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El final de ETA

“Matar a alguien, por desgracia, es fácil y puede suceder que ETA vuelva a matar, pero va siendo hora de asumir que hemos vencido, que hemos derrotado a ETA y que tarde o temprano, yo diría que temprano, ETA va a desaparecer.

Al gestionar esta victoria tenemos que tener presente que el objetivo último tiene que ser integrar en la vida política democrática a todos los ciudadanos de Euskadi, igual que integramos, en ocasiones anteriores, a defensores de otras posturas e ideologías poco democráticas. Que los terroristas paguen con sus crímenes, sí, pero que nadie más se vea lastrado por ellos. La legalización de un partido de la izquierda abertzale que rechaza la violencia y su participación en los procesos democráticos fortalece al Estado y a la democracia y resta argumentos tras lo que ampararse a los violentos.”

Esas lineas están escritas en este mismo blog el 15 de Marzo de este año. Me alegro de que por fin se hayan hecho realidad. Queda mucho camino, será difícil, muy difícil, pero hoy es un día feliz. Hoy es un día para celebrar que mañana amaneceros en un país sin la amenaza del terrorismo, un país más libre, un país mejor; mañana será el día de exigir a nuestros políticos sentido de Estado, de acompañar a las victimas en un trance que será duro para ellas, de exigir que la paz no sea el olvido pero que tampoco sea la venganza. Mañana será el día de empezar a trabajar en la paz definitiva.

Ojalá hubiese sucedido mucho antes.

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Estamos jodidos

Ayer, el gobierno, los principales sindicatos y las organizaciones empresariales llegaron a un acuerdo global que afecta a la reforma laboral, a la negociación colectiva y al sistema público de pensiones. Días atras, la Vicepresidenta y Ministra de Economia anunciaba la bancarización o estatalización de las Cajas de Ahorro. Antes, el Gobierno anunciaba la supresión del PRODI, la famosa ayuda de 426 a parados sin prestación y su posterior sustitución por ayudas de 350 euros sujetas a la realización de programas de formación. Unas semanas antes, el Gobierno anunciaba la privatización de la gestión de los aeropuertos y de una parte de las Loterias del Estado. Y todo esto después de aquel Mayo maldito que se llevó por delante al Zapatero que ganó las elecciones y que encumbró al Zapatero reformista del “cueste lo que cueste”.

Quizá tengan razón y no haya más opciones. Quizá estamos tan mal que cualquier sacrificio es poco para evitar nuestra caída a los abismos. Quizá no sean caprichos del capital y de sus acólitos y realmente todas estas medidas sean por nuestro bien. Quizá todos esos que se equivocaron y destruyeron su presente, nuestro presente y nuestro futuro, han visto definitivamente la luz, han releido los gráficos y hayan sido iluminados por la verdad. Quizá, ahora sí, vayamos por el buen camino. Sea por esto, porque esta es la única solución, o sea porque definitivamente los mercados han refundado a su antojo el Estado del Bienestar, estamos jodidos. ¡Parcelemos el Estado en cómodas porciones y vendamoselas al peor postor!

Estamos jodidos como ciudadanos, como “progresistas” (signifique esto lo que queramos que signifique) y como jóvenes. Estamos jodidos como ciudadanos porque nuestros representantes políticos y sindicales y el Estado no tienen apenas margen de maniobra. No voy a negar que tenemos parte de culpa en su misería. La política está plagada de personajes de dudosa capacidad, que legislan sin tener ni remoto conocimiento de la realidad que articulan, a los que nos empeñamos en votar año tras año, roben, estafen o se construyan mansiones con nuestro dinero. Esto último es especialmente grave. En el fondo, nos decimos, lo hacen por nuestro bien; o aún peor: nosotros también lo hacemos o lo haríamos si tuviésemos oportunidad. Por otra parte, nos hemos esforzado como ningún país para despojar a nuestros sindicatos de poder de negociación. Ellos tampoco se esfuerzan por lograr nuestro cariño, no seré yo quien los defienda, pero pensar que las huelgas, las protestas y la movilización son para idiotas es de nuestra propia cosecha. Lo del Estado es punto y aparte. Nos vanagloriamos de no pagar impuestos, de defraudar a Hacienda, mientras culpamos a Zapatero, ese liberticida, de todo porque desconocemos los principios más básicos del funcionamiento de nuestra democracia. Pensamos que implicarse es, con suerte, votar cada cuatro años y encima tenemos la mala suerte de que las elecciones caen siempre en domingo, justo el único día que tenemos para tocarnos los huevos, ir al campo, ver fútbol o pasar la resaca.

