una “a”

Hoy, el Diario de Ávila dedica un pequeño reportaje a la publicación de una novela centrada en el Camino de Santiago y en las dudas sobre la identidad de los restos conservados en Compostela. Sobre esto no voy a comentar nada. Creo que cualquiera con dos dedos de frente sabe que las posibilidades de que el cadaver de un hombre muerto en Jerusalén en el año 44 aparezca en el S. IX en mitad de un monte gallego son bastante bajas. Que sea Prisciliano es otro cantar, aunque sabemos que sus seguidores recuperaron el cadaver en Treveris y se lo trajeron a la península.

Solo voy a comentar dos cosas. En primer lugar una tontería. El libro fue publicado en 2008. Que sea noticia ahora demuestra que Ávila en Agosto es una ciudad muy aburrida tranquila.

En segundo lugar, quiero llamar la atención sobre este parrafito:

Afirma Tracy Saunders que Prisciliano fue declarado hereje después de ser nombrado obispo porque el suyo «era un mensaje notablemente agnóstico, un remanente de la iglesia temprana en tiempos en que no había necesidad de sacerdotes y de obispos»

Según el DRAE:

Agnosticismo : Actitud filosófica que declara inaccesible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia.

Vaya con Prisciliano, como para no cortarle la cabeza.

¿No será más bien que el mensaje de Prisciliano era “notablemente gnóstico”? Así, sin la “a”. Volvamos al DRAE:

– Gnosticismo – Doctrina filosófica y religiosa de los primeros siglos de la Iglesia, mezcla de la cristiana con creencias judaicas y orientales, que se dividió en varias sectas y pretendía tener un conocimiento intuitivo y misterioso de las cosas divinas.

Esto me parece que encaja mejor. Por cierto, si buscan en Wikipedia agnosticismo verán el siguiente mensaje de advertencia: No confundir con gnosticismo

PS.- Sí, ya se que es una tontería, que a mi también me puede pasar y que a nadie le importa, pero tenía que decirlo.

PS2.- A lo mejor era buena idea empezar a pensar en una amplicación del Museo Provincial o en la construcción de un nuevo Museo de la Ciudad. En el centro hay un par de solares estupendos (y en las afueras a patadas)

1 comentario

Archivado bajo Ávila, Historia, Medios, patrimonio