Archivo mensual: enero 2011

Estamos jodidos

Ayer, el gobierno, los principales sindicatos y las organizaciones empresariales llegaron a un acuerdo global que afecta a la reforma laboral, a la negociación colectiva y al sistema público de pensiones. Días atras, la Vicepresidenta y Ministra de Economia anunciaba la bancarización o estatalización de las Cajas de Ahorro. Antes, el Gobierno anunciaba la supresión del PRODI, la famosa ayuda de 426 a parados sin prestación y su posterior sustitución por ayudas de 350 euros sujetas a la realización de programas de formación. Unas semanas antes, el Gobierno anunciaba la privatización de la gestión de los aeropuertos y de una parte de las Loterias del Estado. Y todo esto después de aquel Mayo maldito que se llevó por delante al Zapatero que ganó las elecciones y que encumbró al Zapatero reformista del “cueste lo que cueste”.

Quizá tengan razón y no haya más opciones. Quizá estamos tan mal que cualquier sacrificio es poco para evitar nuestra caída a los abismos. Quizá no sean caprichos del capital y de sus acólitos y realmente todas estas medidas sean por nuestro bien. Quizá todos esos que se equivocaron y destruyeron su presente, nuestro presente y nuestro futuro, han visto definitivamente la luz, han releido los gráficos y hayan sido iluminados por la verdad. Quizá, ahora sí, vayamos por el buen camino. Sea por esto, porque esta es la única solución, o sea porque definitivamente los mercados han refundado a su antojo el Estado del Bienestar, estamos jodidos. ¡Parcelemos el Estado en cómodas porciones y vendamoselas al peor postor!

Estamos jodidos como ciudadanos, como “progresistas” (signifique esto lo que queramos que signifique) y como jóvenes. Estamos jodidos como ciudadanos porque nuestros representantes políticos y sindicales y el Estado no tienen apenas margen de maniobra. No voy a negar que tenemos parte de culpa en su misería. La política está plagada de personajes de dudosa capacidad, que legislan sin tener ni remoto conocimiento de la realidad que articulan, a los que nos empeñamos en votar año tras año, roben, estafen o se construyan mansiones con nuestro dinero. Esto último es especialmente grave. En el fondo, nos decimos, lo hacen por nuestro bien; o aún peor: nosotros también lo hacemos o lo haríamos si tuviésemos oportunidad. Por otra parte, nos hemos esforzado como ningún país para despojar a nuestros sindicatos de poder de negociación. Ellos tampoco se esfuerzan por lograr nuestro cariño, no seré yo quien los defienda, pero pensar que las huelgas, las protestas y la movilización son para idiotas es de nuestra propia cosecha. Lo del Estado es punto y aparte. Nos vanagloriamos de no pagar impuestos, de defraudar a Hacienda, mientras culpamos a Zapatero, ese liberticida, de todo porque desconocemos los principios más básicos del funcionamiento de nuestra democracia. Pensamos que implicarse es, con suerte, votar cada cuatro años y encima tenemos la mala suerte de que las elecciones caen siempre en domingo, justo el único día que tenemos para tocarnos los huevos, ir al campo, ver fútbol o pasar la resaca.

Estamos jodidos como “progresistas”, aunque dudo de que sea un encasillamiento válido. Estamos divididos, sin un discurso unificador y parecemos escasos de alternativas. Hemos dejado que se derrumbara el Estado del Bienestar que tanto nos había costado construir y encima parecemos los culpables. Es una sentencia ya vieja, pero cada día es más evidente que de la crisis del capitalismo salvaje solo va a salir fortalecido el capitalismo salvaje. ¿Dónde está la eliminación de los paraisos fiscales? ¿Dónde la refundación del capitalismo? ¿Dónde el impuesto a la gran Banca? ¿Dónde la economía social de mercado? ¿Dónde están las alternativas que se esperaban de nosotros? Siendo optimistas, hemos conseguido suavizar el golpe: no nos han roto las dos piernas, solo nos han partido la cara. ¡Viva nosotros!