Estamos jodidos como “progresistas”, aunque dudo de que sea un encasillamiento válido. Estamos divididos, sin un discurso unificador y parecemos escasos de alternativas. Hemos dejado que se derrumbara el Estado del Bienestar que tanto nos había costado construir y encima parecemos los culpables. Es una sentencia ya vieja, pero cada día es más evidente que de la crisis del capitalismo salvaje solo va a salir fortalecido el capitalismo salvaje. ¿Dónde está la eliminación de los paraisos fiscales? ¿Dónde la refundación del capitalismo? ¿Dónde el impuesto a la gran Banca? ¿Dónde la economía social de mercado? ¿Dónde están las alternativas que se esperaban de nosotros? Siendo optimistas, hemos conseguido suavizar el golpe: no nos han roto las dos piernas, solo nos han partido la cara. ¡Viva nosotros!

Y estamos jodidos como jóvenes. No ya porque la reforma de las pensiones nos obligue a trabajar más para cobrar menos; lo verdaderamente difícil es trabajar. ¿Cómo cotizar durante 37 años si apenas podemos empalmar contratos temporales? Eso sí, los becarios de investigación pueden estar tranquilos: sumaran como máximo dos años de cotización por sus becas, aunque se pasen siendo becarios 6 u 8 años. ¡Así avanza la ciencia! ¡Que coticen ellos! Con un 43% de paro juvenil que Alemania ofrezca trabajo a nuestros titulados nos parece una gran noticia, aunque eso signifique regalarles el dinero que el Estado ha invertido en ellos. Nos parece también buena noticia que un grupo de violentos queme contenedores en la Puerta de Sol porque lo interpretamos como un altavoz del descontento juvenil. ¡Abajo el servicio de recogida de basuras! ¡Los contenedores de papel son instrumentos del capitalismo! Estamos jodidos porque hay muchos jóvenes sin formación, sin futuro y sin intereses y porque hay muchos jóvenes con formación y con intereses que son incapaces de movilizar o motivar a los otros jóvenes. Estamos jodidos porque los jóvenes no se sienten participes de los problemas de otros jóvenes, porque hay jóvenes que no piensan en que les sucederá dentro de 30 años o en lo que sucedió hace treinta años. Estamos jodidos porque muchos de nosotros nos quedaremos atrás, porque viviremos peor que nuestros padres y porque además tenemos que dar las gracias por todo ello. Estamos jodidos porque, nos guste o no, no tenemos forma de influir en nuestro destino ni en el de nuestro país. No seais ilusos ¿vais a manifestaros? ¿Y qué vais a pedir? ¿Dónde estabais en la última huelga? ¿Dónde en las últimas elecciones? ¿Dónde estais en las asambleas y en los partidos y en los sindicatos? Estamos en twitter, en Facebook, en blogs y redes sociales, pero los cambios aún se votan y se deciden en las calles y en el Parlamento.

Estamos jodidos, lo sabemos, no podemos hacer nada para cambiarlo ¿o sí?

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Incierto se presenta…

Llevamos consumidos unos cuantos días de 2011 y el año nuevo se parece horrorosamente al año anterior. Tiene. incluso, un cierto parecido con el ya lejano 2009.

La economía parece seguir ahogada como un viejo Ford Fiesta del 82. La inflación cerró 2010 convertida en una nueva variable a tener en cuenta: una inflación alta con una economía que crece anémicamente es un escenario peligroso. El paro parece que nos da un respiro: es difícil seguir despidiendo gente. El paro bajó en diciembre y los datos mensuales están siendo sensiblemente mejores en términos absolutos a los de años anteriores, pero el año que cerramos hace pocos días ha dejado más de 170.000 nuevos parados en las colas del INEM (y de sus sustitutos regionales) Este año tiene que ser el del cambio de ciclo: ojalá acabemos el año con menos parados que 2010. Las bolsa española perdió el año pasado un 17% de su valor y también el contacto con la realidad. Las principales empresas ganan más dinero pero valen menos, arrastradas por el miedo a la deuda soberana. ¿De verdad Italia o Bélgica están mejor que España? Ah, claro, los 4 millones de parados (y los mercados, y los especuladores, y Merkel y Sarkozy) Nos cuesta más ganarnos la confianza de los mercados, hagamos lo que hagamos, reformemos lo que reformemos. ¿Habrá huelga general si el Gobierno se lanza a la reforma de las pensiones? Pronóstico personal: no cuenten con ello. Siempre nos quedará China, nuevo vecino rico al que recibimos con alegría.