Y estamos jodidos como jóvenes. No ya porque la reforma de las pensiones nos obligue a trabajar más para cobrar menos; lo verdaderamente difícil es trabajar. ¿Cómo cotizar durante 37 años si apenas podemos empalmar contratos temporales? Eso sí, los becarios de investigación pueden estar tranquilos: sumaran como máximo dos años de cotización por sus becas, aunque se pasen siendo becarios 6 u 8 años. ¡Así avanza la ciencia! ¡Que coticen ellos! Con un 43% de paro juvenil que Alemania ofrezca trabajo a nuestros titulados nos parece una gran noticia, aunque eso signifique regalarles el dinero que el Estado ha invertido en ellos. Nos parece también buena noticia que un grupo de violentos queme contenedores en la Puerta de Sol porque lo interpretamos como un altavoz del descontento juvenil. ¡Abajo el servicio de recogida de basuras! ¡Los contenedores de papel son instrumentos del capitalismo! Estamos jodidos porque hay muchos jóvenes sin formación, sin futuro y sin intereses y porque hay muchos jóvenes con formación y con intereses que son incapaces de movilizar o motivar a los otros jóvenes. Estamos jodidos porque los jóvenes no se sienten participes de los problemas de otros jóvenes, porque hay jóvenes que no piensan en que les sucederá dentro de 30 años o en lo que sucedió hace treinta años. Estamos jodidos porque muchos de nosotros nos quedaremos atrás, porque viviremos peor que nuestros padres y porque además tenemos que dar las gracias por todo ello. Estamos jodidos porque, nos guste o no, no tenemos forma de influir en nuestro destino ni en el de nuestro país. No seais ilusos ¿vais a manifestaros? ¿Y qué vais a pedir? ¿Dónde estabais en la última huelga? ¿Dónde en las últimas elecciones? ¿Dónde estais en las asambleas y en los partidos y en los sindicatos? Estamos en twitter, en Facebook, en blogs y redes sociales, pero los cambios aún se votan y se deciden en las calles y en el Parlamento.

Estamos jodidos, lo sabemos, no podemos hacer nada para cambiarlo ¿o sí?

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Profesiones complejas

Era difícil convencer a sus amigos y conocidos de que el suyo era un trabajo duro, pero él lo intentaba una y otra vez. Os pensais que es fácil, les decía, estar todo el día en pie, firme, mirando al frente, sin torcer el rostro. Sus amigos se reían de sus argumentos, pero el no cejaba en su empeño. Todo el día, continuaba, sometido a los gustos y apetecencias de otros. Que si ponte esto, que si ponte esto otro, que si quitatelo todo. Ahora aquí, ahora allí. No podía decidir ni como se vestía ni donde se ponía. Teníais que ver, les decía, las cosas tan extrañas que me han obligado a ponerme.

De todas formas, sabía que no podía quejarse en exceso. Conocidos suyos, con la misma formación y experiencia, tenían trabajos peores. Algunos tenían que estar durante meses expuestos a las inclemencias del tiempo. Hiciese frio o calor, allí estaban ellos, firmes, inamovibles. Otros tenían profesiones de riesgo que, en muchas ocasiones, les causaban graves daños y les impedía volver a trabajar. Los menos, por fortuna, caían cumpliendo con su deber y nadie lloraba por ellos.

Él había intentando, hacía ya tiempo, encontrar otro trabajo. En el fondo no le disgustaba el suyo, pero creía estar preparado para mayores retos. El problema era, pensaba él amargamente, que el mercado laboral era demasiado rígido. Es muy difícil para los trabajadores cambiar de sector, se quejaba insistentemente a quien quisiera escucharle. Si estas encasillado en algo, es difícil que alguien se arriesgue contigo y te contrate para otra cosa.

Ahora estaba resignado. Sabía que nunca sería atleta porque era lento, ni piloto de automóviles porque le faltaba flexibilidad en las piernas y reflejos. Nunca sería patrón de barco porque con la humedad se hinchaba y tampoco profesor de guardería porque si algún niño le pintaba le costaba horrores quitarse la pintura.

Sí, hay que reconocer que es difícil ser un maniquí.

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Morir de éxito – “La Nación inventada” de Arsenio Escolar e Ignacio Escolar.

Un pueblo que se levanta contra un rey lejano para gobernarse. Un pueblo de hombres libres que rompe con el modelo feudal imperante. Un pueblo rudo, aguerrido, acostumbrado a vivir en tierras casi yermas, que se expande hacia el sur con la espada en una mano y la cruz en otra, siguiendo los pasos de sus antecesores, recuperando lo que era suyo. Un pueblo noble, de buenos reyes y buenos vasallos, o de grandes vasallos y malos reyes. Un pueblo elegido para la gloria que permanecerá victorioso en las páginas de la Historia. Un grupo de aldeas en medio de ninguna parte que terminará gobernando un imperio ¿Es esta la historia de Castilla? Ni sí, ni no; más bien todo lo contrario.

Todos los pueblos, todas las naciones y todos los estados (y antes las monarquías absolutas) tienen una mitología propia, unos héroes fundadores y unas hazañas bélicas que sirven tanto para justificar la propia existencia y cohesionar al pueblo, como para diferenciarse de aquellos que están más allá de las fronteras propias. Así fue durante la Edad Media con reinos y monarquías; durante la Edad Moderna, con la creación y asentamiento de los primeros Estados modernos; y hace no mucho tiempo con los procesos nacionalizadores del S. XIX y XX. Piensen en su propio caso. España: los Reyes Católicos, la Conquista de América, la Guerra de la Independencia, el 23-F, la Transición. A Francia le vale con la Revolución; Estados Unidos tiene la Independencia, Washington, Lincoln; Roma fue fundada por Rómulo y Remo. Piensen también en los mitos fundacionales y leyendas de la ciudad donde viven: Badajoz, Ibn Marwan y Menacho; Ávila, Ximena Blázquez. Personajes y situaciones que reales o no forman parte de la identidad de ciudades, pueblos o naciones.

La Nación inventada (de Arsenio Escolar e Ignacio Escolar) profundiza en los mitos fundadores de Castilla, de ese reino de virtudes, hombres libres y gestas heroicas. Como sucede con la mayoría de las historias de héroes y villanos, los héroes no son tan buenos y los villanos no son tan malos. Los mitos fundadores de Castilla, las leyendas y las historias que forman parte de los cimientos de la nación tienen algo de historia y mucho de literatura. El pequeño condado fronterizo con ansias de independencia, los jueces que imparten justicia lejos de la capital leonesa, el bravo Conde Fernán González, el Cid, Tizona, la Reconquista; mucha leyenda y poca realidad histórica.

Nada de esto es nuevo. Los libros de historia llevan años debatiendo los textos y contrastando fuentes; arrojando luz sobre los primeros siglos de Castilla. El mérito del presente libro es ser capaz de hacer accesible este conocimiento al común de los mortales. Seamos sinceros, los libros de Historia Medieval no suelen ser amenos, sencillos o asequibles. Y este libro lo es. Si quieres acercarte a la Historia medieval de España o a la historia de Castilla, a Fernando I, a Sancho II o a Alfonso VI, este es tu libro. Siguiendo el modelo Montanelli, A. Escolar e I. Escolar estructuran la historia en pequeños capítulos, a modo de reportajes periodísticos, en los que abordan la historia de los grandes nombres (el Cid, Fernando III, etc.) y profundizan en otros campos imprescindibles para la comprensión del contexto (el Camino de Santiago, el castellano, la Mesta, etc.)