2011 es el año de los viejos rockeros. Vuelve Cascos, como Don Pelayo, y con el arrastra a sus más fieles seguidores. ¿Volverán otros? ¿Volverá Acebes? ¿Volverá Zaplana? ¿Volverá Arenas? Ah, no, este último, como Rajoy, no terminó de marcharse. Y tienen opciones de ganar: algunas Arenas, bastantes Rajoy. Los viejos rockeros nunca mueren, siempre guardan un último acorde en la guitarra.

Eso es más o menos lo que sucede con Rubalcaba, siempre al pie del cañón. Convertido en el delfín por hechos y declaraciones, nos falta conocer que piensa hacer Zapatero. ¿Sigue o no? Siendo importante esta decisión, también es importante su tempo. ¿Cuándo va a comunicar su decisión? ¿Antes o después de las autonómicas? Esta decisión marcará en buena medida el desarrollo de la próxima campaña electoral. Especial atención merecen Aragón (gobernará el PSOE en coalición) Andalucía (quizá sea esta la oportunidad de Arenas),  Castilla La Mancha (el PSOE puede perder) y en menor medida Extremadura (empate técnico según las últimas encuestas). ¿Se notará en Madrid el efecto Tomás Gómez? En el terreno municipal, Barcelona es la mayor plaza en juego.

La gran noticia del año puede ser el fin de ETA. A pesar de las grandes exclusivas, el comunicado que todos esperamos aún está en el aire. ETA agoniza y ellos lo saben. Siendo complicado, esta parte de la ecuación es la más fácil de resolver. Quedaría volver a admitir a la izquierda abertzale en el juego político. Si presentan un partido totalmente legal ¿buscaremos nuevas excusas para excluirles o aceptaremos que participen en la vida política aunque no nos guste? Si cumplen la ley ¿la cumpliremos nosotros?

Más preguntas que respuestas: otro año apasionante. La seguridad está sobrevalorada. ¡Viva la incertidumbre!

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España S2010E23-24 (Season finale)

En los últimos años, las series se han destapado como el ecosistema más propicio para las grandes historias. Aupadas a la categoría de fenómeno social gracias a la red, han desbancado al cine a la hora de narrar la realidad o de llevarnos más allá de ella. Las series nos hablan mejor, profundizan más, enganchan.

El año que termina ha sido muy importante para este mundillo y para sus seguidores. 2010 ha sido el punto y final de alguna de las grandes sagas (Lost), ha sido el año de la consagración de grandes series, el año del descubrimiento de nuevas joyas y el principio de otras que, si son respetadas por la audiencia, anticipan muchas horas de entretenimiento, grandes personajes y brillantes historias.

Este año también ha visto renacer una serie que teníamos casi olvidada: España, península de Europa. Para aquellos que no la hayan seguido hasta ahora, esta serie, una de las más longevas que se emiten en Europa, ha evolucionado temporada a temporada, por lo que resulta difícil encuadrarla en un solo género. Como sucedió con Lost, que se movió a lo largo de sus distintas temporadas entre la aventura, el misterio y la ciencia ficción, España empezó siendo una serie de época con tintes políticos, al estilo The Tudor. Intrigas palaciegas, dramas personales, escenas bélicas y aventuras de tintes caballerescos llenaron con gran éxito sus primeras temporadas gracias, en parte, a los completos personajes que protagonizaron aquellos episodios: el brillante papel de Isabel la Católica, el oscuro Carlos V, el complejo personaje de Felipe II; aderezados por algunos de los mejores secundarios de la época (papelones los del Conde-Duque de Olivares, Colón, Hernán Cortes, Fray Bartolomé…)