El problema es que si ya conoces la Historia el libro quizá te sepa a poco. Será deformación profesional, pero echo de menos una bibliografía más extensa y más concreta y referencias a pie de página para sostener determinados argumentos más controvertidos derivando a la fuente original. Es de agradecer, eso sí, el índice onomástico y el toponímico.

El libro se detiene, como durante muchos años se detuvo eso que llamamos reconquista, a las puertas de Granada. ¿Habrá segunda parte? Esperemos que sí. Todavía queda mucho por contar. Hay que explicar como la “nación” más poderosa de la península durante la Edad Media completa la “Reconquista” y unifica (casi por completo) la península, como se lanza al mar hacia el norte de África, al Mediterráneo y hacia América y como, en la cima de su poder y de su gloria, se diluye en un proyecto imperial que la posterga, la empobrece y la derrota. Hay que contar como Castilla muere de éxito porque en ese transito entre el todo y la nada están las claves para explicar el latir de España, el único gran proyecto de Castilla que aún siguen en pie.

Esperamos la segunda parte.

 

 

 

Entradas relacionadas

“El economista camuflado” Tim Harford. La realidad contra los mercados.

“La caída de los Gigantes” Ken Follet. Mil páginas para una década.

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Las Autonomías (otra vez)

No se lo van a creer, es normal, pero les juro por mi peluche favorito que uno de los temas del momento, uno de los hits de la actualidad patria, es la configuración territorial del Estado en su vertiente autonómica. Si, ya sé que es algo que salta de vez en cuando a la primera plana de los medios, pero ahora tiene tintes novedosos, se lo aseguro. A un lado del ring y defendiendo el título, los nacionalismos periféricos, siempre incómodos con el modelo, las costuras y las compañías. Al otro lado del cuadrilátero, en exclusiva mundial, los neocentralistas (aplausos aquí) encabezados por un antiguo campeón, el ex-presidente Aznar y con la nueva estrella emergente de la derecha, el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva (aullidos de admiración aquí).

Todos ellos se han descolgado en las últimas semanas con declaraciones contra el actual modelo autonómico y, oh sorpresa, todos coinciden: el estado de las autonomías es insostenible. Una vez más, todos se esfuerzan por confirmar una vieja máxima política: los extremos se tocan. Y no acabamos aquí, todos ellos coinciden en que además de inviable es un despilfarro.

Desde el bando neocentralista, nos repiten una y otra vez aquel mantra de las 17 Españas, los 17 gobiernos, los solapamientos y las duplicidades. En resumen, España se rompe y además sale caro. El cabeza de familia de los neocentralistas, el político con mejor y más usado perfil de España, Don Mariano Rajoy, hace como acostumbra: no mojarse en exceso para no disgustar a nadie. A él le gustan las autonomías, por supuesto, son positivas para el ciudadano y no cree que sea necesario que estas devuelvan competencias al Estado, pero en situaciones como la actual el modelo “puede ser mejorable”. Para redondear la intervención ha pedido a todo el mundo que concretase (se ignora si él se considera parte de ese “todo el mundo”)

Desde el otro bando el mensaje es parecido, pero no igual: el modelo es caro, sí, y además lo pagamos nosotros (Cataluña y Euskadi, se supone) para que otros vivan de subvenciones (Extremadura y Andalucia, principalmente). En resumen: el café para todos está aguado y nosotros lo preferimos con leche, así que pedimos por nuestra cuenta.

En definitiva, el eterno debate entre quienes piensan que las autonomías son una barbaridad por excesivas y rompepatrias; y aquellos otros que piensan que las autonomías son una barbaridad por escasas y unificadoras. A la vista de estas posiciones, si fuese verdad que en el termino medio se encuentra la virtud, las autonomías estarían camino de los altares del virtuosismo.

Un servidor de ustedes ya escribió sobre este tema hace unos años, en otro de los momentos álgidos del debate autonómico, y como es difícil cambiar superados los 25 años, sigo pensando practicamente igual. “Las Comunidades Autónomas han sido uno de los motores del desarrollo de España. Han servido para recortar desigualdades económicas y sociales, proteger e impulsar las culturas regionales, defender los idiomas propios como patrimonio común del Estado, además de servir de respuesta a las ansias de autogobierno de parte de la ciudadanía. No han sido pocos los aciertos del sistema y es necesario un reconocimiento” decía por entonces y lo mantengo. Incluso ahora que la situación económica, política y social no es la mejor, el Estado Autonómico es uno de los principales activos con los que contamos a la hora de hacer frente a la crisis.

Pero también reconocía entonces y reconozco ahora que “el sistema ha presentado problemas de cimentación y de desarrollo desde el comienzo. Desde aquellas dos vías de acceso al autogobierno, hasta las últimas transferencias, pasando por un Senado, cámara de representación territorial, escasamente funcional. En la actualidad, y sobre todo en determinadas cuestiones, las Comunidades Autónomas parecen reinos de taifas dirigidos por reyezuelos locales envidiosos de las glorias y esplendores de los vecinos” Como pensaba entonces, el problema de las autonomías es que en muchas ocasiones son cobijo de personajes políticos de segunda o tercera clase. No es necesario querer romper España para ser un reyezuelo, basta con ser Camps, Aguirre, Valcarcel o el exiliado Matas.

La reforma que necesita el Estado Autonómico no es centralizadora, ni pasa por la eliminación de determinadas autonomías. La reforma pasa por avanzar, todos juntos y yo el primero, por la senda federalista, por perfeccionar el modelo esbozado en la Constitución. Dejemos de gritarnos y abramos un debate donde tratar todos los puntos que sean necesarios, desde las competencias a la reforma del Senado, pasando por la financiación, la descentralización municipal o la eliminación de las diputaciones; lo que haga falta. Creemos un modelo que no solo asegure el autogobierno de las Autonomías y fije el primordial papel del Estado central; un modelo que vaya más allá, que hable de participación directa de las CCAA en las decisiones del Estado, de responsabilidad conjunta en el Gobierno de todos. Como dijo una vez Suso del Toro, no solo faltan teóricos del federalismo, faltan teóricos, prácticos, ganas y fuerzas.

Abramos el debate para desarrollar un modelo que sirva para que todas las administraciones remen hacia la misma orilla. Como dice Jordi Sevilla en un artículo del año 2006 sobre el impacto económico del estado autonómico (pdf) “durante los últimos años se ha puesto en evidencia que los países con un Sector Público fuerte y eficiente pueden enfrentarse con más posibilidades de éxito a situaciones de crisis económica. Tal y como ha ocurrido en los países del Norte de Europa, en los que un potente Sector Público ha sido el factor coadyuvante para superar esas crisis de manera eficaz, con el apoyo de sociedades cohesionadas, bien estructuradas y avanzadas.”

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Niebla

Paseaba por el puente escuchando música con su mp3, arriba y abajo, deambulando en la niebla, lejos de los coches que atestaban la ciudad. De vez en cuando, se paraba y se asomaba sobre el pretil para intentar adivinar, bajo ella, el lento discurrir de las turbias aguas del caudaloso río. Cuando se aburría de buscar patos sobre el agua, volvía a caminar sobre el puente, de un extremo a otro y vuelta a empezar.

Cuando llevaba caminando por el puente, arriba y abajo, más de una hora, se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no se cruzaba con nadie en su deambular. Se paró en el centro del puente, miró a un lado y a otro y consultó su reloj para comprobar que no era demasiado tarde. Estaba extrañada y decidió dejar de caminar por el puente y volver a las calles de la ciudad, pero cuando llegó a uno de los extremos del puente no había ninguna ciudad allí. Corrió asustada hacía el otro extremo del puente pero allí tampoco había ciudad, tan solo niebla.