Tras unas primeras temporadas de mucho éxito, la serie perdió intensidad y se convirtió en el típico culebrón de sobremesa (¿A quién le interesaba todo aquel rollo de Isabel II y sus amoríos?) Se sucedieron temporadas de relleno que dejaron la serie al borde la cancelación (se rumoreó insistentemente su posible sustitución por Ein Reich, serie de gran éxito pero de corta vida, lastrada por los excesos narrativos de sus guionistas). La serie sobrevivió a duras penas gracias a momentos brillantes (aquel capitulo titulado “La Transición” es de lo mejorcito de la serie) que destacaban sobre el fondo gris de una serie sin pujanza pero que permitían mantener una esperanza sobre su futuro. Surgían buenos personajes pero estaban rodeados mayoritariamente por otros mediocres que apenas podían dar una replica decente.

Y en medio de la rutina, llegó la temporada 2010 y la serie dió un vuelco. Las líneas argumentales que ya apuntaba la temporada 2009 (conspiraciones, tramas económicas, la vuelta de la política a la primera línea, grandes escenas) han explotado en esta temporada que encara ya su recta final. ¿Las razones del éxito? Por una parte, las trama principal ha ganado en complejidad. Todo el rollo este de la crisis, la Unión Europea, Grecia; mantiene en tensión constante al espectador que no sabe que le deparará el próximo capítulo ¿una nueva quiebra? ¿un plan de recate? ¿saldrá todo bien o será el fin? Por otro lado, las subtramas han contribuido a lo largo de toda la temporada a mantener la tensión narrativa. Los guionistas han estado brillantes sacando de la chistera momentos tan inesperados como el que ocupa la primera parte de este season finale: La Crisis de los Controladores (esa escena con los aeropuerto a reventar es soberbia ¿Cuántos extras contrataron? ¿200.000? ¿600.000? Una pasada)

También la regeneración de los personajes han contribuido a la segunda juventud de esta serie. La recuperación de secundarios de lujo, como el taimado Rubalcaba (que ya había tenido cierto protagonismo en temporadas anteriores) o las apariciones esporádicas de Felipe González y Aznar, en sustitución de personajes ya amortizados por los guionistas, como Fernández de la Vega o Solbes, han dado consistencia a los guiones. Nuevas promesas, como Saez de Santamaria, González Pons o Leire Pajín, han apartado el foco de veteranos como Rajoy o Zapatero, que aunque siguen estando en el centro de la pista, aparecen menos en los últimos capítulos, contribuyendo a la regeneración de la serie. Y que decir del malo de la temporada: Los Mercados, el antagonista misterioso perfecto. Un papel que me recuerda mucho, por cierto, al de Cigarrete Smoking Man (aka El Fumador) de The X Files.

¿Qué podemos esperar de lo que resta de temporada? Podemos estar seguros de algo: los guionistas volverán a sorprendernos, aunque es difícil intuir donde “saltará la liebre”. No creo que el tema del doping, que colaron al terminar el último capítulo dé para mucho. Quizá un par de buenos diálogos al comenzar el capítulo final (ojo a González Pons), pero no mucho más. La economía, que ha sido el motor de esta temporada, puede ser la clave (¿Portugal? ¿Alguna Caja? ¿El temido rescate?); aunque no hay que descartar que los guionistas opten por algo totalmente inesperado. Algunas de las subtramas abiertas a lo largo de la temporada se cerraron en falso, y por ahí pueden ir los tiros. ¿Se acuerdan del capítulo en el que el Rey enferma? Pues está en el reparto de este seasonfinale. ¿La muerte de algún personaje hasta ahora central? Se rumorea que Zapatero deja la serie, pero parece ser que será el año que viene o el siguiente, aunque nunca se sabe, Rubalcaba da mucho aire a los guiones.

Sientense en sus sofas y disfruten del capítulo final de una de las grandes series de la temporada. Y si les gusta, no se olviden: España ha renovado una temporada más y no hay parón. España S2011E01 se emite en Enero y tiene muy buena pinta.

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Democracia, el Sahara, los mercados y otras mentiras

“¿Pero qué quiere Rajoy, que hagamos las leyes que quiere el Papa? De ninguna manera, haremos las leyes que quiere el Parlamento y los ciudadanos de este país”

Las palabras que encabezan esta entrada las pronunció el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, el pasado domingo en un mitin por tierras catalanas. Ya se sabe, llegan las elecciones, los ánimos se encienden y se trastoca la percepción de la realidad. Sobre el particular, es verdad que el Papa no tiene linea directa con el BOE, pero también es cierto que el Gobierno se esfuerza por no entorpecer sus relaciones con la Santa Sede. No es que seamos muy agresivos.