Llorando regresó al centro exacto del puente, se sentó en el suelo apoyada contra el pretil, cerró los ojos y volvió a ponerse la música. Estaba aterrorizada. Allí estuvo un par de horas, sentada, con los ojos cerrados, las manos cerradas sobre las rodillas, temblando, escuchando música, hasta que la batería de su reproductor se agotó. En mitad del silencio, abrió los ojos; la niebla había desaparecido y la ciudad había vuelto.

Se levantó y caminó hasta la avenida más cercana, paró un taxi y le pidió que le llevase hasta su casa. Abrió el portal, subió corriendo las escaleras y llamó a su casa. Cuando su pareja abrió la puerta, le besó en los labios.

– Hola cariño, ¿que tal el paseo?

– Genial. Por fin conseguí desconectar. Ha sido absolutamente maravilloso.

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2011: y nos lo queríamos perder…

Apenas semana y media de año y ya estamos saturados de actualidad.

La gran noticia que abre la semana es el enésimo comunicado de ETA, comentado y analizado cientos de veces por políticos y periodistas de todos los medios y en numerosos blog. El mejor resumen es el de Rubalcaba: “Es una buena noticia, pero no es la noticia”. Por cosas como esta ocupa el puesto que ocupa y tiene fama de gran comunicador. Una frase redonda, clara y sencilla para marcar la posición del Gobierno en un tema increiblemente complejo. Esperabamos un salto y solo han dado un pasito. El comunicado, difundido por Gara a mediodía, está redactado en el tono habitual de ETA, grandilocuente, exaltado, iluminado; y aporta pocas novedades. Es un alto el fuego permanente, lo que no quiere decir nada puesto que pueden romperlo con un atentado. Es un alto el fuego general ¿quiere decir esto que abandonan la extorsión, el aprovisionamiento de armas y explosivos y otras actividades de reorganización? No se sabe. Es un alto el fuego verificable internacionalmente, lo que quiere decir poco porque el Gobierno ha rechazado ya muchas veces, incluso con ocasión del anterior comunicado, la mediación internacional. Además, el comunicado parece no contentar a la izquierda abertzale, que necesita estar en las próximas elecciones y se ve lastrada por la inamovilidad de ETA. La postura del Gobierno parece firme, no hay negociación posible. Esta misma noche la Guardia Civil ha detenido a dos presuntos etarras. El mensaje que trasmite estas detenciones es claro: con esto no basta. La pelota sigue estando en el tejado de Batasuna que, según parecen demostrar los acontecimientos, está siendo capaz, en cierta medida, de imponer su agenda a la organización terrorista. Si Batasuna quiere estar en Mayo en las instituciones tienen que romper con ETA u obligar a esta a romper con su pasado. Si consigue esto, el Gobierno y los partidos políticos tienen que estar dispuesto a acatar la legalidad que ellos mismos han votado. Si Batasuna rompe con ETA o rompe a ETA, Batasuna tiene que volver a ser legal. Si Batasuna cumple su parte y el Gobierno y los partidos no lo hacen estarán dando argumentos y oxígeno a una ETA agonizante. Si Batasuna cumple las reglas no podemos cambiarlas ¿o queremos ser como “los mercados”, exigiendo más y más cada vez que se alcanza una meta?

Después de las vacaciones navideñas, los mercados han vuelto. Portugal está al borde del abismo a pesar de haber cumplido con todo lo que le exigían. Claro, lleva una decada de crecimiento anémico ¡corramos a enseñarles como tienen que hacerse las cosas!. Y detrás de Portugal va España, e Italia y Bélgica. Visto desde fuera, no soy economista, en “los mercados” parecen juntarse intereses de muy distinto pelaje. (Advertencia: es un análisis simplista, lo sé, no soy quien para escribir un manual) Por un lado, hay gente preocupada por los ahorros que gestiona, gente que invierte el dinero de otros y que no quiere perderlo. Esta gente mira los índices, los datos macroeconómicos y tuerce el gesto. Es arriesgado invertir en ciertos países, o eso dicen, y decide no hacerlo, lo que inmediatamente afecta a la demanda y al precio de los bonos de esos países. Otros inversores invierten, aún creyendo que esas inversiones son peligrosas, porque creen que los rendimientos que ofrecen merecen el riesgo que se corre. No es extraño que estos inversores quieran más por su dinero. Hasta aquí no tenemos nada que reprochar a “los mercados”, es su dinero, que hagan lo que quieran con él. ¿Hay inversores perversos que intentan hacer daño? Es posible que los haya pero no tenemos que engañarnos. No hacen el mal porque tengan cuernos, rabo y vistan de rojo, ni porque odien a nuestro país, a la UE o a los PIGS en general. Hacen lo que hacen porque ganan dinero, nada más. La cuestión es que los Gobiernos y la UE han sido incapaces de poner freno a esta forma de hacer fortuna a costa de la salud y los bolsillos de los demás. El problema es doble: cuando todo iba bien nadie pensó en las “vacas flacas” y ahora que todo va mal no hay nadie capaz de ponerle el cascabel al mercado. Tenemos que jugar a un juego que parece no tener reglas; pero no las tiene porque nosotros aceptamos jugar así. O les ponemos reglas, dictadas desde Bruselas, o todas las pruebas que superemos serán insuficientes.

Una de esas pruebas de fuego son las pensiones. Entre otros cambios, el Gobierno quiere aumentar la edad de jubilación hasta los 67 años, y eso no gusta a los sindicatos, que amenazan con convocar una nueva huelga general. Después de la última Huelga, los sindicatos deberían andarse con ojo, no tienen todo el poder de movilización que se requeriría para parar en las calles las medidas del gobierno, pero este último tampoco anda sobrado de fuerzas. El Gobierno cuenta con el PNV y con CC, y con el BOE, pero más allá de esto está la nada. La ausencia de potencia de fuego debería llevar a los contendientes a un pacto de no agresión si no quieren ir juntos de la mano a encontrarse con Caronte. Los sindicatos, que son quienes más tienen que perder, deberían aceptar las propuesta del Gobierno y aprovechar esta cesión para ganar en otros frentes. Aceptamos barco, nos tragamos el sapo, sí, pero a cambio obtenemos otras cosas, incluso relacionadas directamente con el sistema de pensiones. Por ejemplo: fijar los 67 años para todos, menos para un catálogo de profesiones especialmente duras, limitar las prejubilaciones para los trabajadores de cuello blanco, un apoyo dedicido (y progresista, nada de cheques bebes) a la natalidad, inversiones en educación infantil y primaria que a largo plazo mejoren la productividad de nuestra economía, etc…

Se presenta un año muy interesante.

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Que no se olvide – Anorexia y bulimia

Este post es una colaboración de Su_yeltes.

La anorexia y la bulimia nerviosa saltaron hace unos días a los medios de comunicación a causa del fallecimiento de Isabelle Caro, imagen de la polémica campaña No-l-ita, del fotógrafo Oliviero Toscani. La exposición de su cuerpo, fuertemente afectado por la enfermedad, dio origen a numerosas críticas y ante eso yo me pregunto ¿es mejor tapar las verdaderas consecuencias? Difiero del comentario realizado por Juana Martín, directora de ADANER (Asociación en Defensa de la Atención a la Anorexia Nerviosa y Bulimia): “Es posible que esto sirva para asustar a la sociedad y a las familias, pero el enfermo no se asusta absolutamente con nada. Le da pena cuando lo ve, pero no se conciencia” Con esta frase parece olvidarse de aquellas personas que buscan la salida, a las cuales esta simple imagen pudo darles un impulso más para luchar contra la enfermedad.