En otros aspectos, la afirmación de Zapatero acerca del origen de las leyes es más dudoso. ¿Son las leyes promulgadas por el Gobierno, o los actos de este, emanación directa de la voluntad popular? Repasemos un poco la actualidad.

En primer lugar, el Sahara. Sea por lo que sea, sentimiento de culpa, quijotesco apoyo al más debil, enemistad profunda con Rabat; la población española es mayoritariamente pro-saharaui. En el reciente conflicto, el Gobierno, aduciendo razones de Estado, ha preferido no mojarse en exceso, mostrarse equidistante y apostar por el diálogo en la ONU. ¿Es esa la postura respaldada mayoritariamente por el pueblo español? No soy experto, pero lo dudo.

Economía: ¿Apoya, el pueblo español, de forma mayoritaria, los planes del Gobierno? Sigo sin ser experto, acaso observador amater del mundillo económico, pero también lo dudo.

Otra mundo es averiguar si el Gobierno presidido por Zapatero tenía muchas más opciones. Todos sabemos que un programa político es un programa de “máximos ideales”. Esta desafortunada expresión de mi propia cosecha viene a decir que un programa de gobierno es aquello que en teoría nos gustaría hacer si viviesemos en el País de las Maravillas, todo fuese sobre ruedas y respetásemos al pie de la letra lo que nuestros seguidores esperan de nosotros. Evidentemente, la capacidad de maniobra del Gobierno, una vez ocupados sus despachos, es limitada. Limitada por la situación, por el presupuesto, por el contexto internacional, por los mercados, por Bruselas, por el Nasdaq, el Nikkei y la Bolsa de Londres; en definitiva, por la realidad. ¿Tenía el gobierno muchas opciones en la actual crisis económica? Las tenía, aunque no eran muchas (la primera de todas ellas era reaccionar más rapido en lugar de estar cruzados de brazos mirando musarañas) ¿Tiene el Gobierno muchas opciones en la crisis Sahara-Marruecos? Posiblemente tampoco tenga muchas. Nuestra capacidad de influencia en el norte de África es regular tirando a floja y en muchos aspectos los “intereses de estado” están del lado de Marruecos (inmigración, terrorismo, narcotráfico, Ceuta y Melilla) Seamos sinceros, no somos quienes para pedir o exigir un referendum en el Sahara, por mucho que lo prometiesemos hace 35 años ¿Quiere esto decir que la posición del Gobierno es la acertada? En absoluto. En primer lugar, no tener posición es peor que tener una mala. Que la Ministra estuviese al otro lado del Atlantico no es una gran noticia, que Moratinos viaje a Argelia en visita “semi-privada” habla bastante mal de la nueva titular de Exteriores. ¿Y la oposición? La feliz reconquista de Perejil no les convierte en doctores en la materia, pero me atrevería a decir que la posición de González Pons cambiará en cuanto ocupen los escaños azules.

Y volvemos al inicio. Si las decisiones del Gobierno no tienen nada que ver con los deseos de la ciudadania ¿tiene mucho sentido que mantengamos aquello de la soberanía popular? No me refiero a que tiremos la casa por la ventana y me nombreis Dictador (o Imperator dei gratia). Quiero decir ¿no va siendo hora de que le digamos al pueblo, a la masa ciudadana, que la democracia no es tan bonita como les vendemos cada cuatro años?

De todas formas, no soy experto, puedo estar equivocado.

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El cisma

Ha sucedido. Igual que se separaron las aguas del mar muerto, igual que la Iglesia anglicana rompió con Roma, igual que los continentes se separaron… se ha roto el PSM. Tomás Goméz, el hombre que dijo no a Zapatero según algunos, ha decidido no incluir a ningún miembro de la candidatura de Trinidad Jimenez en el Comité Electoral.

Este hecho, perfectamente legítimo, no es menos triste por esperado. No creo que nadie me pueda tachar de Trinitario y creo Tomás Gómez tiene todo el derecho del mundo a elegir a quien quiera para su Comité y es comprensible que elija a personas de su confianza, faltaba más. Otra cosa es que esto sea bueno, malo, regular, necesario, deseable o no. ¿Daña la imagen del Partido? Bueno, todos sabemos que los votantes por desgracia castigan más las divisiones internas que la corrupción. En este sentido, llegar a las elecciones repartiéndonos bofetadas no parece la mejor opción, aunque tampoco tiene porque ser un drama. Nadie parece haber hecho demasiada sangre con este tema. ¿Daña al Partido? Supongo que a los excluidos no les habrá hecho gracia, hasta aquí no creo aportar nada nuevo. Si pronunciarse a favor de unas de las opciones puede suponer quedarse fuera de los órganos del partido, muchos se lo pensarán antes de participar en las siguientes primarias. Esto no creo que sea bueno para eso que llamamos “democracia interna” y de la que tanto presumimos. No soy idiota, sé que eso de la “fiesta de la democracia” es una gilipollez, pero al menos podríamos manterner las formas. Unas primarias no son un Madrid-Barça, no son un combate a muerte en el Coliseo. ¿Es necesario perjudicar al partido lanzando acusaciones en público y en privado contra compañeros? ¿Es necesario que los ganadores se jacten de su victoria? Podemos mear encima del derrotado pero me parece feo.

Ya dije hace un tiempo que el PSOE debía evitar sumar nuevos errores a todos los cometidos en Madrid. A la vista está que no me lee mucha gente. Si el resultado de la “democracia interna” es la división del partido, la próxima vez el PSOE podía ahorrarsela.

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Rajoy, doble salto mortal en el sofá.

Ya sé que llego tarde, que todo el mundo ha hablado de esto y que a nadie le interesa. Y menos hoy, con los Estados Unidos votando a candidatos de todo pelaje. Pero oye, a pesar del trancazo que transporto, me apetece dedicar unas palabras a este particular. Me van a permitir que me cite a mi mismo. Esta fue mi reacción en Twitter a la entrevista a Mariano Rajoy que publicaba El País el pasado domingo:

“Antes suponíamos que no sabía de lo que hablaba, ahora sabemos que no tiene ni puta idea.”

Días después y leidos sesudos análisis al respecto, sigo pensado lo mismo: Rajoy no tiene ni puta idea. No creo que tenga un plan escondido, no creo que tenga una agenda oculta, simplemente creo que no sabe que va a suceder si su partido gana las elecciones en 2012. Sabemos que le gustan los planes de Cameron, igual que antes le gustaron los de Sarkozy, aunque no tiene muy claro cual es el plan de Cameron. Dice que genera confianza y con eso basta. Somos gente de fiar, gente seria. Un par de sonrisas a los mercados y todos tranquilos, somos el PP, nosotros sabemos cómo funciona el mundo ¿Subir impuestos? Al contrario, rebajarlos. ¿Recortar prestaciones? No, hombre. Tan solo priorizarlas. ¿Y los servicios públicos? Un poco de liberalización, pero no hay nada que temer. ¿El matrimonio homosexual? Mañana veremos. ¿Las pensiones? Ni tocarlas, que los jubilados votan en bloque. ¿La edad de jubilación? Eso al Pacto de Toledo, aunque no nos parece mal que otros hagan el trabajo sucio. ¿Despedir funcionarios? En su momento se verá, pero esto no es el Reino Unido. ¿Y esas medidas no afectaran al crecimiento? Nada de nada. Lo importante es que la gente confie en nosotros. ¿El Tour? Bien, gracias.

Sigo pensando que lo peligroso de Rajoy no son sus planes, es la ausencia de ellos. Tanto en la actualidad, dejandose llevar en los brazos de la crisis hasta la Moncloa, como en el futuro. Acusa a Zapatero de no tener un plan del que él mismo carece y que dudo esté elaborando. En el fondo, Rajoy confía en que la crisis esté dando sus últimos coletazos en 2012. Así podrá ganar las elecciones, nombrar a Montoro ministro de Economía y a Pujalte de Hacienda, impulsar tres o cuatro privatizaciones destinadas a sus amigos, conocidos y compañeros de pupitre, un par de medidas de apoyo a los empresarios, rebajas de las cotizaciones sociales, abaratamiento del despido, legalización de los látigos de siete puntas; y unos meses después colgarse las medallas de la recuperación económica. No sería la primera vez.

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