En la actualidad, la lucha contra Ana y Mia (anorexia y bulimia) se enfrenta a dos problemas: el primero, que han dejado de estar entre los temas de mayor interés y cobertura mediática. En segundo lugar, estas enfermedades no son tratadas, en muchas ocasiones, con el “debido respeto”. Recuerdo en estos momentos canciones como Anorexia de Los Porretas – superficial y burlesca- , comentarios como “no pasa nada porque la niña quiera estar delgadita” – siendo ya un esqueleto – o “son enfermedades de ricos”. Ante este último sí puedo decir que efectivamente están en lo cierto, no porque lo sufran solo personas adineradas, a las que les sobra de todo y por eso desechan la comida, sino porque los tratamientos y la atención psicológica son muy caros, por no hablar de las dificultades a las que se enfrentan los familiares para lograr el ingreso en clínicas especializadas de los enfermos – plazas públicas muy restringidas, escasos centros de día para hacer frente a los enfermos y carísimos centros privadas.

Quizás sea más fácil detectar la Anorexia que la Bulimia, las consecuencias se reflejan de forma más patente en el exterior, sin embargo ambas pueden llegar a dañar nuestro organismo, lo que se denomina “daños colaterales”. Como todos sabemos, no es adelgazar y ya está, es dañar tu cuerpo por dentro, bien con purgas o con carencia de alimento. No hay un patrón, sin embargo hay rasgos de la enfermedad que se combinan. La mayoría tienen distorsionada la imagen de si mismas: aumentan un pequeño defecto corporal y polarizan el pensamiento- no hay nada entre” la bella y la bestia”. Es verdad que el canon de belleza que marca la sociedad afecta pero no más que la influencia de las amistades: las comparaciones son odiosas. Todo esto sin olvidar los trastornos de la alimentación son una enfermedad mental, fundamentada en creencias erróneas. Muchas personas consideran que su físico es la causa de todos los males y/o creen leer en el pensamiento de los demás consideraciones tan negativas como las suyas. Quizás esto último, lo que se llamaría “El espejo del estado del ánimo” – razonar según el estado de ánimo – pudiera ser el comienzo en muchas ocasiones.

Estas distorsiones son creencias que llevan a hábitos insanos durante años; hábitos que a veces pueden llegar a matar. Si la enfermedad aun no ha provocado “daños colaterales” podría tratarse mediante un buen psicólogo pero no siempre es así y muchas personas acaban ingresadas. ¿Y qué pasa con la familia? La familia en estos casos es un factor esencial en la recuperación, a la par que la más directamente afectada anímicamente. Es, en su mayoría, una enfermedad incomprensible, nadie entiende que alguien coma tan poco que esté todo el día mareada, que conviva con algo tan desagradable como los vómitos, que se tenga “mono” por no poder realizar purgas, que se llore durante horas por no entrar en un pantalón, que se cambie tanto de humor e incluso que tu hija se autolesione. Es difícil empatizar, pero sobre todo ayudar. Un padre tiene que ir al servicio SIEMPRE con el chico, quitar la báscula y espejos de la casa, vigilar el ejercicio físico que realiza, hacer que coma lo estipulado, que lleve el control diario de alimentos y sentimientos y, lo más difícil ,que deje de hacerse daño a si mismo. Y todo esto, la mayoría de las veces sintiéndose culpable: culpable de no haber educado, de haber favorecido tal comportamiento o de no haber podido pararlo antes. Asociaciones como ADANER o en Badajoz ADETAEX, guían y ayudan a esos progenitores, pero la mejor ayuda es ver que sus hijos están luchando.

Por último, solo expresar un deseo: que se les de a estas enfermedades una mayor importancia y se faciliten medios a familias y enfermos.  Esto se consigue de una forma, concienciando a la sociedad: estas enfermedades dejan en el camino numerosas víctimas, algunas mortales, otras muchas esclavas de sus conductas obsesivas-compulsivas.

Pd.- No importa cuantas batallas pierdas, si al final ganas la guerra.

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